La prehistoria en Vasconia
María José Iriarte
Paleolítico Inferior
Cronología
350.000 B. P./100.000 B. P.
Tipo humano
En el Paleolítico Inferior, los seres humanos que vivían en nuestro entorno eran del tipo anterior al Neanderthal (pre-neanderthal). A través de los tiempos, debido a sucesivos cambios historiográficos, este Tipo humano ha recibido diferentes denominaciones: Homo erectus, H. anteneanderthalensis, H. ergaster, H. heidelbergensis y H. antecessor . Esa última denominación es la que se ha propuesto para el Tipo humano hallado en la cueva de la Sima de los Huesos, en Atapuerca. Comparado con nosotros, no hay grandes diferencias; quizás era algo más alto y más fuerte. El famoso húmero de Lezetxiki podría ser de esta época, y tiene un gran parecido con el hallado en la Sima de los Huesos en Atapuerca (éste podría tener una antigüedad de unos 325. 000-340. 000 años).
Vestimenta
La materia prima básica eran las pieles (procedentes de animales cazados), pero también utilizaban fibras vegetales (hierbas, pajas, cortezas de árboles, ramas). No cosían los vestidos, y aún no había botones; por tanto, sujetaban los diferentes trozos mediante nudos. No hay vestigios de calzado; quizás porque tampoco lo utilizaban.
Asentamientos
En general, eran campamentos provisionales construidos al aire libre. Dichos asentamientos solían estar cerca de los ríos; en ocasiones, sobre las terrazas de éstos. El campamento se componía de sencillas cabañas: construían la estructura con ramas, y le colocaban una cubierta de piel. En torno a un fuego central solía haber no más de tres o cuatro cabañas, ya que los grupos humanos se componían todavía de 5-7 individuos. Utilizaban algunas cuevas, pero el único ejemplo que se conoce de Vasconia es Lezetxiki.
Yacimientos más importantes
Higer 2, Irikaitz, Lezetxiki.
Manzanos, Urrunaga, Aitzabal, Murua.
Gazolaz, Iruña, Urbasa, Eztuñiga, Ilunberri, Lizarra.
Ríos Aturri y Nibe, Donibane Lohizune, Baiona, Bidaxune.
Lezetxiki (Arrasate) : El yacimiento de esta cueva es muy importante, sobre todo porque en ella se encontraron, en el nivel VIII, los huesos humanos más antiguos hallados en Vasconia . Ha sido excavada por J. M. Barandiaran (1956-1968) y A. Arrizabalaga (1996->).
Irikaitz (Zestoa) : Es un campamento al aire libre, estratigrafiado, característica de la que procede principalmente su importancia. Excavado bajo la dirección de A. Arrizabalaga (1998-).
Urrunaga (Legutiano): En las terrazas que rodean al embalse de Urrunaga están recuperando herramientas de piedra, seguramente del período Achelense Final. A. Sáenz de Buruaga, J. Fernández Eraso y T. Urigoitia han informado por escrito de esos restos.
Iruñaldea : En las terrazas del río Arga, en los alrededores de la capital de Navarra, J. García Gazolaz ha recogido y dado a conocer numerosos útiles de piedra. Cronológicamente, seguramente deberíamos situar dichos restos en el período Achelense Medio.
Climatología
En este amplio período de tiempo, se vivieron todo tipo de situaciones climáticas, frías y cálidas (algunas, más cálidas que las actuales). El hecho de que los yacimientos que conocemos sean campamentos al aire libre, seguramente, tiene mucho que ver con el estado de conservación de los yacimientos, aunque no implique que en períodos fríos no se ocuparan las cuevas.
Fauna y flora
En los períodos fríos, vivían en nuestro entorno animales como el mamut, el rinoceronte peludo, liebre de las nieves y el glotón. Los árboles eran escasos, principalmente especies coníferas (pino y abeto). El paisaje predominante era la tundra, o la estepa fría, revestida de hierba alta y amarilla. En los períodos cálidos, vivían las especies animales y vegetales originales que conocemos hoy en día. En lo que se refiere al paisaje vegetal, hemos de destacar la expansión del bosque caducifolio (avellano, abeto, encina, abedul, aliso -en las orillas de los ríos-), junto con las praderas correspondientes. En cuanto a los animales, el ciervo, el corzo, el caballo, el jabalí y la mayoría de los félidos (hiena, lince, gato montés, etc. ) son las especies representativas del clima cálido.
Economía
Entre estos grupos, aún se daba prioridad al aprovisionamiento de productos vegetales (frutas, raíces, cortezas, hojas). Según se puede deducir de los restos dentales, su alimentación consistía principalmente en productos vegetales. La carne que comían procedía de animales pequeños que cazaban (liebres, conejos, kaskarines y, quizás, algunos pájaros y peces). Eran carroñeros y, por lo que sabemos, no eran muy diestros cazando.
Desarrollo técnico
Los primeros seres humanos conocidos de Vasconia dominaban la técnica del fuego. Seguramente, para hacer fuego, el ser humano se servía de la chispa resultante al hacer chocar el pedernal con la pirita (u otros minerales férricos). Por otra parte, la mayoría de los útiles (lanzas, porras) de esta época eran de madera. Cogían una rama, la afilaban con una lasca de piedra, y ponían la punta al fuego para afilarla. También podrían afilar algunos huesos, pero en Vasconia no conocemos ningún ejemplo de esto. El utillaje lítico es también muy arcaico, ya que hacían herramientas muy grandes, con un acabado muy pobre; obtenían principalmente bifaces y raederas. Utilizaban todo tipo de materias primas líticas (pedernal, arenisca, cuarzo o cuarcita, pizarra, caliza, etc. ), pero el principal factor que tenían en cuenta era la disponibilidad; es decir, utilizaban lo que tenían más a mano.
Comportamiento simbólico
No tenemos ningún conocimiento acerca del comportamiento simbólico en esta época, pero cabe la posibilidad de que los restos recogidos en el yacimiento de Atapuerca (Burgos) nos puedan aportar abundante información en el futuro. En ese sentido, hemos de recordar que, en muchas ocasiones, el apilamiento de cuerpos humanos que se da en la Sima de los Huesos se ha relacionado con ritos de enterramiento, a pesar de ser ése un tema muy complejo.
Paleolítico Medio
Cronología
100. 000 B. P./35.000 B. P.
Tipo humano
El tipo principal de esta época fue el Homo sapiens neanderthalensis u Hombre de Neanderthal. Aún no se sabe con certeza de dónde evolucionó este Tipo humano ni por qué fue sustituido por el semejante al nuestro en la transición entre el Paleolítico Medio y el Superior.
Vestimenta
Utilizaban fibras vegetales (hierbas, paja, cortezas, hojas), pero la materia prima básica para las prendas de vestir eran las pieles; las prendas no tenían costuras ni botones, y sujetaban los diferentes trozos por medio de nudos. No podemos decir gran cosa acerca del calzado; quizás no lo utilizaban todavía. En comparación con el período anterior, como la actividad cazadora se había incrementado y el comportamiento humano se había vuelto más complejo, utilizaban con mayor profusión tendones y pelo de animales.
Asentamientos
Los asentamientos de estos grupos eran principalmente campamentos provisionales construidos al aire libre, cerca de ríos y, en ocasiones, sobre las terrazas de éstos. En otras muchas ocasiones, eran simples refugios acondicionados en abrigos rocosos o cuevas. Éstos constaban de una estructura de ramas cubierta de pieles. No hay motivos para pensar que pudiera haber más de tres o cuatro cabañas en cada campamento, en cuyo centro colocaban un fuego. Los grupos podrían ser un poco más grandes que los de la era anterior; por regla general, de entre 8 y 10 individuos.
Yacimientos más importantes
Lezetxiki, Amalda.
Arrillor, Murba.
Axlor, Kurtzia.
Koskobilo, Ipar Mugarduia.
Olha, Isturitz.
Arrillor (Murua) : Cueva excavada por A. Saénz de Buruaga entre 1989 y 1995. Tiene una estratigrafía muy sólida (seis metros y 21 niveles, la mayoría de los cuales contienen restos arqueológicos).
Axlor (Dima) : No muy lejos de Arrillor, ya que ambas cuevas se encuentran en las inmediaciones del monte Gorbeia. J. M. Barandiaran fue el primero en excavarla (1969-1974), y, en los últimos tiempos (del año 2000 en adelante), J. E. González y J. J. Ibáñez dirigen la necesaria excavación de dicho lugar. Es un lugar bastante rico desde el punto de vista arquelógico.
Olha (Kanbo) : E. Passemarde dirigió las campañas de excavación de Olha, en los años 20. Olha no es una cueva propiamente dicha, sino un largo abrigo rocoso.
Amalda (Zestoa) : Excavada entre 1979 y 1984 bajo la dirección de J. Altuna. En uno de los niveles arqueológicos de esta cueva -concretamente en el nivel VII-, se encontró un importante asentamiento del período Musteriense.
Climatología
En este amplio período de tiempo, se vivieron todo tipo de situaciones climáticas, frías y cálidas (algunas, más cálidas que las actuales).
Fauna y flora
En períodos cálidos, podían encontrarse, entre otros, cérvidos, jabalís y uros. Los bosques eran caducifolios -avellano, roble, castaño, etc. – y el paisaje estaba compuesto por altas praderas verdes. En períodos fríos, la situación era muy similar a la descrita para el Paleolítico Inferior. Los animales que vivían en nuestro entorno eran el mamut y la liebre de las nieves. Los árboles escaseaban y pertenecían en su mayoría a especies coníferas. El paisaje era similar a lo que hoy en día conocemos como tundra o estepa fría.
Economía
El ser humano era depredador, pero oportunista y sin especializar. Cazaban y recolectaban lo que tenían a mano (en caso necesario, quizás también carroña). El caballo, el ciervo, el corzo, el bisonte y el uro eran las especies más cazadas. El sistema de explotación no era nada equilibrado, y, en consecuencia, seguramente, pasarían bastante hambre durante los meses de invierno.
Desarrollo técnico
La tecnología estaba centrada todavía solamente en utensilios de piedra (los útiles que aparecen con mayor frecuencia son puntas, raederas y muelas). Se desarrolló una nueva técnica para tallar la piedra: la técnica Levallois, con la que hacían lascas pensadas de antemano. Aún no habían inventado utensilios de hueso; en cambio ya habían empezado a utilizar los de madera.
Comportamiento simbólico
Aunque no sea en Vasconia, ya conocemos algunos enterramientos llevados a cabo por el tipo Neanderthal que, por otra parte, no son más que los primeros ritos. Todavía no hay verdadero arte.
Paleolítico Superior
Cronología
Aproximadamente, 35.000 B. P./10.000 B. P.
Tipo humano
A partir de este momento podemos encontrar un Tipo humano similar al nuestro: el Homo sapiens sapiens u Hombre de Cro-Magnon (nosotros también somos Cro-Magnon).
Vestimenta
Utilizaban todo tipo de fibras vegetales (hierbas, paja, cortezas, hojas). De todos modos, la materia prima básica seguirían siendo las pieles. Las vestimentas eran con costuras (la aguja de coser se inventó en el período Solutrense) y, si se quería, con botones sencillos. Poco puede decirse acerca del calzado, pero, seguramente, utilizarían algo parecido a las abarcas.
Asentamientos
Se instalaban al aire libre o en abrigos rocosos (menos), y, sobre todo, elegían cuevas bastante cerradas: utilizaban la entrada para trabajar; espacios más interiores para dormir; y, para las expresiones de arte rupestre, se adentraban todavía más. Los grupos se componían de 15-20 individuos.
Yacimientos más importantes
Labeko Koba, Ekain, Urtiaga, Ermittia, Erralla, Amalda, Aitzbitarte.
Polvorin, Santimamiñe, Antoliñako Koba, Bolinkoba, Arenatza, Lumentxa.
Abauntz, Berroberria, Hego Mugarduia, Koskobilo, Legintxiki.
Le Basté, Lezia, Isturitz, Gatzarria.
Isturitz (Donamartiri, Baja Navarra) : Es, sin duda, el yacimiento arqueológico más importante de Vasconia. Ha sido excavado en varias fases y por diversos investigadores, principalmente en la primera mitad del siglo XX. Aunque hay niveles de todos los períodos, son especialmente importantes los correspondientes a los períodos Gravetiense y Magdaleniense.
Gatzarria (Zühara, Zuberoa) : Este yacimiento fue excavado principalmente por G. Laplace en los años 50, y cuenta con un primer nivel muy rico correspondiente al Paleolítico Superior (períodos Chatelperroniense, Protoauriñaciense, Auriñaciense y Gravetiense).
Koskobilo (Olazti, Navarra) : Yacimiento destruido en los años 40 debido a la actividad de la cantera de Olazti. Especialmente interesante a la vista del material recuperado.
Bolinkoba (Abadiño, Vizcaya) : Cueva excavada bajo la dirección de Aranzadi y Barandiaran en la década de los 30. Su importancia se debe, principalmente, a la riqueza de los niveles correspondientes a los períodos Gravetiense, Solutrense y Magdaleniense.
Labeko Koba (Arrasate, Guipúzcoa) : Yacimiento recuperado entre 1987 y 1989 bajo la dirección de A. Arrizabalaga, antes de que se destruyera la cueva como consecuencia de las obras de la variante de Arrasate. Los niveles más destacables corresponden al Paleolítico Superior Inicial, a los períodos Protoauriñaciense y Auriñaciense principalmente.
Ekain (Deba, Guipúzcoa) : Al igual que en Santimamiñe, se han encontrado muestras importantes de arte rupestre en Ekain, también correspondientes al período Magdaleniense. El yacimiento que se encontraba a la entrada de la cueva fue examinado entre 1968 y 1974 por el grupo de investigadores dirigido por Altuna y Barandiaran.
