Lunes, 03 de julio de 2006
desde que se supo que el equipo de Iruña-Veleia iba a dar a conocer el conjunto epigráfico, notamos en el ambiente algunas palabras, preguntas, comentarios y actitudes que nos hacían presentir el aleteo o la sombra de algún pájaro de mal agüero que acostumbra a aparecer en ocasiones como ésta. Suele ser difícil encontrar su nido, pero sí se sabe que vuela con la ayuda del viento dominante.
Asistimos ilusionados, emocionados y expectantes al acto de presentación de una mínima parte del conjunto epigráfico de Iruña-Veleia. Eliseo Gil, con su habitual sencillez y eficacia, como buen comunicador que es, lo iba poniendo ante nuestros asombrados ojos explicando su contenido con datos técnicos sobre las circunstancias de los hallazgos.
Tenía sentada a mi lado a Idoia Filloy y de vez en cuando me distraía y hacia rápidas incursiones por mis recuerdos. Me venían imágenes de los comienzos de la andadura por el mundo de lo arqueológico de Idoia y Eliseo; interesados por todo, estudiando, colaborando, ayudando, trabajando con eficacia y seriedad, preguntando y analizando con meticulosidad lo que caía en sus manos. Se decantaron por lo romano y vinieron sus excavaciones, sus prospecciones, sus publicaciones…
Terminó la presentación. Se dio paso a la contemplación, la mirada cercana, la admiración, la observación del detalle de algunas de las piezas del tesoro, magníficamente fotografiadas por los Quintas, las felicitaciones, los corrillos y… volvimos a captar los aleteos del pájaro.
Cuando iba hacia mi casa, disfrutando con los recuerdos de lo vivido, me vino a la memoria una de mis últimas colaboraciones con Idoia y Eliseo. Fue la realización de un póster, por encargo de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, para recordar la primera excavación arqueológica de un yacimiento romano, la villa de Cabriana, en Comunión, realizada a fines del siglo XVIII por Diego Lorenzo Prestamero. Este presbítero ilustrado, nacido en Peñacerrada y amigo de número de la Bascongada, pudo realizar esta excavación en 1794, gracias a la colaboración de varios amigos de la Bascongada, incluido el Marqués de Montehermoso, y sobre todo a su apoyo económico.
Hoy, 240 años después y desde otro yacimiento, el de Iruña-Veleia (del que también se ocupó Prestamero), asistimos asombrados a importantes descubrimientos. Como actual secretario de la Junta de la Comisión de Álava de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País y arqueólogo, y ya que hoy no tenemos capacidad para aportar fondos, como se hizo en el siglo XVIII con Cabriana, tenemos que aceptar el compromiso de apoyarlo con lo que sí está a nuestro alcance: la palabra, la amistad y el reconocimiento.
Desde que se empezó a rumorear que algo sensacional se había descubierto en Iruña-Veleia hasta hoy se han vertido ríos de tinta y se han pronunciado cascadas de palabras sobre ellos ¡y eso que esto no ha hecho nada más que empezar! Uno de los temas más tratados ha sido el de la credibilidad y es en este aspecto en el que quiero tomar partido para cumplir, aunque sea mínimamente, con el compromiso de apoyo.
Como ciudadano, el hallazgo me plantea dudas, pero son subjetivas y debidas a que me faltan datos y conocimientos para poder pasar de la sorpresa y la admiración a la correcta interpretación. Por eso precisamente confío en lo que van contando los arqueólogos y especialistas que están trabajando en ello. Porque como arqueólogo nadie me tiene que contar nada sobre el tema de su autenticidad.
La calidad de una excavación depende del equipo que la realiza, método aplicado, medios utilizados y de la misma naturaleza del yacimiento. La experiencia, la formación y la calidad humana del equipo han sido demostradas en todas y en cuantas actuaciones han intervenido antes de ahora, y en este momento son los resultados visibles de lo trabajado en Iruña lo que les infiere un alto grado de fiabilidad.
El método elegido está claro que es bueno, ya que les está permitiendo descubrir y contextualizar evidencias que en otros yacimientos y en excavaciones anteriores han pasado desapercibidas. También la adopción del sistema de excavación de forma continuada favorece la calidad de los resultados.
Los medios que están utilizando, la participación de equipos interdisciplinares, la realización de una amplia gama de análisis complementarios, el procesamientoin situ de algunas tareas necesarias para el estudio de los materiales, etc., aseguran la calidad de los resultados y de las interpretaciones.
Sobre la naturaleza del yacimiento y, como creo que ya se ha dicho, el de Iruña-Veleia, tiene la ventaja de que no ha tenido encima procesos de construcción y poblamientos intensivos. Además se dejó de cultivar cuando el arado apenas profundizaba unos 30 centímetros.
Mi postura de reconocimiento pleno de la autenticidad del descubrimiento, fruto de un trabajo bien hecho, se apoya además en el tiempo transcurrido desde su aparición hasta la presentación oficial. Es lo que ha permitido hasta ahora una amplia reflexión y estudio.
Por otra parte, el sentido común me dice que, descartada la falsificación en alguna época más o menos cercana a la que fue utilizada la ciudad, no es posible pensar que el equipo de Iruña-Veleia y todos cuantos han intervenido en los procesos de su estudio y análisis hayan sido engañados y mucho menos considerar, bajo ningún concepto, que han sido ellos mismos los que han generado el engaño. Esta última posibilidad es la que parece que se desprende de algunos de los comentarios oídos. Es lo que decíamos del aleteo o la sombra del pájaro del recelo, la duda mal intencionada, la suspicacia o la desconfianza.
La comparación de este hallazgo con Zubialde es una clara demostración de la intencionalidad de quienes la utilizan. Lo de Zubialde se hizo con “oscuridad y alevosía” y lo de Iruña-Veleia con “luz y taquígrafos”. Hay muchos más detalles que no permiten la comparación, no voy a insistir, pero es curioso observar que por ahora no se han dado más argumento de valor para sustentar la sospecha de falsificación que la magnitud, novedad y calidad de los hallazgos.
Nunca hemos tenido tanta información sobre la forma de vivir de un grupo de gentes, perfectamente localizados en el tiempo y en el espacio, de sus creencias, arte, cultura, lenguaje, relaciones familiares, métodos de formación, organización social, economía, ciencia, actividades laborales, formas de vestir, tocados, usos y costumbres… o sea la vida toda, la historia real. Si además de este inconmensurable valor los ostrakas de Iruña-Veleia nos hablan de unos gustos estéticos, una manera de interpretar el arte, unas formas de escribir, y nos ofrecen datos para la solución de grandes cuestiones de orden más general, más universales, no tenemos palabras para valorar su importancia.
Presiento que no estamos ante un punto final sino en el principio de una etapa de esplendor en el campo de las investigaciones arqueológicas de la época de la Romanización que ya tiene un antes y un después. Vuestro trabajo bien merece además de nuestro reconocimiento, la paciencia, confianza y discreción necesaria para que la investigación continúe por la senda del éxito ya iniciada. En ese camino podéis contar con el apoyo de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País.