Revista divulgativa sobre cultura vasca

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El largo y difícil camino del euskara

In El libro blanco del euskera (extractos) on Agosto 30, 2009 at 6:41 am

Por Koldo Mitxelena

Se me han pedido, para encabezar esta obra colectiva, unas pocas páginas que fueran una especie de presentación de su objeto, que es, de una forma u otra, la lengua vasca. No se me ocultaba lo que la empresa tiene de peligroso, aparte de que pueda parecer innecesaria: no es fácil elegir con acierto los aspectos que pudieran ser apropiados para la ocasión, y menos aún tratarlos de manera que se evite la reiteración de cosas ya repetidas hasta la saciedad.

De aquí una cierta resistencia interior que se ha traducido en desgana y retrasos. Para vencerla, he acabado por figurarme que quienes han planeado el volumen se han dejado arrastrar de un cierto prurito de arquitecto que no se resigna a dejar, ya en la misma fachada, un nicho sin su imagen correspondiente, aunque su calidad no la recomiende. Si se intenta describir la lengua vasca, el euskara, no hay más remedio que recurrir una vez más a venerables lugares comunes. Se trata, en primer lugar, de una lengua pequeña, es decir, empleada en un pequeño territorio por un número no crecido de hablantes: ya lo era, según todos los indicios, desde el momento en que acertamos a descubrir sus primeros testimonios. Este territorio, por otra parte, ha ido reduciéndose, aunque con algunas alternativas, en el curso de la historia.

Diversidad del habla

“Cartes des Sept Provincies Basques montrat la délimitation actuelle de l’Euskara et sa division en dialectes, sous-dialectes et varietés” (1866, Louis Lucien Bonaparte)

Es también sabido que en los últimos siglos no ha habido una lengua única, sino que el área de habla vasca aparece dividida en zonas dialectales: para muchos, la imagen de ese territorio es la que se refleja en las dos versiones del mapa dialectal, reproducido o esquematizado en obras muy divulgadas. que hace algo más de un siglo preparó el príncipe Luis Luciano Bonaparte. Esta diversidad nada tiene de particular, ya que constituye la regla antes que la excepción en cualquier dominio lingüístico.

(Louis Lucian Bonaparte, 1813-1891)

Lo que sí hay que subrayar aquí es que no ha existido hasta nuestros mismos días una forma común de la lengua reservada para ciertos usos. O, por mejor decir, lo que no ha habido es una lengua común, aunque sí ha habido -y hasta acaso hayan sobrado- koiné de base en general regional, hecho que ahora se suele olvidar con demasiada facilidad, que han influido a menudo fuera de su propio territorio. Esto se manifiesta, ante todo, en la lengua escrita, ya que, como salta a la vista sólo a través del documento escrito podemos hacernos al menos una idea, siempre aproximada, de lo que podía ser la lengua hablada en tal o cual lugar y, casi hasta nuestros días, en éste o en aquel momento. Pero sin mayor temor de equivocarse se puede afirmar que algo parecido tenía que ocurrir por ejemplo, en la predicación o en ciertos géneros de literatura de base oral: refranes y sentencias, verso, narraciones tradicionales, etc.

Esta carencia no deja de tener relación, evidentemente, con el hecho de que la lengua vasca nunca haya sido oficial, excepto en el corto período comprendido dentro de los años 1936-37, en que fue empleada como tal por el Gobierno autónomo vasco. Pero, aun sin tomar en cuenta la brevedad del plazo, cae de su peso que las circunstancias no eran demasiado favorables para el establecimiento real de la cooficialidad, como no lo fueron tampoco, por ejemplo, para el funcionamiento normal de la Facultad de Medicina de Bilbao.

La diversidad lingüística tiene correspondencia precisa en la división político-administrativa del País Vasco, a la que se suman la eclesiástica y otras, hecho histórico constante, si se prescinde de lo que ocurría o podía ocurrir en los momentos de mayor expansión del reino de Navarra o en tiempos todavía anteriores. Pero del mismo modo que esta división nunca consiguió borrar por entero la conciencia -latente o patente- de una unidad superior, la diversidad dialectal tampoco ha llevado a dudar de la unidad de la lengua, manifiesta a todos los niveles: gramática, léxico, pronunciación.

No se ha arbitrado todavía, que yo sepa, una medida razonable de la diferenciación entre variedades de una misma continuidad lingüística, puesto que, como se sabe, la posibilidad de comprensión mutua entre hablantes de distintos dialectos está lejos de ser un criterio seguro. Por decirlo de la manera más breve posible. lo que parece ininteligible de buenas a primeras resulta a menudo perfectamente comprensible cuando el contacto se prolonga. Pero la dificultad, más que la incomprensibilidad, basta para que muchas veces -cosa que algunos se empeñan en ignorar- los hablantes recurran a otra lengua. unificada y normalizada que poseen en común.