Urtiaga (Deba, Guipúzcoa) : Otra de las excavaciones clásicas. En 1936, Aranzadi y Barandiaran tuvieron que abandonar el trabajo de campo que estaban efectuando, y ya no volvieron a encontrarse. Barandiaran volvió en 1953, a su regreso de Iparralde. Las capas más destacables corresponden al período Magdaleniense.
Aitzbitarte (Errenteria, Guipúzcoa) : En Aitzbitarte, colina que se encuentra en el barrio de Landarbaso (Errenteria), hay cinco cuevas, de las que la III y la IV cuentan con restos arqueológicos. La mayoría de las excavaciones de Aitzbitarte IV se llevaron a cabo sin control casi hasta 1960; es decir, antes de que Barandiaran llevara a cabo la primera investigación científica. Por otra parte, desde 1986 se está excavando, bajo la dirección de Altuna, la cueva Aitzbitarte III que cuenta con unos niveles Gravetiense y Solutrense muy ricos.
Climatología
En esta época se vivieron los períodos climáticos más fríos del Pleistoceno. El nivel del mar llegó a estar a más de 120 metros por debajo del nivel actual, debido a que una gran parte del agua de la Tierra se acumulaba en los polos y glaciares.
Fauna y flora
La fauna y la flora eran muy similares a las descritas para el Paleolítico Inferior y Medio. Por consiguiente, en los períodos fríos se podían encontrar animales como el mamut, el rinoceronte peludo, la liebre de las nieves y el glotón, y, en cuanto a los árboles, predominaban las especies coníferas. En períodos cálidos, habitaban las especies animales y vegetales que conocemos hoy en día. Debemos destacar la expansión del bosque caducifolio. Entre los animales, predominaban el ciervo, el corzo, el caballo, el jabalí y la mayoría de los félidos.
Economía
Eran depredadores, pero especializados y con un sistema equilibrado. Año tras año, estación tras estación y, seguramente, mes a mes, llevaban a cabo faenas de recolección, pesca y caza planificadas. No pasaban hambre. Domesticaron al perro, para que les ayudara en la caza.
Desarrollo técnico
Muy grande en lo que se refiere a los utensilios de piedra, hueso u otros elementos. En los utensilios de piedra se dio un proceso de diversificación, y los instrumentos eran cada vez más pequeños y más largos (ese proceso se denomina leptolitización). Entre los instrumentos de piedra que más se extendieron tenemos el cincel, la raedera, y la lámina o punta de dorso rebajado. Entre los de hueso, tenemos varillas, azagayas, agujas de coser (a partir del período Solutrense) y arpones (en el período Magdaleniense). También hacían colgantes, botones, etc.
Comportamiento simbólico
Los enterramientos, el arte rupestre y el arte mobiliar tuvieron gran proyección. Tenemos vestigios de instrumentos musicales (txirula, en Isturitz), y es posible que bailaran.
Epipaleolítico
Cronología
10.500 B. P./6.000 B. P.
Tipo humano
Semejante al nuestro, Homo sapiens sapiens u Hombre de Cro-Magnon.
Vestimenta
Todo tipo de fibras vegetales (hierbas, paja, cortezas, hojas). La materia prima básica seguirían siendo las pieles, cosidas y con botones. Poco puede decirse acerca del calzado, pero, seguramente, utilizarían algo parecido a las abarcas. Debido a la mejoría del clima y a la consiguiente expansión del bosque, se advierte un mayor uso de los recursos vegetales en la vestimenta.
Asentamientos
Debido a la mejoría del clima, poco a poco se dejaron de utilizar las cuevas como viviendas. Eso es cada vez más evidente a medida que avanza el Epipaleolítico (período Aziliense, Epipaleolítico laminar, Epipaleolítico geométrico). En el Epipaleolítico geométrico los yacimientos más típicos se encuentran ya al aire libre y en abrigos rocosos. Como consecuencia también de la mejoría del clima, a finales del Epipaleolítico todos los territorios de Vasconia eran habitables, ya que la altura no originaba ningún tipo de obstáculo.
Yacimientos más importantes
Antton Koba, Urtiaga, Ermittia, Marizulo, San Esteban, Ekain.
Arenatza, Urratxa III, Santimamiñe, Lumentxa, Santa Catalina.
Montico de Charratu, Atxoste, Mendandia, Fuente Hoz, Socuevas.
Aizpea, Padre Areso, Zatoia, La Peña, Berroberria, Abauntz.
Isturitz.
Antton Koba (Oñati, Guipúzcoa): En esta cueva excavada bajo la dirección de A. Armendariz hay una larga serie de capas correspondientes a la Prehistoria tardía (entre ellas hay también un rico nivel correspondiente al período Aziliense).
Santimamiñe (Kortezubi, Vizcaya ): Durante muchos años, ha sido el más importante yacimiento excavado en Vasconia peninsular, y aún tiene un valor simbólico especial. El período de excavaciones más denso fuel el dirigido por el trío Aranzadi, Barandiaran y Eguren, entre 1918 y 1926. Al hablar del Epipaleolítico en Euskal Herria, se suelen mencionar sus niveles IV y V (del período Azililiense y del Mesolítico).
Fuente Hoz (Anúcita, Álava): Fuente Hoz es uno de los yacimientos más importantes de Vasconia. En dicho yacimiento se realizaron excavaciones entre 1981 y 1986, bajo la dirección de A. Valdeón. Muestra una larga secuencia que va desde el Epipaleolítico al Neolítico.
Zatoia (Abaurregaina, Navarra): Las campañas de excavación de este yacimiento fueron llevadas a cabo por I. Barandiaran. Hay que decir, además, que el hecho de estar ubicado en las inmediaciones de los Pirineos le confiere una importancia especial. Se hallaron vestigios de un período Aziliense muy antiguo.
Climatología
En el Epipaleolítico finaliza el Pleistoceno y comienza el Holoceno. El clima se templó mucho; al principio había una gran humedad, pero, a partir del siguiente período, el clima se fue pareciendo cada vez más al actual.
Fauna y flora
En lo que se refiere a la flora, las especies caducifolias (avellano y roble) colonizaron las grandes superficies de bosque aclaradas durante los períodos fríos del Paleolítico Superior. Entre los animales, el jabalí, el corzo, el gato montés y el lince son muestra de los períodos templados. Asimismo, la fauna fría del Pleistoceno (reno, rinoceronte, mamut, etc. ) desapareció definitivamente.
Economía
Es una época de adaptación, ya que muchos grandes ungulados, al templarse el clima, desaparecieron o tuvieron que migrar. Se mantuvo la sistematización de la era anterior, pero adaptada a nuevas especies animales y vegetales. Se incrementó la recolección marítima, la pesca y la recolección de productos vegetales y, por tanto, había una mayor variedad en las fuentes de alimentación. En caso de necesidad, obtenían medicinas de plantas y hongos, tal como muestra la medicina tradicional.
Desarrollo técnico
Se aprecia un descenso en la utilización de utensilios de hueso; los de piedra, por otra parte, fueron adaptados en el proceso de leptolitización (proceso de laminado y empequeñecimiento). En esta época proliferaron utensilios compuestos hechos a partir de geométricos pequeños. Las muelas adquirieron una importancia especial. Se conocen muchos utensilios de madera del Epipaleolítico europeo, ya que se han conservado en muchos lugares. Entre otros, se han encontrado cebos, arpones y varillas.
Comportamiento simbólico
El arte rupestre desapareció, y el arte mobiliar casi. En los enterramientos, sin embargo, tuvo lugar un gran progreso; los primeros de Vasconia datan de esta época (solían ser individuales). En consecuencia, se empieza a apreciar la creencia religiosa en otro mundo.
Neolítico
Cronología
6. 000 B. P./4.500 B. P.
Tipo humano
Semejante al nuestro, Homo sapiens sapiens u Hombre de Cro-Magnon.
Vestimenta
Todo tipo de fibras vegetales (hierbas, paja, cortezas, hojas), y también primeros tejidos (de lino). Las pieles pierden su supremacía, pero aún no se utiliza la lana. Las prendas solían ser cosidas y con botones. A modo de calzado, utilizaban algo parecido a las abarcas, fabricado con fibra vegetal (se han encontrado vestigios en Córdoba y Málaga).
Asentamientos
A partir de esta época, utilizan cada vez menos las cuevas como vivienda. Se imponen los abrigos rocosos y, sobre todo, los campamentos al aire libre. Esos campamentos eran semiambulantes, si bien habían adquirido otros hábitos en relación con las materias primas para construcción (empezaron a utilizar arcilla y adobe). Por primera vez, entre los grupos humanos, la palabra cabaña tenía el sentido que le aplicamos hoy en día. En Vasconia, la mayoría de los yacimientos se encuentran en la parte sur.
Yacimientos más importantes
Arenatza, Santimamiñe, Kobeaga, Kobaederra.
Herriko Barra, Marizulo.
Peña Larga, Fuente Hoz, Mendandia, Atxoste, Montico de Charratu, La Renke.
Los Cascajos, Abauntz, Zatoia, Padre Areso, La Peña.
Mouligna.
Herriko Barra (Zarautz, Guipúzcoa): En 1989 se realizó una excavación urgente bajo la dirección de J. Mujika, cerca de un lugar que había sido playa en tiempos del Neolítico. En este lugar (Herriko Barra) se encontró el vestigio más antiguo que tenemos de la agricultura de Vasconia (de hace 6. 000 años). De todos modos, también hacía las veces de campamento base para faenas de caza.
Kobaederra (Kortezubi, Vizcaya): Importante descubrimiento llevado a cabo estos últimos años dentro del análisis del Neolítico en Vizcaya. En esta cueva se han encontrado vestigios de actividades agrícolas y ganaderas. Se excavó bajo la dirección de J. E. González, J. J. Ibáñez y L. Zapata.
Peña Larga (Kripan, Álava): Este abrigo rocoso, excavado por J. Fernández Eraso entre 1985 y 1989, se encuentra cerca de otro lugar clásico: Los Husos. Su nivel más importante corresponde al Neolítico Inicial, y cuenta con animales domésticos y cerámica cardial.
Los Cascajos (Los Arcos, Navarra): Descubrimiento llevado a cabo estos últimos años, gracias a J. Sesma y J. García. Los pobladores del poblado de Los Cascajos, metidos de lleno en actividades de economía de producción, corresponden totalmente al Neolítico.
Climatología
Semejante a la actual; quizás, algo más húmeda durante el período Optimum Climatico . Al finalizar éste, el clima comenzó a aproximarse a la situación actual.
Fauna y flora
Continuó la expansión del bosque; especialmente el modelo de robledal mixto. Aparte de eso, el paisaje era semejante al actual, y podían verse las especies de animales y plantas salvajes que son habituales entre nosotros. De Oriente Próximo, se introdujeron especies de plantas y animales domésticos (cereales, en cuanto a plantas, y cabras, ovejas, vacas y cerdos, en cuanto a animales). El perro corresponde a la época anterior (en Vasconia, al menos desde el período Magdaleniense Medio, tal como podemos ver en Erralla).
Economía
Se introdujo plenamente la economía de producción, con las consecuencias que ello acarrea. De todos modos, no se abandonó totalmente la economía depredadora (se siguió practicando, aunque fuera en un porcentaje pequeño), pero el suministro de alimentos procedente de dicha fuente era menos de la mitad. La antropización del entorno, o cambio ecológico provocado por la acción del hombre, es evidente desde el primer momento, pero, sobre todo, a partir del Calcolítico.
Desarrollo técnico
Se desarrolló una nueva técnica: la cerámica. También pulían la piedra, sobre todo para fabricar hachas. Todavía utilizaban utensilios de piedra y hueso (menos). Hubo un gran desarrollo en la ornamentación de las prendas de vestir y, en algunas ocasiones, las materias primas se traían desde muy lejos (conchas del mar Mediterráneo, lignito, piedras preciosas, etc. ). El primer metal utilizado fue el oro, pero no puede decirse que contaran con una verdadera metalurgia, ya que no fundían el metal, y no trabajaban el oro más que a martillazos.
Comportamiento simbólico
Además de lo anterior, hemos de destacar también dos aspectos más: por un lado, la construcción de megalitos -por ejemplo, los dólmenes- como monumentos funerarios y símbolo de organización colectiva; y, por otro, los enterramientos colectivos y los nuevos ritos relacionados con ellos.
Calcolítico
Cronología
4. 500 B. P./3.800 B. P.
Tipo humano
Semejante al nuestro, Homo sapiens sapiens u Hombre de Cro-Magnon.
Vestimenta
Todo tipo de fibras vegetales (hierbas, paja, cortezas, hojas), primeros tejidos (de lino), pieles y todo tipo de fibras animales. A partir de este momento aparecen prendas de lana, cosidas y con botones. Con esas fibras, hicieron calzados de todo tipo.
Asentamientos
Aparecieron los primeros poblados, aún sin fortificar, pero totalmente permanentes. En éstos, podía haber 6-8 cabañas; no construían estructuras muy grandes, pero estaban organizadas. Solían estar cerca de ríos, formando un círculo. A pesar de que no conocemos muy bien su ubicación, parece ser que estos poblados estaban diseminados por todo Vasconia. Por otra parte, conocemos mucho mejor las cuevas de enterramiento y los últimos dólmenes. Además de utilizarse como lugares de enterramiento, a menudo también se utilizaban como vivienda. Las casas de la época comenzaron a tener estructuras complejas; comenzaron a dar forma a las paredes utilizando estructuras de madera (por ejemplo, enderezando ramas de avellano al fuego).
