Domingo, 08 de octubre de 2006
Rubén Cerdán, físico nuclear en el yacimiento romano de iruña veleia
vitoria. El pasado mes de junio, los hallazgos en el yacimiento de Iruña Veleia alborotaron Álava y la Historia. La aparición de grafitos de alrededor del siglo III después de Cristo, con inscripciones únicas, no sólo reflejaron las costumbres de la época en un asentamiento romano, sino que además relataron sus escrituras sobre el cristianismo y el euskera. Más de uno dudó de la autenticidad de un descubrimiento tan afortunado, revolucionario y singular. El protocolo de pruebas demuestra ahora, según explica el físico nuclear Rubén Cerdán, que las sospechas deben caer por su propio peso. Una vez que los arqueólogos desenterraron las piezas de cerámica, comenzó su proceso de autentificación. El Carbono 14 se ocupa de la datación pero ¿quién asegura que las inscripciones no se han realizado a posteriori? El trabajo de Cerdán responde a esta pregunta tan suspicaz. Porque “nadie engaña las Leyes de la Física”.
¿Cuál ha sido su labor al autentificar las cerámicas?
El Carbono 14 hace su labor a la hora de datar las piezas, y ahí no cabe discusión. Sin embargo, estas cerámicas tenían unas incisiones, y la pregunta que se plantearon en Iruña Veleia era si había algún método para descartar que alguien hubiera efectuado esas marcas. Y ahí es donde empieza mi labor.
¿En qué ha consistido?
Hemos aplicado unas técnicas de física nuclear, en inglés denominadas PIXE (una espectroscopia de Rayos X inducida por partículas). En concreto, se trata de un cañón que en este caso aceleró protones para estamparlos contra la pieza a analizar. Así se excitan los átomos de la cerámica, para emitir una luz que no es visible al ojo. Pero esa cantidad e intensidad de luz varía en función de que esté hecha.
Pero, ¿a dónde llega este proceso tan complejo?
Lo importante de este análisis es que, tanto dentro como fuera de la incisión, haya la misma capa de contaminación. Ahora mismo, en este lugar caen y se acumulan sobre nosotros partículas del aire. Si alguien viniese después, tendría menos cantidad de esas partículas que nosotros. Este esquema sencillo es el mismo que rige este cálculo de las capas de contaminación. Si esta pátina fuese diferente tendríamos un problema.
¿Ésta es una práctica habitual?
Es la primera vez que se aplica a algo así, porque se trata de un sistema tan complejo como caro y, en realidad, no era necesaria.
¿Qué quiere decir?
En las pirámides de Egipto aparecen los jeroglíficos y nadie se cuestiona que los hubiera hecho el excavador. Porque ese hallazgo se produce en un contexto específico -en Veleia, de hecho, los arqueólogos se refirieron a la ‘Domus’ en la que se encontraron las piezas como una “cápsula del tiempo”, ya que un incendio en la casa derrumbó el techo sobre ellas y así facilitó su conservación-. En mi opinión, incluso es un exceso de celo.
Sin embargo, en este caso el interés no radicaba tanto en estas tablillas, que también, como en los preciados grafitos que se habían realizado sobre ellas.
Por ello, también decidimos hacer una pieza de control. Cogimos una cerámica en la que no había nada escrito e hicimos una inscripción. De esta forma, el método que hemos aplicado concluye que, en esta pieza, encuentra elementos modernos, como molibdeno, níquel y vanadio. Algo que, traducido al lenguaje normal, quiere decir que alguien ha empleado un cuchillo o una llave de un coche… Pero, aunque se hubiese realizado ese surco con otro trozo de cerámica antigua, la capa de contaminación no sería igual.
Tras estas pruebas, ¿cualquier experto tendrá que aceptar la autenticidad de las piezas?
Son pruebas científicas y, por tanto, deben ser repetibles y estar perfectamente ilustradas. Se ha seguido un protocolo para que cualquier laboratorio pueda repetir la analítica. Con estas pruebas, queda meridianamente claro que las incisiones no son de ayer, por así decirlo.
En este sistema, cada detalle parece un mundo, así que ¿cómo pudo manipular las piezas sin miedo a dañarlas o a interferir en los resultados?
De hecho, esta técnica se presentaba como la adecuada porque no es destructiva. Las piezas se meten en un pequeño reactor nuclear -el mismo cañón que antes ha mencionado- durante apenas ocho minutos y, tras dos semanas en reposo, se pueden tocar las veces que quieres. Después llegó el momento de estudiar los espectros, que puede llevar en torno a un mes.
Cuanto menos resulta llamativo que unas piezas tan valiosas se hayan radioactivado…
A la gente le puede asustar, pero si van al hospital de Txagorritxu también se encontrarán con el Departamento de Medicina Nuclear, o se podrán someter a una resonancia magnética nuclear, que es su nombre completo. Incluso los detectores de humo, tan habituales, se sirven de esta física al interrogar a la atmósfera si hay humo o no.
¿Física nuclear y arqueología están bien avenidas?
Hay ramas muy en boga, que se han convertido en el matrimonio feliz entre ciencias y letras, como la arqueología molecular, que por ejemplo permite saber si un hueso pertenece a un chico o a una chica… Pero, sobre todo, los ciudadanos conocen el Carbono 14, que es física nuclear aplicada a datar. Y es que el arqueólogo moderno ahora necesita apoyarse en este tipo de técnicas analíticas, que son el contrapunto a sus hipótesis de trabajo.