Desde luego, para un comparatista, valga lo que valga este criterio, los dialectos vascos son, podría decirse, desesperantemente uniformes:

“El vasco común, el origen común de los dialectos actuales, no debía de ser muy diferente de lo que estos dialectos son en nuestros días”

Escribía Hans Vogt en 1955 y es dificil no estar de acuerdo con su afirmación. Ese vasco común o protovasco, sin embargo, es una construcción teórica que se justifica-o no se justifica- por su fuerza explicativa. Su base real puede estar no sólo en una antigüedad más o menos remota, sino también en fenómenos de convergencia, ya que, además de los arcaísmos conservados, son comunes a todo o a gran parte del territorio muchas innovaciones, sobre todo fonéticas, con diferencias tan sólo de detalle.

De cualquier manera, y esto es lo que conviene subrayar aquí, dentro del período histórico de la lengua, como ocurre siempre que se trata de desarrollos espontáneos y no dirigidos, las divergencias son cada vez menores, sin que por ello lleguen a anularse, a medida que remontamos el curso del tiempo. Hay que suponer que, en nuestro caso, las cosas ocurrieron del mismo modo que han ocurrido en otras partes: la diversidad dejó paso alguna vez a la unidad -y la unidad lingüística siempre se impone por razones esencialmente extralingüísticas-, para que después esta unidad, siempre relativa, fuera diversificándose cada vez mas.

Reportaje: Bernardo Atxaga, el autor

In Bernardo Atxaga on Julio 27, 2008 at 6:04 pm

Hoy es el cumpleaños de Bernardo Atxaga, es por ello que dedicaremos un extenso reportaje a este autor que ha roto moldes en la literatura en euskera:

Biografía

Nacido en Asteasu (Gipuzkoa) en 1951, su nombre real es Joseba Irazu Garmendia. Realiza sus primeros estudios en este pueblo y en Andoain, para terminar el bachillerato en San Sebastián. Para entonces ya había ganado sus primeros concursos literarios escolares.

Se licencia en Economía en Bilbao, conociendo en aquella época universitaria a algunos escritos en euskera, especialmente a Gabriel Aresti, poeta ya de gran fama. En 1977 toma la decisión de vivir de la escritura y deja elt rabajo que tenía en un banco. Del 77 al 80 es la época de la Pott banda,  que se dispersa en el 80, año en el que marcha a Barcelona a realizar sus estudios de filosofía.

En 1983 se vuelve a Euskadi y en el 88 publica la obra que lo lanza al estrellato y le merece tantos premios, Obabakoak. Desde 1995 viven en Zalduondo, cerca de Vitoria-Gasteiz.