Yacimientos más importantes
Ilso Betaio, Santimamiñe, Pico Ramos.
Amalda, Urtao II, Antton Koba, Urtiaga.
La Renke, Gobaederra, Peña Larga, San Juan ante Portam Latinam, Los Husos.
La Peña, Longar, Padre Areso, Zatoia.
Ilbarritz, Haristoi.
Urtao II (Oñati, Guipúzcoa): Esta cueva de enterramiento excavada por A. Armendariz se encuentra en las rampas del monte Orkatzategi. Entre otros muchos objetos, en ella se encontraron dos filos de puñal de cobre.
Ilso Betaio (Alen, Vizcaya): Ilso Betaio es uno de los pocos campamentos al aire libre que se conocen en Vasconia. Se excavó en la década de los 80, bajo la dirección de Gorrotxategi y Yarritu, y resultó ser muy rico.
Pico Ramos (Muskiz, Vizcaya): Cerca de la costa y sobre el río Barbadun, en la cueva denominada Pico Ramos, se ha encontrado un enterramiento complejo, con un ajuar muy rico. Fue excavado hace pocos años, bajo la dirección de L. Zapata.
San Juan ante Portam Latinam (Laguardia, Álava): Este enterramiento bajo abrigo rocoso fue hallado en 1985. En él, se enterraron más de 400 cadáveres, junto con sus ajuares. El elemento más destacable encontrado en este lugar son señales de violencia humana: entre los huesos, se han encontrado algunas puntas de flecha de piedra.
Longar (Viana, Navarra): Este hipogeo excavado por J. Armendariz y S. Irigaray es un tipo de megalito muy raro en Vasconia. También en éste, se encontraron vestigios de lucha similares a los encontrados en San Juan.
Climatología
Semejante a la actual.
Fauna y flora
Semejante a la actual, incluidas especies animales y vegetales domésticas (cereales, cabras, ovejas, vacas y cerdos) y salvajes. Comenzó a haber procesos de desecación una vez finalizado el período Atlántico. A partir de este período el efecto de la acción del ser humano fue muy patente.
Economía
La economía de producción se extendió a todos los grupos de Vasconia y, en consecuencia, tuvo un gran impacto en el medio físico. Tanto en calidad como en cantidad, la actividad era muy importante, si bien aún se dedicaban a la utilización del entorno natural y a la explotación de los recursos salvajes. En esa expansión, parece ser que tuvo mucho que ver la invención del arado.
Desarrollo técnico
Continuaron utilizando la cerámica, la piedra pulida, y utensilios de piedra y hueso (menos). En cerámica, cabe destacar especialmente la cerámica campaniforme. En cuanto a los adornos de las vestimentas, continuaron las tendencias del Neolítico, y, en algunas ocasiones, traían la materia prima desde muy lejos (conchas del mar Mediterráneo, ámbar, lignito, piedras exóticas, etc. ). Podemos decir que con la reducción y fusión del cobre comenzó la primera metalurgia real. Sin embargo, en el Calcolítico, el metal era poco utilizado. La metalurgia se comenzó en las minas, y exigía la utilización de hornos para los procesos de reducción y fusión. En los utensilios de piedra, retomaron la fabricación de utensilios de acabado plano, y, entre éstos, abundaban especialmente las puntas de flecha de aletas y de pedúnculo. Mediante la utilización de pequeñas placas dentadas, hacían hoces.
Comportamiento simbólico
Se constata que hay una relación con el Neolítico, ya que se siguen construyendo y reutilizando dólmenes, y se siguen practicando enterramientos colectivos. Podemos decir que para entonces ya estaba desarrollada la organización social; de hecho, se ha recogido información sobre su funcionamiento y los conflictos que solían tener (en los yacimientos de San Juan ante Portam Latinam, en Laguardia, y de Longar, en Viana, se han encontrado señales de violencia: puntas de flecha de pedernal en los cuerpos de las personas).
Edad del Bronce
Cronología
3.800 B. P./2.800 B. P.
Tipo humano
Similar al nuestro, Homo sapiens sapiens u Hombre de Cro-Magnon.
Vestimenta
Todo tipo de fibras vegetales (hierbas, paja, corteza, hojas), y también textiles (de lino), pieles y todo tipo de fibras animales. También había prendas de lana, cosidas y con botones, así como todo tipo de calzado. Para sujetar las prendas utilizaban fíbulas, como las que estamos acostumbrados a ver en las películas de romanos.
Asentamientos
Los poblados eran más grandes (veinte viviendas o más) y estaban fortificados. Para los asentamientos, elegían principalmente lugares altos sobre los ríos. Esa tendencia se acentuó en la Edad de Hierro. De todos modos, todavía utilizaban las cuevas con frecuencia. La distribución de Vasconia era muy diversa, y, según parece, se acentuó la preferencia por Vasconia seco, ya que en los territorios húmedos se han encontrado menos restos. Se han encontrado yacimientos sobre todo en asentamientos en cuevas o en los niveles inferiores de poblados que perdurarían posteriormente en la Edad de Hierro.
Yacimientos más importantes
Monte Aguilar, Puy de Aguila, La Peña, Alto de la Cruz.
Iruaxpe III, Gaztelu Arro IV, Buruntza.
Arenatza, Lumentxa, Santimamiñe, Peña Forua.
Los Goros, Los Husos, La Hoya, Pago de Eskide.
Grotte du Phare.
Monte Aguilar (Bárdenas Reales, Navarra): Este poblado hallado en las Bárdenas es uno de los pocos que conocemos en Vasconia correspondiente al Bronce Medio. Lo excavó J. Sesma, a principios de la década de los 90.
Los Husos (Elvillar, Álava): Yacimiento clásico, excavado por J. M. Apellaniz (1967-1971) y J. Fernández Eraso (a partir del año 2000). Apellaniz incluyó Los Husos en su tesis doctoral como ejemplo de yacimiento simbólico o modelo.
La Hoya (Laguardia, Álava): En los primeros niveles de este poblado se encontraron niveles del Bronce Medio y Final. Al igual que sucede en otros poblados de la Edad de Hierro, se aprecia una continuidad del asentamiento, y, tras los anteriores, tenemos unos niveles muy ricos correspondientes a la Edad de Hierro I y II.
Climatología
Semejante a la actual.
Fauna y flora
Semejante a la actual, especies vegetales y animales domésticas (cereales, cabras, ovejas, vacas y cerdos) y salvajes incluidas. Hay que añadir a ésas el caballo doméstico y las leguminosas. Según todos los análisis, la transformación del paisaje como consecuencia de la presión antrópica fue muy profunda, sobre todo en la Rioja Alavesa y en la Ribera Navarra, ya que en estos lugares había poblados desde hacía mucho tiempo.
Economía
Predominaba la economía de producción, tanto en extensión como en intensidad. La aportación de la economía depredadora (para conseguir alimentos extra), que perduró durante toda la Prehistoria, era de aproximadamente un 10%. Los inventos de la rueda y el carro supusieron una gran ayuda para las labores agrícolas. Gracias al uso de abonos (tanto orgánicos como cal), se consiguieron mayores rendimientos.
Desarrollo técnico
En metalurgia, se desarrolló la aleación de cobre. Preparaban útiles cada vez más complejos, y comenzaron a importar técnicas metalúrgicas, para fabricar objetos que se fabricaban en otros lugares. Las técnicas tradicionales de épocas anteriores tuvieron continuidad (por ejemplo, la reducción, para separar el mineral y el metal); sin embargo, eran cada vez más complejas, y, en ese sentido, en los yacimientos de esa época hemos encontrado cerámicas, útiles de sillarejo y puntas de flecha hechas de pedernal. La aparición del bronce no supuso el abandono del cobre. Pero, en comparación con la simple hacha de la época anterior, las de esta época estaban más elaboradas, ya que desarrollaron nervios y anillos para sujetarlas al mango, y conseguir así nuevos tipos de útiles (hachas con anillos, por ejemplo).
Comportamiento simbólico
Aún enterraban los cuerpos, bien en cuevas de enterramientos, bien en túmulos. No sabemos mucho más acerca de los rituales. En el Bronce Final, llegaron nuevas costumbres desde la cuenca del Ebro y, seguramente, también grupos de gente, a los que a menudo se ha identificado como indoeuropeos. Como rito funerario, se extendieron enormemente la cremación y la incineración, así como los campos de urnas como nuevo tipo de yacimiento. Resurgió el arte rupestre, por medio de imágenes esquemáticas y abstractas.
Edad de Hierro
Cronología
aprox. 2.800 B. P./romanización.
Tipo humano
Semejante al nuestro, Homo sapiens sapiens u Hombre de Cro-Magnon.
Vestimenta
Todo tipo de fibras vegetales (hierbas, paja, cortezas, hojas), y, también, tejidos (de lino), pieles y todo tipo de fibras animales. También había prendas de vestir de lana, cosidas y con botones. Con esas materias primas, hacían todo tipo de calzado. Sujetaban las prendas de vestir, tanto masculinas como femeninas, por medio de fíbulas (la mayoría de bronce). Los hombres solían llevar armas de hierro (por ejemplo, espadas).
Asentamientos
Los poblados crecieron aún más, hasta llegar a tener más de cien viviendas, y casi todos estaban fortificados. A la hora de decidir su ubicación, elegían, sobre todo, lugares altos sobre los ríos. Están diseminados por Vasconia de un modo muy diverso (unos 80 poblados en Álava, 50 en Navarra, 40 en Iparralde, 15 en Vizcaya, y unas 10 en Guipúzcoa). En esta época, utilizaban las cuevas como vivienda en muy contadas ocasiones. En todos los poblados, se comienza a percibir una verdadera organización urbanística.
Yacimientos más importantes
La Hoya, Castros de Lastra, Atxa, Kutzemendi, Arkiz, Castillo de Henayo, Peñas de Oro.
Sansol, Alto de la Cruz, Castellar de Mendavia, Peña del Saco.
Berreaga, Kosnoaga, Malmasin, Gastiburu.
Intxur, Buruntza, Basagain.
En Iparralde, castillos.
La Hoya (Laguardia, Álava): Poblado excavado bajo la dirección de A. Llanos en diversas épocas (décadas de los 30 y 50, y entre 1973-1989). Convertido en museo, es hoy en día el poblado de la Edad de Hierro más paradigmático que hay en Vasconia. Es el lugar donde mejor se pueden ver el arte celtibérico autóctono y la transición entre la I y la II Edad de Hierro.
Castillo de Henayo (Alegría-Dulantzi, Álava): Otro de los lugares clásicos de Álava, en la Llanada Este, ubicado en un lugar importante. En este recinto, situado en una elevación, se ha podido ver que la economía de producción estaba muy avanzada.
Alto de la Cruz (Cortes, Navarra): Se encuentra cerca de la frontera con Aragón. Fue excavado por J. Maluquer de Motes y, a la muerte de éste, por F. Gracia y G. Munilla. Tiene un gran valor simbólico en toda la cuenca del Ebro, ya que es uno de los primeros yacimientos de la Península excavados al aire libre.
Gastiburu (Arratzu, Vizcaya): Está cerca de otros poblados, en el lugar conocido como Gastiburu; se ha pensado que era un santuario. Excavado bajo la dirección de L. Valdés en la década de los 90.
Intxur (Aldaba, Guipúzcoa): Al igual que ocurre en el yacimiento de Alto de la Cruz, en Intxur tenemos campañas de excavación clásicas -realizadas por J. M. Barandiaran-, pero, además, se efectuaron otras campañas por iniciativa de X. Peñalver, entre 1986 y 1995. Hasta hace poco, ése era el único poblado conocido de la Edad de Hierro en Guipúzcoa.
Climatología
Semejante a la actual; clima bastante templado, y más seco en el Sur que en el Norte.
Fauna y flora
Semejante a la actual, especies vegetales y animales domésticas (cereales, cabras, ovejas, vacas y cerdos) y salvajes incluidas. Entre los animales domésticos, se introdujo la gallina, tal y como ha podido verse en el poblado de La Hoya.
Economía
Predominaba la economía de producción, tanto en extensión como en intensidad. Las actividades de producción eran totalmente modernas, similares a las que se realizaron hasta que tuvo lugar la mecanización de la agricultura: alternaban cultivos de legumbres y cereales, utilizaban abonos, completaban el ciclo agrícola (desgranar y aventar el trigo) antes de amontonar la semilla. Por influjo de los grupos históricos, empezaron a fabricar y utilizar moneda.
Desarrollo técnico
Se desarrolló la siderurgia -muy difícil de trabajar-, por medio de todo tipo de utensilios. Eso no quiere decir que se abandonaran los avances de épocas anteriores; al contrario, en la Edad de Hierro se acumularon todos: útiles de piedra, hueso y metal, cerámica, y textil. Además, en lo que se refiere a la cerámica, se ha sabido que empezaron a utilizar el torno entre la I y la II Edad de Hierro (aproximadamente hace unos 2. 350 años). Es decir, que adoptaron esta nueva técnica cuyo origen se supone celtibero.
Comportamiento simbólico
Junto con los grupos indoeuropeos, se extendió el rito funerario de la incineración. Se quemaban los cuerpos de los difuntos, y se introducían las cenizas en cromlech o urnas funerarias. Es de suponer que, junto con los nuevos grupos, también llegarían nuevas religiones y comportamientos. Por ejemplo, la escritura alfabética llegó a Vasconia junto con los romanos (el primer grupo histórico que ha vivido entre nosotros); es decir, a finales de la Edad de Hierro.
La romanización en Vasconia
Eliseo Gil Zubillaga
Edad del hierro
El poblado de la Hoya está a los pies de la sierra de Cantabria, en lo que en tu época se conoce como la Rioja Alavesa. Está situado en una vía de comunicaciones este-oeste, permitiendo el contacto con el valle del Ebro, el norte de la meseta y la zona cantábrica.
