Revista divulgativa sobre cultura vasca

Los nombres en euskera, separatistas (1938)

In El libro negro del euskera on julio 28, 2010 at 7:20 am

Debe señalarse también como origen de anomalías registrales la morbosa exacerbación de algunas provincias del sentimiento regionalista, que llevó a determinados registros buen número de nombres, que no solamente están expresados en idioma distinto al oficial castellano, sino que entrañan una significación contraria a la unidad de la patria.

Tal ocurre en las Vascongadas, por ejemplo, con los nombres de Iñaki, Kepa, Koldobika y otros que denuncian indiscutible significación separatista; debiendo consignarse, no obstante, que hay nombres que sólo en vascuence o en catalán o en otra lengua tienen expresión genuina y adecuada, como Aránzazu, Iciar, Monserrat, Begoña, etc. y que puede y deben admitirse como nombres netamente españoles, y en nada reñidos con el amor a la Patria única que es España.

La España de Franco no puede tolerar agresiones contra la unidad de su idioma ni la intromisión de nombres que pugnan con su nueva constitución política y con la doctrina del artículo 34 del mencionado Reglamento. Es preciso, por lo tanto volver al sentido tradicional en la imposición de nombres a los recién nacidos con oportunas variantes (…)

En su virtud dispongo:

Art 1º: “…En todo caso, tratándose de españoles, los nombres deberían consignarse en castellano”

Orden del Ministerio de Justicia, 18 de mayo de 1938

Nombres vascos: estupidez separatista (1938) (III)

In El libro negro del euskera on julio 25, 2010 at 6:18 am

No suele ser demostración de demasiado respeto el nombrar a las gentes con deformaciones semejantes pero el uso lo ha hecho, en ciertos casos, tolerable, sobre todo cuando existe una gran familiaridad, pero aún siendo así, no tengo noticia de que jamás un gitano se acercase a sitio alguno con la pretensión de que uno de sus retoños se le llamara Curro o Perico y puede afirmarse que si tal cosa hubiera ocurrido lo motivaría únicamente la ignorancia, por lo que el sacerdote velando por la devoción que se debe a los Santos y por el respeto que todos estamos obligados a tributarles hubiera convencido al gitano de la necesidad de que su hijo se llamara Francisco o Pedro aunque en la intimidad del hogar le llamaran como tuvieran por conveniente.

En el País Vascongado no sucedió así. Aquí se toleró, posiblemente en algunos casos con verdadera complacencia el que a los nuevo catecúmenos se les pusieran motes en lugar de nombres y el Peru y el Pachi, y el Chomin, y el Andima no constituyen excepciones aisladas. Puede decirse que eran casi frecuentes en Vizcaya y decimos que eran u no son porque es seguro que todos éstos alevines de víboras andan ahora dispersos por la otra vertiente del Pirineo y probablemente haciendo prsélitos entre los vascongados del sudoeste francés, lo que dudo mucho que llegue un día en que tenga que agradecérselo Francia.

(…)

Luis Antonio de Vega“Cuando Marichu sea Mariachu”Domingo, 24 de abril de 1938.

Nombres vascos: estupidez separatista (1938) (II)

In El libro negro del euskera on julio 24, 2010 at 7:24 am

(…)

Las mascaradas de los nombres propios alcanzó unos límites de risa difícil de difícil superación, y había señores que decían muy seriamente llamarse Joseba !Y hasta Andoni! sin que por mi parte tenga el menor interés de averiguar a qué nombres propios puedan corresponder tan jocosas denominaciones.

Cuesta no poco trabajo admitir el que en los Registro Civiles y en las Partidas Bautismales de los Juzgados y otras oficinas de España, se tolerara a las gentes que designasen a sus hijos con nombres que eran una abierta provocación a la hispanidad, con nombres que rezumaban odio en cada una de sus letras, aunque estas no fuesen ni TX, ni la TZ, ni la R o la G con tilde, pero es todavía más difícil -casi imposible- imaginar que los más obligados a guardar a los Santos  todos los respetos no enrojecieran cuando firmaban un acta bautismal en la que un cristiano se le denominaba sencilla y escuetamente con un apodo.

En eso, como en otras tantas manifestaciones de estupidez individual y colectiva, nadie ha podido superar a los separartistas vascongados. Parece ser que en la nomenclatura familiar aldana como a los Franciscos, en otros lugares, les llaman Pacos o Curros, en el país -o en los caseríos del País probablemente- se les denominaba Pachi o Patxi si no produce excesivo asco esta última y mema calificación; a los señores que se llaman Domingo, Chomin y a los Pedro Peru o algo por el estilo.

(…)

Luis Antonio de Vega“Cuando Marichu sea Mariachu”Domingo, 24 de abril de 1938.

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