Los cimientos de la literatura en euskera

In General on Enero 30, 2008 at 7:55 am

NEREA AZURMENDI

SAN SEBASTIÁN. DV. La reciente incorporación a los fondos de la Biblioteca Azkue de Euskaltzaindia de un ejemplar de la primera edición del Nuevo Testamento que el labortano Joanes Leizarraga (1527-1601) tradujo al euskera por encargo de la reina de Navarra, Juana de Albret, y se editó en La Rochelle (Francia) en 1571 ha contribuido a enriquecer el patrimonio bibliográfico vasco. Pese a todo, sigue siendo muy escaso en lo que respecta a vestigios de las obras que se editaron en el siglo XVI, el siglo en el que la imprenta moderna comenzó a extenderse por Europa.
Pruden Gartzia, responsable de la Biblioteca Azkue, cifra en ocho las obras escritas en euskera en el siglo XVI de las que haya quedado constancia -siete libros impresos y un manuscrito-, aunque de dos sólo quede la constancia, ya que o no se ha encontrado ningún ejemplar, o no se han conservado ejemplares de la primera edición. Y de los pocos que han perdurado, salvo del Nuevo Testamento de Leizarraga, sólo han llegado hasta nuestros días ejemplares únicos, un hecho que acrecienta la fragilidad de los cimientos documentados de la literatura en euskera.
Esa escasez de vestigios es, a juicio del responsable de la biblioteca de la Real Academia Vasca, «una de las peculiaridades de la literatura en euskera», pero no es una circunstancia excepcional: «El Cantar del Mio Cid también se conoce gracias a un manuscrito del siglo XIV, el único que se conserva. Si se hubiera perdido, la visión de la literatura medieval en castellano sería completamente diferente».
Por lo tanto, utilizar el criterio de la escasez para medir el alcance de las primeras expresiones escritas del euskera y extraer conclusiones al respecto es, cuando menos, un ejercicio aventurado. Hallazgos como el del manuscrito del noble alavés Juan Pérez de Lazarraga, escrito entre 1564 y 1567, del que no se tenía conocimiento hasta que fue encontrado por casualidad por Borja de Aguinagalde, responsable de Patrimonio Documental del Gobierno Vasco, en una tienda de libros antiguos de Madrid y aquirido en 2004 por la Diputación Foral de Gipuzkoa -el original se encuentra en la biblioteca Koldo Mitxelena- han conducido a replantear muchas cuestiones relacionadas con la literatura en euskera. «No se puede descartar que vayan a aparecer nuevos materiales», afirma Pruden Gartzia, buen conocedor del contenido de las 51 cuartillas que componen el manuscrito. Un texto -Bertso, kanta eta maitasun-kontuen bilduma- que contiene narraciones de tipo pastoril, poesías de tinte amoroso y algún poema religioso y que muestra, entre otras cosas, que no toda la literatura escrita en euskera en el siglo XVI tenía una función exclusivamente doctrinal y religiosa.
Los Nuevos Testamentos
Mientras no se realicen nuevos hallazgos, el catálogo de la primerísima literatura vasca seguirá siendo muy reducido, y continuará encabezado en cuanto a la antiguedad por el Linguae Vasconum Primitiae, escrito «per Dominum Bernardum Dechepare» y editado en Burdeos. Pese a que al igual que en el resto de los casos diversas ediciones facsímiles han permitido su divulgación y su conocimiento, el único ejemplar de la primera edición de 1545 -año fun- dacional de la literatura escrita en euskera mientras nuevos descubrimientos no demuestren lo contrario-, se encuentra en la Biblioteca Nacional de Francia.
En esa misma institución, que tiene sus orígenes en el siglo XIV y ha gestionado desde 1537 el depósito legal, por lo que ha podido ir incorporando a sus fondos todo lo que se ha publicado en Francia, se encuentran igualmente los dos únicos ejemplares de la primera edición de sendos trabajos de Joanes Leizarraga: el ABC edo Kristinoen Instruktionea, othoitz egiteko formarekin (concebido también como iniciación a la lectura) y Kalendrera, Bazko noiz daten, ilhargiberriaren eta letra dominicalaren eçagutzeko manerarekin. Ambos libritos, poco más que folletos, fueron impresos en La Rochelle -plaza fuerte calvinista- en 1571, con el mismo objetivo general que la traducción del Nuevo Testamento que se imprimió en la misma imprenta el mismo año: difundir el protestantismo que profesaban tanto Leizarraga como la patrona de la iniciativa, Juana de Albret.
Es precisamente la traducción del Nuevo Testamento, que contiene a su vez un catecismo y un libro de oraciones que también pudieron ser editados como obras independientes, el vestigio más sólido de la literatura en euskera del XVI. No sólo porque, a diferencia de los restantes, es un libro abundante en páginas, sino también por el número de ejemplares de la primera edición que se conocen y se conservan. Aunque no es fácil determinar dónde pueden encontrarse los 26 de los que hablaba el vascólogo francés del siglo XIX Julien Vinson, un buen número de los mismos pueden ubicarse con precisión. Uno de los ejemplares se conserva, por ejemplo, en el fondo Julio de Urquijo que la Diputación de Gipuzkoa adquirió en 1951. Se conservaba otro en la biblioteca de los padres benedictinos de Lazkao, pero fue trasladado a la abadía de Bellocq. «Antes de que yo me hiciera cargo de la biblioteca» matiza su actual responsable, Juan José Agirre, sugiriendo que en ese caso el traslado habría sido más complicado…
También tiene su correspondiente ejemplar la Biblioteca Nacional francesa.
Controvertido fue el modo en que, en 1995, llegó un ejemplar de la editio princeps de la traducción de Leizarraga a manos del Gobierno de Navarra. El hecho de que en la subasta que se celebró en la casa Christie’s de Londres en marzo de aquel año rivalizaran por el ejemplar la fundación Sancho el Sabio de Vitoria, respaldada por Caja Vital, y la Caja de Ahorros de Navarra, representada por un postor no identificado, elevó el precio del libro hasta los 33 millones de pesetas (cerca de 200.000 euros). Menos de 29.000 ha pagado Euskaltzaindia por un ejemplar que se encuentra en mejores condiciones que las inicialmente anunciadas: exactamente, las 20.000 libras que se establecieron como precio de partida en la subasta que tuvo lugar en Sotheby’s de Londres a finales de noviembre del pasado año, en la que nadie pujó por la obra. El académico José Luis Lizundia, quien afirma que carecen de información acerca de la procedencia del ejemplar adquirido por la Academia, subraya que todas las gestiones se han realizado con la máxima discreción, porque en estos casos el precio suele ser directamente proporcional al interés que se muestra…
Puede encontrarse también un ejemplar del Nuevo Testamento de Leizarraga entre los valiosísimos fondos bibliográficos que reunió Telesforo de Monzón. El libro, cuidadosamente custodiado en una caja fuerte según algunas de las pocas personas que han tenido acceso al mismo, pertenecía a la biblioteca del vascólogo francés Georges Lacombe (1879-1947), que Monzón adquirió a su muerte por un precio que algunas fuentes establecen en un kilo de oro.
En cuanto a la doctrina de Betolaza editada en 1596 en Bilbao, es el único libro impreso en el País Vasco peninsular. Aunque Resurrección María de Azkue ya la había localizado en París, finalmente fue el Parlamento Vasco quien adquirió, bajo la presidencia de Juan José Pujana, este curioso libro bilingüe en el que Betolaza, por encargo del Obispo de Calahorra, reduce «à lenguaje mas comun y mas vsado» las instrucciones para que «obejas de aquellas partes» sigan el recto camino de la Doctrina Christiana. Dentro de unas semanas, por cierto, la versión digitalizada de este documento estará disponible en internet, al igual que el resto de los fondos de la biblioteca del Parlamento Vasco.