Protegiendo el poblado hay una muralla. Estamos en la 2ª Edad del Hierro, y en esta época hay muchos avances en la producción de cerámicas y en la explotación del campo (nuevos sistemas de cultivo, arados y molinos más modernos…). El cultivo por excelencia es el cereal, con el que se hace, entre otras cosas, una especie de cerveza; el vino no se conoce, ya que llegará con la cultura romana.
En las viviendas de La Hoya existen las siguientes estancias:
El poblado de la Hoya tiene una arquitectura muy ordenada; las casas comparten muros, es decir, son adosadas. Las plantas son rectangulares, oscilando entre los 50 y 70 metros cuadrados y la techumbre tiene una armadura de madera y materiales vegetales (paja).
A mediados del siglo IV a. C. el poblado de La Hoya es atacado por alguno de sus vecinos. Es día de mercado, las puertas de la muralla están abiertas y en las calles se exponen los géneros (carne de ciervo, tinajas de cereal, ganado doméstico…). Los atacantes irrumpen repentinamente por la puerta sur sembrando el caos, varios habitantes mueren: uno es alcanzado por una flecha y decapitado de un solo tajo, su cabeza rueda varios metros; a otro joven le cortan el brazo adornado con pulseras. Los asaltantes prenden fuego al poblado y todo queda reducido a escombros. Los supervivientes regresan y reconstruyen el poblado que es finalmente abandonado, sin que sepamos por qué, antes de la llegada de los romanos.
Vivienda Urbana
Una domus es una casa noble urbana de la ciudad. Evidentemente la mayoría de los habitantes de las ciudades vivían en edificios mucho más humildes, llamados insulae , que tienen varios pisos. En Iruña/Veleia estas viviendas, construidas a la romana, sustituyeron a las viviendas de la 2ª edad del Hierro a partir de la época tiberiana. En ocasiones se utilizaron materiales reciclados de anteriores construcciones para edificar viviendas y talleres humildes.
La domus que está situada en una calle paralela a la principal, cardo, ocupa una superficie de más de 900 metros cuadrados. En ella, queda todavía por descubrir dónde estaban la cocina, la letrina, el comedor y el jardín. Pero hay otras estancias que sí se han descubierto:
Portal o fauces: la puerta es de dos hojas, hecha en madera, con bisagras y refuerzos de hierro. Todo el interior está decorado con pinturas murales. A través de una escalera baja de madera se cruza el canal de desagüe y se accede al patio.
Tabernae 1 y 2: Los espacios que aparecen alrededor de la entrada son tiendas. Las puertas son plegables para dejar ver el interior. El suelo es de hormigón u opus caementitium .
Tabernae 3: Este espacio era en principio una tabernae, es decir, una tienda, pero a mediados del siglo V d. C. pasó a ser utilizado como vertedero. Para ello se practicó una excavación de casi dos metros, llegando hasta la roca base del terreno. Allí se amontonó basura urbana: escombros (ladrillos, clavos…), restos de alimentación (huesos de ganado, muchas conchas de ostras…), restos de vajilla y herramientas y armas en desuso. Todo ello nos ha dado gran información sobre la cultura material y la dieta de la ciudad de Iruña.
Canal: Canal de desagüe tapado con losas de piedra.
Patio: Las domus romanas se construyen en torno a un patio. Así, el patio hace de distribuidor y proporciona luz. En el subsuelo del patio hay una gran cisterna donde se almacena el agua de lluvia; para construirla se excavó hasta una profundidad de dos metros y medio, más allá de la base de piedra. El suelo del patio está adornado con un mosaico en blanco y negro
Cubicula: Los dos espacios que están a los lados del patio son las habitaciones o cubiculas. Están formados por una salita y dos pequeños espacios para la cama y un vestidor.
Tablinum o despacho: Es donde el señor de la casa recibía a sus visitas.
Almacén: Estancia destinada a almacenar productos.
Las ciudades tienen una gran importancia en el mundo romano. El plano ideal de una ciudad es totalmente regular pero, como las ciudades muchas veces tienen ya una estructura determinada, éste adopta formas muy variadas. Las ciudades se organizan en torno a dos calles principales,cardo y decumanus . En el cruce de estas calles está el foro, que es el espacio público, el centro político, comercialy religioso.
Para que veas la importancia de las ciudades en el mundo romano recuerda que el propio imperio nace a partir del desarrollo de una ciudad: ¿Sabes cuál? Efectivamente, esa ciudad era Roma.
En Euskal Herria algunas de las ciudades más importantes son Baiona (Lapurdum), Iruña (Pompaelo) e Iruña de Oca (Veleia); no son como Roma, pero tampoco están mal.
En la fundación de una ciudad lo primero es marcar el perímetro o pomerium que ocupará el núcleo urbano. Esta operación tiene un carácter religioso y la lleva a cabo un sacerdote manejando un arado tirado por una vaca blanca y un toro. Mediante un surco se marca el trazado y el arado sólo se levanta en cuatro puntos, donde se abrirán las calles principales. El interior se organiza en torno a las calles principales en manzanas rectangulares y en el centro se sitúa el foro (con los edificios públicos: templos, teatro, basílica…).
Aunque el plano de la ciudad ideal era totalmente regular, Roma no lo fue nunca. Fundada, según la tradición, sobre siete colinas tuvo que adaptarse a la topografía. En la época de Augusto tenía alrededor de un millón de habitantes. Las casas iban desde las más suntuosas domus o mansiones urbanas hasta las más miserables insulae o casas de pisos.
Vivienda Rural
En el campo, los grandes propietarios tienen lujosas residencias donde gozan de todas las comodidades del mundo urbano, son las llamadas villas. En las villas trabajan en las labores propias del campo un buen número de sirvientes que suelen estar dirigidos por un capataz o un administrador. Las villas tienen básicamente dos partes: una residencial y otra rural.
La parte residencial es la vivienda de los dueños. Toda esta zona es la más lujosa de la villa. El señor de la villa y su familia pueden disfrutar de todas las comodidades, pueden dar una vuelta por el jardín, tomar un baño en las termas particulares… Algunas villas cuentan con todos los avances y lujos que puedas imaginar, aunque también las hay mucho más humildes.
En la parte rural es donde se encuentran las instalaciones propias de una explotación agropecuaria. En las villas se explota el campo y ello exige tener almacenes, talleres o incluso instalaciones para la producción de productos agrícolas; a veces, hasta podemos encontrar instalaciones más industriales: en el asentamiento rural de La Iglesia – Las Pilas del Camino de Logroño, situado al pie de la colina de Laguardia (Álava) hay un horno dedicado a la fabricación del material cerámico para emplear en la construcción de los sistemas de calefacción de los propios edificios.
En Euskal Herria, donde más extendido está el sistema de explotación de villas es en la Rivera Navarra. Un buen ejemplo es la villa de Arellano, situada en el valle del Ega. Otros buenos ejemplos de villas en Euskal Herria son los de Liédena, Falces y Soto del Ramalete, también en Navarra. De todas formas, no pienses que todo el mundo rural se organiza en torno a grandes villae, normalmente los asentamientos son más pequeños, como las granjas.
La villa de Liédena está situada a unos 25 kilómetros al sudeste de Pamplona. Se encuentra justo frente a la desembocadura de la Foz de Lumbier, sobre la que tiene unas buenas vistas. Fue construida sobre una explotación agrícola altoimperial hacia el siglo IV d. C. Entre sus instalaciones cuenta con una parte residencial, una domus de perístilo, esto es, con las habitaciones ordenadas alrededor de un patio columnado. Hay además unas termas, al oriente, un estanque ajardinado y graneros y almacenes para albergar vino.
Situada en la localidad Navarra de Castejón, la villa de Soto del Ramalete tiene su parte rústica con almacenes, establos, talleres… y su parte urbana, con habitaciones, termas (con caldarium, tepidarium y frigidarium) y mosaicos.
Dentro del término histórico “villae” se engloban realidades muy diversas. Desde enormes establecimientos rurales con una parte urbana suntuosa que recrea las comodidades de la ciudad, hasta enclaves mucho más modestos. Entre estos últimos los hay que sólo cuentan prácticamente con la parte rural (almacenes, talleres, cuadras…), sin ningún lujo superfluo, son las granjas.
Mesa y Cocina
El imperio romano es grande y está bien comunicado, el comercio es abundante y por eso hay una gama de productos culinarios mayor que en épocas anteriores, aunque no todas las personas podemos permitirnos disfrutar de todos ellos. Con la cultura romana hemos conocido productos tan importantes como el aceite y el vino, y la vajilla se ha enriquecido con nuevas y prácticas piezas. Estas son algunas características de la mesa y la cocina romanas:
Carne: La carne más consumida es, con diferencia, la de vacuno, a distancia le siguen la oveja y la cabra y en último lugar el cerdo. El consumo de ganado doméstico, así como el de cereales y de especies piscícolas y marinas, se ha incrementado durante la época romana. Es decir, hay más variedad de productos.
Pescado: Uno de los productos que más se consume son los salazones. En un principio se importaban desde el Mediterráneo pero con el tiempo han surgido pequeñas factorías en el Cantábrico y en el Atlántico. En Gethary, por ejemplo hay una instalación de este tipo. Entre las especies marinas más consumidas están las ostras, producto muy apreciado y que se consumía en grandes cantidades en Iruña/Veleia. Su transporte se hace desde la costa con agua de mar para que lleguen en buen estado a los pueblos del interior.
Las Termas
Las termas son lugares para el esparcimiento físico e intelectual. Aunque lo más característico son sus instalaciones de baño y sauna, muchas veces cuentan también con bibliotecas. Las grandes domus y villas tienen sus propias termas privadas, pero la gente normal acude a las termas públicas. Desde el siglo I d. C. los principales asentamientos a lo largo de las calzadas cuentan con este tipo de establecimientos públicos. El pueblo acude a las termas para pasar gran parte de su tiempo libre.
La entrada a las termas públicas suele ser gratuita o, en todo caso, bastante barata. Antes el acceso era mixto, es decir, para hombres y mujeres, pero en el siglo II d. C. Adriano decreta el baño por separado para atajar algún que otro escándalo. En algunas ciudades hay termas para hombres y termas para mujeres, pero en la mayoría de lugares lo que se hace es establecer horarios para que no coincidan al mismo tiempo.
Las termas de Trajano fueron construidas entre el 104 y el 109. Son unas de las termas más espectaculares del mundo romano. Están bien organizadas para un mejor uso. Las habitaciones cálidas, por ejemplo, reciben el sol de la tarde, que es cuando la gran parte del público toma su baño. En Euskal Herria las termas son mucho más humildes, pero también se puede disfrutar de un buen baño o una sesión de sauna antes de cenar. En Vitoria – Gasteiz, por ejemplo, están las termas de Arcaya.
Nymphaea: Las termas de Trajano tienen dos nymphaea o fuentes monumentales. El agua para todas las instalaciones llega desde un acueducto cercano por tuberías de plomo subterráneas; además las termas cuentan con varios depósitos propios con una capacidad de siete millones de litros cada uno.
Tepidarium: Sala de ambiente templado. Un buen recorrido por las termas puede empezar por aquí ya que es una buena manera de templar nuestro cuerpo y aclimatarlo, también podemos utilizar esta sala como una estancia transitoria entre los baños calientes y los fríos.
Sudatorium: También conocida como laconicum , es una habitación con vapor y ambiente caliente que se utiliza para sudar. Las salas que tenían que estar calientes se orientan hacia el sur y sus huecos de iluminación se cierran con vidrio, un avance que llegó de la mano de los romanos. Este tipo de estancias cuenta, además, con un sistema de calefacción por aire caliente. Mediante ladrillos especiales ( tubulli, pilae , etc) se crean cámaras de aire en las paredes ( concamerationes) y bajo el suelo ( hypocausta ) por las que se difunde el calor producido por un horno.
Caldarium: Sala que tiene una piscina de agua caliente para el baño.
Frigidarium: Sala para el baño con agua fría.
Natatio: Piscina al aire libre donde se baña la gente cuando hace buen tiempo.
Otras estancias: En las termas hay salas para el masaje, donde la gente puede hacerse untar en aceite perfumado. Hay también un patio para el ejercicio físico ( palestra ), letrinas, espacios para el culto, jardines, bibliotecas, etc.
El Tocador
El cuidado del cuerpo, el ornato personal, es una de las actividades diarias a las que se entregan los hombres y mujeres acomodadas. Ungüentarios y otros recipientes de vidrio para contener perfumes y cosméticos, paletas de hueso o de piedra para mezclar sustancias, pequeñas espátulas de hueso, bronce o incluso metales nobles para aplicarlas y muchos otros objetos forman parte de la parafernalia destinada al embellecimiento.
Las ornatrices o peluqueras no sólo deben saber de peinados, tienen que dominar también las técnicas de depilación y de maquillaje. Las mujeres se blanquean la frente y los brazos, se colorean pómulos y labios con posos de vino, y se remarcan el contorno de ojos y las pestañas con ceniza o con negro de antimonio. Los hombres se afeitan en el tonsor o barbero, lo cual es bastante peligroso. Muchos optan por quitarse la barba con pinzas o crema depilatoria. Cuando en el siglo II d. C. el emperador Adriano se dejó crecer la barba la costumbre fue entusiásticamente acogida por los varones, perdurando unos 150 años, hasta que volvieron a ponerse de moda los rostros afeitados.
A lo largo de la época romana los peinados van cambiando, desde los más simples de la república hasta los más complicados, con trenzas, moños o tupés imposibles, de época imperial. Para asegurar, mantener y embellecer el peinado se utilizan agujas especiales, acus crinalis , de muy diversas formas. Las más normales son de hueso pero también las hay de bronce y plata y algunas incluso están decoradas con motivos figurados. Los espejos son de bronce plateado.
Entre las joyas se conocen pulseras, anillos, colgantes y pendientes. Las pulseras más frecuentes son de bronce, lisas o decoradas con incisiones, aunque también se puede utilizar el hueso o la pasta de vidrio. En los anillos el material más común es el hierro utilizándose, además, la pasta vítrea, el bronce e incluso los metales nobles. Los colgantes son de hueso, bronce o metal noble y se complementan con cuentas de pasta de vidrio de colores. Los pendientes son de plata, oro y bronce.
En cuanto a la ropa de mujer, el manto se sujeta y embellece con fíbulas o broches, los más comunes de bronce, algunos con chapados de oro y unos pocos realizados en metal noble. Entre los broches que se hacen en Euskal Herria algunos de los modelos son copiados de materiales importados y otros son autóctonos. Las telas tradicionales son la lana y el lino pero también se utiliza el algodón, que llega desde la India, y la seda, que por vía marítima o terrestre se trae desde el Golfo Pérsico. Los tintes para teñir la ropa son minerales y vegetales y dan color blanco, amarillo, negro, azul, rojo… El tinte más preciado es el del color púrpura que se extrae de unos caracoles marinos mediterráneos. Fue descubierto por los fenicios, pasando luego a Asia Menor y Grecia. Ahora su manufactura está bajo el control del emperador y de púrpura se tiñen las togas de los senadores, el manto de los generales y la toga del propio emperador.
En las domus, o casas nobles urbanas, las paredes suelen estar totalmente decoradas, mediante pinturas murales en las que se combinan diferentes colores, y motivos figurativos.
Medicina
La medicina romana es heredera de la griega, profesionales griegos como Hipócrates (s. V a. C. ) y Galeno (s. II d. C. ) han sido los padres de la medicina romana y serán considerados como máximas autoridades a lo largo de la Edad Media y parte de la época moderna.
Algunos de los diferentes instrumentos médico – quirúrgicos son los siguientes:
Cucharilla: este instrumento quirúrgico fue encontrado en el campamento militar de Atxa. El campamento militar de Atxa se sitúa en el borde norte del casco urbano de la actual Vitoria-Gasteiz, en la confluencia de la Avenida Zadorra con Duque de Wellington. Sobre una colina, defendido al norte por un cortado de veinte metros sobre el río Zadorra, el lugar fue un poblado durante la 2ª Edad del Hierro, después permaneció sin habitar y en el siglo I d. C. se instaló el campamento militar. Desde aquí se controla la vega del Zadorra y la zona por donde discurre la calzada Astorga-Burdeos. El establecimiento se utilizó durante poco tiempo, pero el hecho de localizar su basurero nos ha permitido un buen número de material relacionado con el campamento.
Aguja oftalmológica de Iruña: Es una pieza muy especial, se trata de un fino instrumento de bronce con incrustaciones en plata que se utiliza para operar cataratas. La aguja se sitúa en el casquillo y es intercambiable. La presencia de este objeto en Iruña nos revela la existencia de un cirujano especialista en estas delicadas intervenciones en la ciudad. Aunque resulte sorprendente, se puede incluso curar las cataratas.
El proceso es el siguiente:
1. Antes de la operación, el paciente habrá de comer poco, tendrá que beber agua durante tres días y el día anterior someterse a una dieta absoluta.
2. Todo así dispuesto, se hará sentar al enfermo en un lugar bien iluminado, con el rostro vuelto hacia la luz, mientras que el cirujano se coloca delante de él, en un asiento algo más elevado.
3. Por detrás, un ayudante mantendrá inmóvil la cabeza del operado, ya que al más leve movimiento podría perder la vista para siempre. El ojo que se opera ha de permanecer inmóvil y sobre el otro se aplicará un trozo de lana sujeto con un vendaje.
4. En el momento de actuar el cirujano tomará una aguja acerada y la hundirá en línea recta a través de las dos primeras túnicas entre el ángulo externo y la pupila y, al nivel del centro de la catarata, de modo que no hiera ninguna vena, pero con seguridad, porque penetra en un espacio vacío.
5. Cuando ha llegado a ella y, la ausencia de toda resistencia no permite a nadie equivocarse, el cirujano inclinará la aguja hacia la catarata y, con un leve movimiento de rotación, bajará suavemente el cristalino por debajo de la pupila. Entonces ha de apoyar con más fuerza sobre la catarata para fijarla abajo.
6. Si la catarata permanece en esta posición la operación ha terminado, pero si vuelve a subir, hay que dividirla en varias partes con el corte de la aguja, porque estos fragmentos se quedarán más fácilmente abajo y ofrecerán menos obstáculos a la visión.
7. Luego se retira la aguja en línea recta, se cubre el ojo con un trozo de lana suave, humedecido en clara de huevo, aplicando por encima medicamentos que combatan la inflamación y sujetando todo con un vendaje.
Escritura e Iluminación
Avanzado el proceso de romanización, el latín se impone como lengua oficial; es el idioma que se utiliza en las monedas, documentos oficiales y también en expresiones más cotidianas, como losgraffiti sobre cerámica o las lápidas funerarias.
Algunos ejemplos sobre restos de la escritura romana encontrados son los siguientes:
Una placa de bronce aparecida en Andelos (Andión) cuyo texto es un escrito oficial con una dedicación a Apolo por parte de los ediles o magistrados municipales.
Un Grafitti sobre cerámica. Este tipo de marcas se suelen hacer para distinguir la pieza de otras iguales. Algunos grafitti son bastante esquemáticos, otros demuestran la capacidad de dibujo de sus creadores, los más llevan el nombre del usuario.
Una lápida con texto. Las lápidas marcan los lugares de enterramiento. En el texto pueden dar información sobre la filiación, parentesco, origen, edad, procedencia, oficio, etc. de la persona fallecida. Son un testimonio claro de la implantación del latín en uno de los campos más personales: la actitud ante la muerte. De todas formas bajo los textos en latín siguen apareciendo nombres euskaldunes como Andere, Nescato, Gison, Ummesahar, Illuna o Ibarra.
Un stylos , que se utiliza para escribir sobre tablillas enceradas: con la punta se escribe y con el otro lado se pueden hacer correcciones. También se puede escribir con una pluma o calamus , en este caso sobre pergamino o papiro utilizando tinta. El correo se puede sellar con lacre y un sello para asegurar su inviolabilidad.
Una caja que se utilizaba para proteger el sello con que se lacraba el correo oficial.
Más allá de las horas de luz es necesaria la luz artificial para poder escribir. Los sistemas más sencillos de iluminación, como las antorchas, se usan, por ejemplo, para iluminarse de noche por las calles y los caminos. Aunque también se conocen otros sistemas, el más típico es el de laslucernae o lamparillas de aceite. Éstas llegan allí donde llega el aceite, son abundantes en las ciudades y localidades del Ebro, así como en los asentamientos alaveses y de Oiasson (Irún). Incluso se utilizan para iluminar las explotaciones mineras. Las primeras lucernas llegan desde África e Italia, pero desde muy pronto se producen en el valle del Ebro.
Juegos y Espectáculos
Carreras de carros, luchas de gladiadores… el calendario romano está lleno de festividades y acontecimientos señalados que se conmemoran con espectáculos públicos. Son financiados por los poderes públicos, magistrados o personas notables, pero en ocasiones gastan tales cantidades en organizar espectáculos que el propio emperador tiene que asumir las deudas. Éstos son utilizados como una fórmula para controlar al pueblo mediante el entretenimiento. En Euskal Herria los edificios para llevar a cabo estos espectáculos son escasos: un posible teatro en Iruña y un circo en Calagurris. De todas formas, estas instalaciones no son imprescindibles porque se pueden acondicionar plazas o instalaciones temporales.
En las carreras en el circo, los carros pueden estar tirados por dos, tres, cuatro o más caballos.
El circo es un espacio rectangular con los lados semicirculares. En Calagurris (Calahorra) hubo un circo de este tipo.
El más famoso de los anfiteatros es el Coliseo de Roma. Construido entre finales del siglo I y comienzos del II se cubre con un toldo móvil para dar sombra durante los calurosos días de verano y posee complicadas instalaciones (montacargas, rampas…). Aquí se desarrollan las famosas luchas de gladiadores (con Trajano como emperador, en el año 109, 4912 parejas de gladiadores tomaron parte en los juegos que duraron 117 días). También se realizan cacerías de animales exóticos y batallas navales (es posible inundar la pista).
Además de los grandes espectáculos públicos, la cultura romana es también rica en juegos personales. Juegos de tablero como el tres en raya, las damas ( ludus latrunculorum ) y otros parecidos son de origen romano. Entre las clases más pudientes, los tableros son de materiales nobles, incluso con las dos caras utilizables. Estos tableros se ven con normalidad en los lugares públicos de las ciudades donde la gente acude a jugar. De todas formas, lo más habitual es grabar el tablero en el suelo. Hay juegos más básicos, como el pares o nones, que no necesitan tablero.
Las fichas o calculli pueden ser de materiales muy diversos. Las más sencillas son pequeños discos hechos con recipientes cerámicos en desuso, las hay también en hueso, pasta de vidrio o metal. Los dados y tabas también se usan en numerosos juegos.
Religión
En el mundo de la religión y las creencias espirituales la llegada de los romanos no ha supuesto un cambio brusco. Las creencias que ya existían anteriormente se han mantenido en gran medida y algunas nuevas del mundo romano han ido adoptándose poco a poco; muchas veces, bajo formas romanas perviven creencias y rituales anteriores. Un cambio de gran trascendencia que se da en la época Antigua es la aparición y expansión del cristianismo.
Aunque en el Imperio el cristianismo es la religión oficial desde el siglo IV. d. C, en Euskal Herria no está documentada su aparición hasta los inicios del siglo V.
Estas son algunas fechas importantes en la evolución del cristianismo:
S. I. 64 d. C. Incendio de Roma, el emperador, Nerón, culpa a los cristianos S. II. Martirios esporádicos en Roma, la Galia, Numidia… S. III.
En Euskal Herria la costumbre de inhumar (o enterrar) a los muertos no se impuso de forma generalizada hasta la época bajoimprerial. A esos momentos pertenecen los de las necrópolis de Cabriana (Comunión, Alava), Iruña/Veleia o Pompaelo, datados a partir de fines del siglo IV d. C. Anteriormente, en época altoimperial, se seguía la tradición existente a lo largo de épocas anteriores. Así la práctica más común es la de la incineración, como en las necrópolis de Santa Criz (Eslava) o Iturissa (El Espinal). La generalización de los enterremientos de inhumación está posiblemente relacionada con la influencia del cristianismo.
Todo ello se refiere a los difuntos adultos. Sabemos que para los niños se conservó la costumbre de inhumarlos en relación a las viviendas al menos hasta el siglo II d. C., como lo prueban los casos de Iruña/Veleia o Las Ermitas (Espejo).
Las lápidas se utilizan para marcar el lugar de un enterramiento. En las lápidas de época romana aparecidas en Euskal Herria aparecen representaciones diversas de símbolos astrales, motivos vegetales, representaciones de animales, de personas, en ocasiones con objetos diversos (peines, lanzas, tenaza, martillos… ).
Abastecimiento de Agua
El abastecimiento de Roma, tiene características espectaculares: 14 acueductos proporcionan mil millones de litros diarios; 247 castella (depósitos) distribuyen el agua a los diferentes barrios; la mayor parte de la población tiene que ir a las fuentes a por agua, lo cual es particularmente penoso en el caso de los habitantes de los últimos pisos de las insulae (casas con varios pisos de altura); alguna vivienda privilegiada goza de su propio suministro mediante tuberías de plomo que parten desde las fuentes.
En Euskal Herria las instalaciones hidráulicas son mucho más humildes. Sin embargo, hay también notables montajes como los de la ciudad de Andelos (Andión, Navarra) o el acueducto Alcandre-Lodosa.
Dos kilómetros al nordeste de la población está la presa que reúne el agua que necesita la población. La presa consiste en un muro realizado en opus caementicium , hormigón romano, sostenido por unos contrafuertes situados aguas abajo. A través de una cámara de llaves se regula la cantidad de agua que sale.
El agua se canaliza desde la presa hasta el depósito regulador que tiene unas medidas de 85×37 metros con una altura de 3, 5 metros, lo cual le proporciona una capacidad de 7. 350 metros cúbicos. En su interior los muros se refuerzan con 37 contrafuertes y en uno de los ángulos hay una escalera para poder limpiar el interior y realizar labores de mantenimiento. En el exterior del depósito se sitúa un pequeño edificio rectangular, es un castellum donde está la cámara de llaves para regular la salida de agua.
La distancia entre el depósito y la ciudad se salva con un acueducto que sale desde el primero y recorre 750 metros en línea recta. El agua va por unas tuberías de plomo tapadas con sillares. La canalización se sustenta en arcos de medio punto apoyados en pilares. Una vez en la ciudad el agua se distribuye desde un castellum acquae . Éste es el edificio dedicado a regular el suministro de toda la ciudad a través de diferentes canalizaciones que parten de él, alimentando así termas, fuentes o nympheos , etc.
Para suministar agua a la ciudad de Calagurris y a las industrias de la periferia de esta ciudad, como el Alfar de la Maja, regentado por Gaius Valerius Verdullus , se construyó el acueducto Alcanadre-Lodosa. El agua se captaba en la Sierra de Codés y el acueducto partía de Lazagurría. En su recorrido atravesaba el río Ebro gracias a un paso elevado. Es posible que en este punto el acueducto funcionara al mismo tiempo como puente, algo que sucede en otras ocasiones.
Economía y Comercio
Entre los años 133a. C. y 72 a. C., en la época de las guerras civiles de la república romana y por la necesidad de pagar a los contingentes militares de la Península, Roma da permiso para que determinadas ciudades del valle del Ebro acuñen su propia moneda y comienza a desarrollarse el uso de la moneda en una economía que hasta ese momento había sido de trueque.
La introducción de la fiscalidad -los impuestos se pagan sobre todo en moneda-, y el crecimiento del comercio, que ahora se desarrolla en un marco mucho más amplio y con un volumen desconocido hasta este momento, llevan a la generalización del uso de la moneda en Euskal Herria.
Muchas cerámicas llegan desde fuera de Euskal Herria, como las cerámicas comunes de la Tarraconense o las sigillatas hispánicas del área de Tritium Magallum . También llegan otras cerámicas desde Italia, las Galias, África e incluso Asia menor. En el sector de la alimentación las mercancías más comunes que se reciben son aceite, vino, salazones de pescado y grandes cantidades de ostras. Además, llegan productos de consumo menor: aceitunas, ciruelas, guindas, higos y melocotones. Aparecen también elementos metálicos de indumentaria personal (fíbulas, guarniciones de cinturón, hebillas) de origen germano.
Lo que más se produce en el campo es cereal. Las mejores tierras son las del llamado agger : la Llanada alavesa, la Rivera Navarra y los grandes valles aquitanos. En la explotación de materias primas destaca la de los recursos mineros. Se explota el hierro y la Galena del Cantábrico (en Zarautz o Arditurri, Peñas de Aia) así como la caliza roja de Ereño (sucedáneo del mármol que se utiliza en obras arquitectónicas como las termas de Arcaya (Vitoria – Gasteiz) o en Iruña/Veleia.
En Euskal Herria hay numerosos talleres relacionados con el hierro. La mayoría de ellos están destinados a refinar el mineral. Entre estos talleres o forjas están los de Forua (Bizkaia), Aloria (Arrastaria/Orduña), Las Ermitas (Espejo, Álava) o el de Iruña/Veleia.
El Calendario
El calendario romano ha ido cambiando, pero finalmente ha quedado configurado prácticamente igual al que conoces en tu época. El año se expresa normalmente mencionando el nombre de los dos cónsules en ejercicio, pero también hay otras referencias, como el tiempo transcurrido desde la fundación de Roma. Para establecer el día de cada mes sólo tres días del mes tienen nombre: laskalendae (el 1 de cada mes), las nonae (el 5 salvo para marzo, mayo, julio y octubre, que es el 7), y las idus (el 13 salvo para los meses señalados que es el 15). Así, el 4 de febrero es “un día antes de las nonas de febrero” o el 16 de julio “un día después de las idus “.
En cuanto a la semana, en un principio cada nueve días se celebraba uno de mercado que era festivo. La semana de siete días surge a lo largo del Imperio por influencia egipcia, que dedicaban un día a cada gran astro que conocían. En latín los nombres de los días son: Saturni dies (dedicado a Saturno), Solis dies (Sol), Lunae dies (luna), Martis dies (Marte), Mercurii dies (Mercurio), Iovis dies (Júpiter), y Veneris dies (Venus). Con el tiempo el día de Saturno por influencia hebrea pasa a denominarse Sábado y el día del sol por influencia cristiana y por mandato del emperador Constantino es llamado “día del Señor o Dominica dies “.
Las festividades salpican el calendario romano. Las hay fijas y extraordinarias, religiosas, conmemorativas y de carácter lúdico. Estas últimas suelen ser establecidas por los gobernantes o magistrados de turno. En los vasos conmemorativos de Gaius Valerius Verdullus podemos ver como el calendario y las prácticas festivas romanas están implantadas en nuestro entorno.
Poco a poco el calendario romano va cambiando hasta quedar más o menos como lo conocemos hoy en día. Tras la muerte de César se le da su nombre al mes en el que había nacido: Iulius(Julio). En el 8 a. C. para adular a Augusto el senado le dedica un mes: Augustus (Agosto). Así los meses y su duración queda de la siguiente manera: Ianuarius (31), Februarius (28), Martius (31),Aprilis (30), Maius (31), Iunius (30), Iulius (31), Augustus (31), September (30), October (31),November (30) y December (31).
La Política
En el siglo I d. C. el Imperio alcanza su máxima expansión. Los primeros contactos de los pueblos de Euskal Herria con Roma se dan con el proceso de anexión de Hispania. En un principio la península se divide en dos provincias: Hispania ulterior e Hispania citerior . El límite entre ambas es el Ebro, quedando la Euskal Herria peninsular dentro de la citerior . La fundación más antigua, 178 a. C. en este ámbito es la de Gracchurris (Alfaro, La Rioja). Posteriormente, Pompeyo funda dos importantes núcleos a ambos lados de los Pirineos: Pompaelo (lleva su nombre y fue fundada hacia el 75-74 a. C. ) y Lugdunum Convenarum (St. Bertrand de Comminges). Éstas serán importantes núcleos de romanización.
Terminado el proceso de conquista llegan las medidas políticas. Más allá de las etnias indígenas (vardulos, caristios, berones, vascones y autrigones), Roma establece una nueva división administrativa. La provincia citerior pasa a denominarse tarraconense (con capital en Tarraco , Tarragona) y las provincias se dividen en conventus. Así, una parte de Euskal Herria queda dentro del conventus cluniensis (capital Clunia , Coruña del Conde, Burgos), otra en el caesaraugustanuscapital Caesaraugusta (Zaragoza), y los pueblos aquitanos quedan agrupados en la provincia deAquitania .
Hacia el año 74-75 se concede derecho latino a toda la Península Ibérica y las ciudades pasan a tener mayor importancia administrativa. En el 212 el emperador Caracalla otorga la Constitutio Antoniana y todos los provincianos libres son considerados ciudadanos romanos. Marco Antonio Antonino Augusto, de sobrenombre Caracalla, es un emperador de la dinastía de los severos que reina durante los años 198 y 217.
En el entorno de las guerras sertorianas (81-72 a. C. ), Pompeyo se retira al territorio de los vascones. Allí, sobre un asentamiento previo, establece su campamento, que da lugar a la ciudad de Pompaelo . Su nombre viene de Pompeiopolis , ciudad de Pompeyo, y su situación es estratégica, ya que controla la ruta hacia Aquitania. La Pompaelo romana tenía una extensión de unas 15 Ha. El decumanus , o eje este-oeste, coincidía con la actual calle Curia y el foro con la zona de la Catedral.
Los Vardulos son un Pueblo prerromano que habitaba el este de Álava y gran parte de Guipúzcoa. Algunas de sus poblaciones más importantes fueron Tullonium (Alegría de Álava) o Alba (San Román de San Millán).
Los Caristios es uno de los pueblos prerromanos del que nos hablan los autores clásicos, ocupaba el oeste de Álava y las tierras del noroeste de Burgos, extremo oeste de Vizcaya y extremo este de Cantabria. Algunas de sus poblaciones más importantes fueron Deobriga (Cabriana) o la ciudad y puerto de la colonia Flaviobriga (Castro Urdiales).
Los Vascones son un Pueblo prerromano que habitaba lo que hoy conocemos como Euskal Herria, se extendía por todo el territorio de Navarra, extremo noreste de Guipúzcoa y otros territorios. Algunas de sus poblaciones más importantes fueron Pompaelo , Cara (Santacara) o Andelos(Andión), así como el puerto de Oiasson (Irún).
Los Berones son un pueblo de la Euskal Herria prerromana que habitaba el sur de la Sierra de Toloño, por lo tanto el poblado de La Hoya (Laguardia, Álava) correspondía a este grupo. Ocupaban también lo que hoy es la Comunidad Autónoma de la Rioja, siendo sus núcleos más importantes Vareia (Varea), Libia (Herramelluri) o Contrebia Leukade (Inestrillas, Cervera del Río Alhama).
Los autrigones son un pueblo prerromano que habitaba el oeste de Alava y de Bizkaia, junto con el este de Cantabria, noreste de Burgos y noroeste de La Rioja.
El Ejército
En el siglo II el ejército romano está compuesto por unos 150. 000 legionarios, además de numerosas tropas auxiliares. Además de las tareas estrictamente militares el ejército contribuye a la construcción de obras públicas y se encarga de vigilar las empresas consideradas estratégicas (minas, salinas…). Los legionarios son ciudadanos romanos que se alistan por un periodo de 20-25 años. Tras este tiempo obtienen su licencia y una recompensa: un lote de tierra para establecerse o un premio en metálico equivalente a la paga de doce años. Claro que… siempre está la posibilidad de rengancharse por otro periodo igual, aunque esta vez con grado. Tras el emperador Trajano (106-117 d. C. ), que realizó campañas en Dacia, Armenia, Asiria, Mesopotamia o Arabia, el Imperio romano llega a su máxima expansión. Adriano, su sucesor, se ha dedicado a consolidar las defensas para garantizar los límites territoriales. Así, se ha construido una muralla de piedra en Britania (“el muro de Adriano”) y se han fortificado las fronteras a lo largo de la línea Rhin-Danubio. Además se han fijado los acuartelamientos permanentes del ejército, lo cual hace que el contacto de los legionarios con las poblaciones vecinas sea mayor.
Los 150. 000 legionarios se distribuyen según la siguiente división: cada legión está constituida por 5. 000 hombres, cada legión en 10 cohortes de 480 hombres, subdivididas a su vez en 6 centurias de 80 legionarios mandados por un centurión. Oficialmente los legionarios en servicio no pueden contraer matrimonio, pero se las arreglan para mantener a sus familias cerca de las guarniciones. El poder adquisitivo de los legionarios contribuye al comercio en el entorno de los campamentos, en muchos casos surgen verdaderas ciudades a su alrededor, por ejemplo León surge al amparo de laLegio VII .
El soldado romano es disciplinado y muy organizado a través de una elaborada cadena de mando. Pero Roma siempre ha sido débil en lo que a caballería se refiere. Por eso ha tenido que recurrir al empleo de cuerpos auxiliares reclutados entre los indígenas de diferentes pueblos conquistados. Así, junto a las legiones combaten tropas especialistas en diversas disciplinas, como la caballería -entre las que sobresalieron pueblos como los numidas o los germanos-, u honderos -como los baleáricos. Los auxiliares al término de su servicio reciben la ciudadanía romana para sí y sus familiares.
Hay varios ejemplos que documentan la participación de vascos en el ejército romano.
En el “Bronce de Ascoli”, año 89 a. C. se expresa cómo se concede la ciudadanía romana a nueve caballeros originarios de la ciudad vascona de Segia .
Poco después, entre los años 82-72 a. C. se desarrolla la guerra sertoriana , guerra civil entre Pompeyo el grande y Sertorio. La guerra se desplazó a Hispania , donde Pompeyo funda Pompaelosobre un poblado indígena en el año 75-74 a. C. En esta guerra las ciudades de Bursao (Borja),Cascantum (Cascante), Gracchurris (Alfaro) son vasconas y aliadas de Pompeyo, mientras queCalagurris (Calahorra) es celtíbera y sertoriana. A esta época corresponde un hallazgo arqueológico encontrado en Alfaro: el “depósito de La Azucarera”. Aquí aparece numeroso armamento entre el que se encuentran varias espadas de tipo Gladius hispaniensis , modelo dotado de punta y doble filo que permite tanto lanzar estocadas como dar tajos y que es adoptado como estándar por las legiones romanas.
En el siglo I d. C existen unidades que llevan nombres de tribus de Euskal Herria: la Cohors II Hispanorum Vasconum (integrada por vascones), estacionada en Britania en el 105 d. C., la Cohors Carietum et Veniaesum (formada por caristios), o la Cohors I Fida Vardullorum (integrada por vándulos), en Britania desde el 98 d. C.
Mundo en crísis
El periodo romano, como cualquier otro de la historia, no tuvo un desarrollo lineal. La implantación del modelo romano no fue igual en todos los lugares ni entre todas las gentes.
Con todo, el esquema político, las ciudades, las calzadas, el comercio a escala desconocida… todo ello avanzó durante el Alto Imperio y nuestros territorios no fueron indiferentes. A lo largo de los dos primeros siglos de nuestra era el “patrón romano” alcanza su máxima expansión. En el siglo II empiezan a verse los primeros síntomas de agotamiento del sistema; en el siglo III se da una crisis que tiene un impacto considerable.
La crisis del siglo III se deja notar en Euskal Herria: desaparecen explotaciones agrarias, las ciudades son más pequeñas… Sin embargo, algunas ciudades, las más importantes de la vía Astorga-Burdeos, ven reforzada su posición. Durante los siglos III y IV se amurallan Lucus Augusti(Lugo), Legio (León), Asturica Augusta (Astorga), Gigia (Gijón), Veleia (Iruña), Lapurdum (Baiona) oBurdigala (Burdeos). A través de esta vía se exporta una de las más estratégicas mercancías: el cereal de la meseta necesario en la frontera del Rhin.
Pasada la crisis del siglo III se da un cierto resurgimiento. La península se ve favorecida por su alejada posición con respecto a los principales problemas bélicos y políticos del Imperio y vive una etapa de cierta bonanza. Surgen nuevos asentamientos rurales, aunque sin llegar al número de momentos anteriores, se construyen las murallas de Veleia (Iruña) y Lapurdum, se amplia el embalse de Andelos (Andión), se hacen reformas en las casas privadas…
Entre el siglo IV y V se producen determinados movimientos que algunos autores han llegado a interpretar como contestación social al sistema. Los protagonizados por los Bagaudas son conflictos violentos que protagonizan grupos descontentos de pequeños propietarios empobrecidos, proletariado urbano presionado por los crecientes impuestos y otras gentes diversas. En Vasconia se da algún episodio de este tipo en Aracillum , ubicada en el entorno de Huarte Araquil.
A principios del siglo V, los pueblos bárbaros -alanos, suevos y vándalos- cruzan los pasos del Pirineo y se adentran en la península. En el año 411 se llega a un acuerdo con la administración imperial: los suevos y una parte de los vándalos (los asdingos) reciben Gallaecia; los alanos se hacen con la Lusitania y la Carthaginensis; el resto de los vándalos (los silingos) reciben Betica. De las provincias peninsulares sólo la Tarraconensis, donde están los territorios de la Euskal Herria peninsular, queda en manos de Roma.
A principio del siglo V se inicia un fenómeno curioso: se reutilizan cuevas que habían permanecido abandonadas desde el final de la Prehistoria como lugar de habitación. En muchos casos las cuevas vuelven a ocuparse a modo de asentamientos estables.
Presumiblemente nos encontramos ante un precedente del fenómeno del eremitismo que tendrá gran peso en años posteriores. En Euskal Herria podemos citar los casos de Peña Parda, Los Moros, Solacueva, Santa Coloma, Kobairada o Los Husos en Álava; Peña Forua en Vizcaya; Iruaxpe III en Guipúzcoa o Abauntz en Navarra, pero también en las Galias y en otros lugares del Imperio aparecen casos similares. Además en estos momentos se recuperan otro tipo de enclaves estratégicos, las antiguas colinas en las que se asentaron viejos poblados de la Edad del Hierro (en Álava los casos de Ocio, Portilla, Astulez, Berbeia o Buradón).
A pesar de los cambios la vida en las ciudades continúa. Incluso una vez desaparecido el estado romano en occidente, con la deposición del último emperador (Rómulo Augusto) en el 476 por parte de los bárbaros, las mercancías siguieron circulando por las calzadas y llegando a núcleos urbanos como Veleia o Pompaelo o a asentamientos rurales como Las Ermitas (Espejo, Álava). Algunos enclaves, como Veleia, llegan a perder su carácter urbano y a despoblarse paulatinamente; otras ciudades, como Pompaelo y Lapurdum, continúan su andadura histórica adentrándose ya en la Edad Media.
Vías Romanas
Las calzadas romanas son un medio importante en la romanización. Su trazado es lo más recto posible y en las zonas más importantes, como la periferia de las grandes ciudades, se cuida mucho su realización: el perfil tiene forma de loma para que el agua se escurra por las cunetas, la cimentación es de varias capas con un drenaje especial…
En los bordes del camino se disponen los miliarios, mojones que indican la distancia cada milla romana, es decir, cada 1. 478, 5 metros.
En Italia, los miliarios indican la distancia a partir de Roma y en las provincias, a partir de la capital o la ciudad más importante. Suelen llevar una inscripción con el nombre de los magistrados o el emperador bajo cuyo mando ha sido construida o reparada la calzada.
En este mapa puedes ver cuáles son las principales vías en la Euskal Herria de época romana.
La vía Asturica-Burdigala (Astorga-Burdeos) es la más importante que cruza la Euskal Herria romana y una de las principales vías terrestres del norte peninsular. En Álava atraviesa las poblaciones de Cabriana, Iruña, Salbatierrabide (Gasteiz), Arcaya, Angostina y Abeiurmendi; en Navarra pasa por Aracilus (en el entorno de Huarte-Araquil), Alantone (Atondo), Pompaelo(Pamplona), Iturissa (Espinal), y desde aquí cruza los Pirineos a través de Roncesvalles-Ibañeta (Summus Pyreneus ) y llegando hasta Saint Jean Pied de Port ( Imus Pyreneus ). Esta ruta seguirá siendo utilizada con posterioridad a la época romana.
La vía que recorre el valle del Ebro permite conectar Deobriga (Cabriana) con Caesaraugusta(Zaragoza) y en su recorrido cruza ciudades como Calagurris (Calahorra), Graccurris (Alfaro) oCascantum (Cascante).
La calzada que une Pompaelo con Oiasson (Irún) comunica este puerto con el interior, el recorrido completo de la vía es Tarraco-Caesaraugusta-Pompaelo-Oiasso , conectando el mar Cantábrico con el Mediterráneo.
La ruta que une Flaviobriga (Castro Urdiales) con Deobriga (Cabriana) es una vía secundaria pero bastante importante ya que sirve para conectar el valle del Ebro con la costa cantábrica. Flaviobrigaes el principal enclave costero en el entorno de Euskal Herria y en esta calzada se encuentra el núcleo de Las Ermitas (Espejo), seguramente, el segundo enclave más importante de Álava después de Iruña. Esta ruta es la principal de una serie de caminos que unen diferentes puntos del interior con localidades costeras. Hay que tener en cuenta que en el mundo romano el gran comercio se desarrolla mayoritariamente por vía marítima.
Vasconia en la edad media (Siglos V-XIII)
Iñaki Bazán Díaz
Introducción. Coordenadas espacio-temporales
La historia es un saber continuo y globalizador, en la medida que estudia la evolución del Hombre sobre la Tierra, y que analiza esa trayectoria desde multitud de enfoques, pretendiendo abarcar en su integridad toda esa compleja realidad. Pero aunque no sea más que por atender a criterios didácticos y también para estimular la mejor comprensión de los fenómenos globales a través de la conveniente especialización, el historiador suele acometer el estudio de la historia a través de una parcelación del espacio y del tiempo. El espacio que ahora consideramos es exclusivamente el que corresponde a la antigua Vasconia, siguiendo las observaciones efectuadas al respecto por los autores clásicos y de la tardoantigüedad. La denominación clásica de Vasconia, que se corresponde aproximadamente con la moderna de Euskal Herria, sirve para designar un territorio situado a caballo de los Pirineos occidentales, que durante la Edad Media sirvió de asiento a una sociedad multiétnica y pluricultural, en la que no cabe hablar de unidad territorial o política compactada bajo un único gobierno personal, al igual que sucede en el ámbito de la organización eclesiástica.
La superficie total es de unos 20.500 km2. Al Sur de los Pirineos hay que distinguir la Comunidad Foral de Navarra (10.421 km2) y la Comunidad Autónoma del País Vasco (Euskadi), en la que se integran las provincias forales de Álava (3.047 km2), Guipúzcoa (1.997 km2) y Vizcaya (2.217 km2), que hacen un total de 17.682 km2, lo que representa un 86,2% del conjunto. Al Norte de los Pirineos, hay que distinguir las comarcas de Labourd (740 km2) al Oeste, el País de Soule (algo más de 750 km2) al Este y entre ambas la Baja Navarra (1.320 km2), que suman un total de unos 2.800 km2 y que vienen a representar poco más de un 27% de la superficie del Departamento francés de los Pirineos atlánticos del que forman parte.
En cuanto al tiempo, nuestro estudio se centra únicamente en la Edad Media, es decir, esos mil años de historia que van desde el siglo V al XV. Este extenso arco cronológico que constituye la etapa medieval, de acuerdo con una tradición historiográfica bien acreditada, se ha dividido, a su vez, en dos grandes períodos, separados por el año 1300. Hasta este momento asistimos al proceso de formación y consolidación de la sociedad feudal vasca, que vive su momento de clasicismo durante el siglo XII y la mayor parte del XIII. A finales de esta última centuria la sociedad vasca, al igual que la europea en su conjunto, empieza a registrar los primeros síntomas de una profunda crisis, conocida como “crisis del siglo XIV”, “crisis del feudalismo” o “crisis bajomedieval”, por utilizar algunas de las expresiones más difundidas, a través de la cual la sociedad experimentó una serie de cambios y transformaciones profundas, que afectaron tanto a la organización social como a la estructura económica, y tanto al ámbito de las mentalidades como de la vida política e institucional. Consiguientemente, cada uno de los dos grandes períodos ha sido objeto de un estudio particularizado en sendos volúmenes o CD-ROM.
Política y formación del territorio
Vasconia ante las invasiones y las diferentes respuestas
Reconstruir el curso de los acontecimientos del período tardoantigüo (siglos V al VIII) no resulta una tarea nada fácil. En primer lugar, por el grave déficit informativo y, en segundo lugar, porque las escasas y aisladas noticias son proporcionadas por cronistas de pueblos enfrentados a los vascones, con lo que su visión de la realidad resulta parcial. Son los casos de Idacio (s. V), Jordanes (s. VI), San Juan de Bíclaro (s. VI), Venancio Fortunato (s. VI), San Isidoro (ss. VI-VII), Fredegario (s. VII), Eginhardo (ss. VIII),… En los últimos tiempos, las fuentes arqueológicas han contribuido a paliar en parte este vacío documental, gracias a los yacimientos de Aldaieta (Nanclares de Gamboa, a 15 km. de Vitoria) y de Buzaga (Elorz, a 13 km. de Pamplona). Pero, veamos lo que se sabe con cierta certeza.
Vasconia peninsular ante los visigodos. La presión ejercida por los pueblos germanos invasores (alanos, suevos, vándalos, hérulos y visigodos) a lo largo del siglo V y la paulatina disolución de la estructura imperial romana en Occidente, desaparecida definitivamente en 476, marcarían un punto de inflexión respecto de la realidad socio-política precedente en Vasconia. Esta tensa coyuntura coincidiría, e incidiría negativamente, con una situación demográfica excedentaria en un medio de recursos limitados. No es extraño pues, que se desencadenaran acciones de bandidaje de grupos armados. A partir de ahora la actitud de los vascones variaría respecto a la época romana y se tornaría más belicosa. El primer aldabonazo del cambio coincide con la revuelta bagáudica (441): acciones de saqueo sobre la cuenca media del Ebro.
Las relaciones del reino hispano-visigodo de Toledo con los vascones no resultaron muy cordiales como consecuencia de su terca insumisión. Así lo demuestran las reiteradas campañas de castigo realizadas por los monarcas visigodos a lo largo de los siglos VI al VIII: Leovigildo, Recaredo, Gundemaro, Suintila, Chindasvinto, Recesvinto, Wamba y Rodrigo. Para controlar a los montañeses vascos se edificaron fortificaciones en el territorio: Victoriaco (Álava) por Leovigildo en 581 y Olite (Navarra) por Suintila en 621. Los vascones colaboraron con las fuerzas disidentes dentro de la política interna del reino visigodo, como en el caso de la rebelión de Froya contra Recesvinto (653) o la del duque Paulo contra Wamba (672). Es más, cuando los musulmanes irrumpieron en la Península (711), el monarca Rodrigo trataba de sofocar un nuevo levantamiento vascón, en este caso en apoyo de Witiza.
Navarra ante musulmanes y francos. Dentro del territorio de los vascones cabe distinguir dos áreas diferenciadas: la cuenca media del Ebro (La Ribera, Tarazona y Calahorra) y el distrito de Pamplona. La primera se encontraba regida por el conde hispano-godo Casio. Hacia el 714 los ejércitos invasores musulmanes, que remontaban el curso del Ebro desde Zaragoza, establecieron contacto con Casio, quien, ante la seria amenaza, optó por convertirse, junto a su familia, al Islam y prestar homenaje de fidelidad al califa de Damasco. De este modo conservaba su poder en la zona. En adelante, los descendientes del conde Casio serían conocidos bajo la denominación de Banu Qasi. La segunda área, la del distrito de Pamplona, opuso una inicial resistencia a los musulmanes, pero finalmente capituló en una fecha anterior al año 718. Se establecía un protectorado musulmán sobre esta zona, obligada a pagar tributos. El interés por esta zona radica en ser la vía de acceso a la Galia a través del Pirineo occidental y pujaban por su control los dos poderes políticos hegemónicos del momento: el emirato Omeya de Córdoba y los francos carolingios. Durante la rebelión del valí de Zaragoza contra el emir Abd al-Rahman I, se ofreció la ciudad a Carlomagno, pero cuando se presentó con su ejército, otro de los sublevados rehusó entregarla. Carlomagno se retiró y a su paso por Pamplona arrasó sus fortificaciones para debilitar la presencia musulmana en la zona. Al cruzar los Pirineos por Roncesvalles su retaguardia resultó aniquilada (778).
Es en estos momentos cuando la nobleza vascona se une entorno a un jefe militar, capaz de hacer frente a las presiones provenientes del Sur (musulmanes) y del Norte (francos carolingios). Se perfilan dos bandos: uno encabezado por los Velasco, proclives a aliarse con los carolingios, y otro por los Íñigos, partidarios del poder cordobés. En 799 el bando procarolingio consiguió eliminar al gobernador musulmán de Pamplona, Mutarrif ibn Musa, un Banu Qasi. No obstante, poco tiempo después, los Íñigos, con apoyo de los Banu Qasi, recuperaron el control sobre el territorio. Tras la tregua suscrita con el emir Al-Hakam I (812), el emperador carolingio Ludovico Pío se apoderó de Pamplona e instaló en el poder al magnate Velasco al-Galasqí. El emir lanzó una ofensiva para erradicar la amenaza carolingia del distrito de Pamplona, resultando victorioso en 816. A pesar de algunos intentos posteriores, finalmente los carolingios renunciaron a controlar el distrito de Pamplona, quedando en poder de Eneko Arista (816-851).
Este último prefería mantener alianzas con los Omeyas a través de los Banu Qasi de La Ribera, con los que le unían lazos de parentesco. De esta forma, durante buena parte de la primera mitad del siglo IX, el distrito de Pamplona se vio libre de las aceifas musulmanas que situaban su punto de mira sobre la vecina Álava. Arista fallecía hacia 851, siendo sustituido por su hijo García Iñíguez hasta el 882. A lo largo de este período comenzaron a enfriarse las tradicionales buenas relaciones de los Íñigos con sus parientes del Sur, los Banu Qasi. Este distanciamiento favorecía el encuentro con la monarquía asturiana. Así, cuando el enfrentamiento con líder de los Banu Qasi, Musa ibn Musa, se hizo inevitable, García Iñíguez contó con el apoyo de Ordoño I, derrotándolo en la batalla de Monte Laturce (Clavijo, 859). De este modo surgía una frontera militar entre los territorios de los parientes, otrora aliados, y comenzaba la Reconquista en el área navarra.
Álava ante los musulmanes. El nacimiento de Álava como enclave diferenciado se debe al papel de zona de encuentro que le asignó la dinámica de los acontecimientos durante el periodo de las invasiones, ante godos y musulmanes, y en los comienzos de la Reconquista, entre las monarquías pamplonesa, astur-leonesa y castellana. Las primeras noticias se localizan en la Crónica de Alfonso III, redactada hacia el 883, aunque en ella se mencionan las andanzas de Alfonso I (739-757). Se asegura que fue una tierra que siempre poseyeron sus moradores, o lo que es lo mismo, que no fue poblada por gentes venidas del otro lado del Duero tras la invasión musulmana. Parece ser que el territorio fue sometido a la órbita política del reino astur por Fruela (m. 768), arrebatándolo al emirato cordobés, que veía en la zona una vía de penetración natural hacía el Noroeste peninsular, lo que justifica las numerosas expediciones de saqueo (aceifas) en busca de rehenes, botín y el pago de tributos acontecidas entre el 767 y 903. Algunos reyes astures tomaron esposas entre las mujeres de los linajes locales más representativos como una forma de mantener su fidelidad. El caso más conocido es el de Munia, madre de Alfonso II. Hacia el siglo IX la monarquía astur debió organizar Álava bajo la forma política de un condado, trastocando definitivamente las anteriores estructuras socio-económicas.
Vasconia continental ante visigodos, francos y musulmanes. La provincia romana de Novempopulania, inscrita entre el curso del Garona y los Pirineos occidentales, pasó a ser denominada Vasconia por los francos. Esta zona formaba parte del territorio sobre el que se asentaron los visigodos tras el pacto de 418 con Roma. Pero a raíz de la batalla de Vouillé (507) los visigodos fueron derrotados por los francos merovingios de Clodoveo y expulsados a Hispania. Aunque Vasconia había quedado integrada en la órbita política franca, mantuvo cierto margen de independencia, favorecida por la debilidad de la monarquía. Esta situación era fuente de constantes tensiones militares con los monarcas merovingios, que buscaban controlar las fuerzas centrífugas vasconas. Por ello, los reyes Thierry II y Teodoberto II establecieron el ducado de Vasconia en 602, con un duque dependiente, Genial. Con esta medida se buscaba organizar una marca militar que permitiera vigilar a los levantiscos vascones, recoger sus tributos y administrar justicia como atributo de la soberanía franca en el territorio. Pero no dio el resultado esperado porque los vascones continuaron rebelándose: “wascones rebelles”, según definían los cronistas. En tiempos de Dagoberto quedaron sometidos tras sufrir una dura represión (635-638). En la siguiente centuria, hacia los años 718-721, se crearía el principado de Aquitania por Eudón, aprovechando el prestigio que le proporcionó la derrota que infringió a los musulmanes. Eudón, al igual que sus sucesores, contaría con el apoyo militar de los vascones para enfrentarse a la naciente dinastía franca carolingia. Carlomagno (768-814), con objeto de solventar definitivamente esta recurrente situación, decidió articular este territorio políticamente, de forma que se reconociera su particularismo. Así, en 781, fundó un nuevo reino satélite para su hijo Luis (Ludovico Pío) con los territorios de Aquitania, Vasconia y Septimania. El joven Luis se presentó ante la dieta de Paderbon vestido a la usanza vascona. En la siguiente centuria el protagonismo correspondió a los invasores normandos, estableciendo en Bayona su base de operaciones. Durante el tiempo que permanecieron en Gascuña se supone que trasmitieron sus conocimientos de navegación y pesca a los vascos.
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“Hizo también al comienzo de su reinado [Suintila] una expedición contra los vascones, que con sus correrías infestaban la tarraconense; en aquella ocasión estos pueblos, acostumbrados a correr por las montañas, fueron víctimas de tal terror ante la llegada de Suintila, que al punto, como si reconocieran ser justos deudores, arrojando sus armas y dejando expeditas sus manos para la súplica, doblegaron ante él sus cuellos, suplicantes; le dieron rehenes, fundaron la ciudad goda de Olite con sus prestaciones y trabajo, y prometieron obediencia a su reino y autoridad y cumplir cuantas órdenes les fuesen impuestas”. San Isidoro de Sevilla, De origine gothorum.
“Franqueó [Carlomagno] los Pirineos, recibió la sumisión de todos los lugares y castillos que encontró en su camino, y volvió sin que su ejército hubiese sufrido ninguna pérdida, teniendo en cuenta que, en la travesía de los Pirineos, a la vuelta, tuvo ocasión de probar momentáneamente la perfidia wascona. Cuando su ejército caminaba en una larga fila, tal como era necesario por la estrechez del camino, los wascones les tendieron una emboscada, pues la espesura del bosque en ese lugar era propicia para ello, y bajaron de lo alto del monte, se echaron sobre la impedimenta trasera y las tropas que cubrían el grueso del ejército. Entablada la lucha, mataron hasta el último hombre, tomaron los equipajes y se dispersaron rápidamente apoyados en las primeras sombras de la noche. Les ayudaba a los wascones, en este momento, la ligereza de su armamento y la configuración del terreno, y los francos tenían en su contra la pesadez de sus armas y la posición que era peor que la de los wascones. Murieron en esta lucha el senescal Eggihardo, el conde de palacio Anselmo, y Rolando, duque de la marca de Bretaña, así como otros muchos. Esta derrota no pudo ser vengada sobre la marcha, porque los enemigos, dado el golpe, se dispersaron y nadie podía asaber a qué lugar del mundo era necesario ir a buscarlos”. Eginhardo, Vita Karoli Magni Imperatoris.
“En el año de la hégira 208 [823-824 del calendario cristiano] tuvo lugar la campaña de Álava. Abd al-Karim ibn Abd al-Wahid emprendió la campaña estival contra esta plaza. Se instaló en la frontera donde se concentraron las tropas musulmanas, y después de que le informaran sobre el camino mejor para entrar en el país enemigo, se acordó entrar por Álava por ser el camino más perjudicial para los cristianos, y el mejor para dominarlos. Los nuestros se adentraron por el puerto de Djernik, más allá del cual había una llanura que era la fuente de aprovisionamientos del enemigo y donde guardaba sus tesoros; cayeron sobre este territorio del que se apoderaron en su mayor parte, saquearon el contenido de los almacenes, se entregaron a la devastación de los lugares habitados y aldeas por donde pasaron, y lo transformaron en desierto. Después regresaron victoriosos y cargados de botín”. Ibn Idhar, Historias de al-Andalus y el Magreb.
El reino de Pamplona
Tradicionalmente se ha considerado a Íñigo Arista como el primer monarca de Navarra; sin embargo, tanto él, como su hijo y nieto, integrarían una etapa de caudillaje en el poder político que la historiografía navarra define como un reino en estado latente. Será con Sancho Garcés I (905-925) cuando se forja realmente el armazón del nuevo reino de Pamplona y se iniciaba la dinastía Jimena. Asumiría el ideal neogótico y de Reconquista en vigor en el reino astur-leonés, al igual que el modelo de escritura y los usos litúrgicos. Finalizaba también la política de sujeción al Islam de su predecesor, pasando a la acción: reconquista de Deyo (Tierra de Estella), riberas del Ega, Arga y Aragón, y de La Rioja Alta (Nájera, Calahorra, Viguera).
Con Sancho Garcés III el Mayor (1004-1035) se inauguraba una de las etapas más gloriosas de la monarquía pamplonesa, al extender su hegemonía al resto de espacios políticos cristianos de la Península, lo que le valió la denominación de Rex Hispaniarum. En efecto, a la herencia paterna, compuesta por el reino de Pamplona-Nájera y el condado de Aragón, añadió los condados de Castilla, Sobrarbe y Ribagorza, su protectorado sobre el reino de León y unas iniciales pretensiones sobre el ducado de Gascuña a la muerte de su titular, su tío Sancho Guillermo. A pesar de controlar un territorio tan extenso, no tuvo un proyecto de reino unitario, al contrario, mantuvo el status jurídico y político de cada condado y reino, y a su muerte los dividió a través de la dotación de sus hijos: a García Sánchez le correspondió el reino de Pamplona-Nájera, el País Vasco peninsular y la mitad oriental y septentrional del condado de Castilla; a Fernando la otra mitad del condado castellano; a Gonzalo los condados de Sobrarbe y Ribagorza; y a Ramiro, Aragón. Esta dotación de los hijos de Sancho el Mayor desataría unas difíciles relaciones entre los hermanos y sucesores como consecuencia de sus ansias de poder, que finalizaría con la desintegración del reino pamplonés, consumada en dos actos: la batalla de Atapuerca (1054), donde muere García Sánchez III el de Nájera, y el regicidio de Sancho Garcés IV en Peñalén (1076).
El desconcierto creado y el vacío de poder fueron aprovechados por Alfonso VI de Castilla para tomar La Rioja y el País Vasco peninsular y por Sancho Ramírez de Aragón para hacerse con el resto del reino de Pamplona. Esto significó la unión dinástica de los reinos de Pamplona y Aragón bajo los monarcas Sancho Ramírez (1076-1094), Pedro I (1094-1104) y Alfonso I el Batallador (1104-1134). Durante ella se produjeron dos de los hitos de mayor trascendencia para la Vasconia medieval: el nacimiento del mundo urbano, a través de la extensión del modelo de fueros de francos (Jaca, 1063 y Estella, 1090); y el avance de la Reconquista a través del valle medio del Ebro, con la toma de las importantes plazas de Zaragoza (1117), Tudela (1119) y Calatayud (1120). Tras el absurdo testamento del Alfonso I el Batallador, que nombraba herederos de su reino a las órdenes militares del Santo Sepulcro, Hospitalarios y Templarios a falta de un descendiente directo, se puso fin a la unión dinástica de Pamplona y Aragón. Los barones aragoneses eligieron a Ramiro, obispo de Roda, pero la elección no satisfizo a los barones navarros, que optaron por García Ramírez, biznieto de García el de Nájera.
Con García Ramírez (1134-1150) quedaba restaurada la independencia de Pamplona como reino. El hijo del Restaurador, Sancho VI el Sabio (1150-1194), cambiaría la tradicional denominación de rex Pampilonensium por la de rex Navarrorum; por tanto, desde este momento el reino pasaba a denominarse Navarra. Ahora comenzaba el primer gran episodio del enfrentamiento entre Navarra y Castilla por la posesión del espacio riojano y territorios vasco peninsulares, consumado en 1200 con su hijo Sancho el Fuerte, que lo perdió ante Alfonso VIII de Castilla. A partir de esa fecha Navarra quedaba configurada de acuerdo a los actuales perfiles de la comunidad foral, a los que habría que añadir un apéndice por su flanco suroccidental, formado por Bernedo, Laguardia y San Vicente de la Sonsierra (perdido en 1463) y otro al Norte, Ultrapuertos (perdido en 1530).
La muerte de Sancho VII el Fuerte (7 abril 1234, Tudela) sin descendencia directa posibilitó la entronización de su sobrino Teobaldo de Champaña, soberano “de extraña nación y extraño lenguaje”, según se menciona en el Fuero navarro. Con los dos primeros monarcas de la casa de Champaña el reino adquirió un prestigio y una proyección internacional ausentes anteriormente, fruto de su participación en las Cruzadas, en la guerra por la sucesión del condado de Bigorra o por las relaciones de parentesco directas establecidas con la casa real francesa. A nivel interno, los cambios operados a partir de esta dinastía marcarían, en buena medida, el rumbo posterior del entramado jurídico-institucional. Con Teobaldo I se asiste a la construcción del hasta entonces inexistente aparato estatal, a través de una revolucionaria modernización de la administración. Esta reforma afectó al sistema tradicional de administración territorial (sustitución de las tenencias por las merindades), fiscal (nuevos métodos de contabilidad y la introducción de los registros de cuentas anuales) y del reino (en ausencia del rey el gobierno era responsabilidad de un senescal). Además del senescal o gobernador se improvisaron otros nuevos cuadros funcionariales, como el chambelán (tesorero), el canciller, el merino o el baile, copados, en su mayor parte, por gentes extranjeras provenientes de Champaña.
Durante la minoridad de Juana I de Navarra, hija de Enrique I de Champaña, había quedado como depositario del reino el monarca francés Felipe III el Atrevido y que en 1275 enviaba un gobernador con plenos poderes, Eustaquio de Beaumarchais. Los navarros no aceptaron semejante imposición y se sublevaron, siendo uno de los epicentros el barrio pamplonés de la Navarrería. El soberano envío un poderoso ejército para sofocar la rebelión antifrancesa, que arrasó la Navarrería (poblado por gentes navarras). En 1285 el esposo de Juana heredaba el trono francés y pasaba a ser Felipe IV el Hermoso. Este hecho significó que la Corona navarra quedara incorporada a la dinastía Capeta. Los tres hijos varones del matrimonio ocuparían sucesivamente el trono navarro: Luis I el Hutín (1306-1316), Felipe V el Largo (1316-1322) y Carlos I el Calvo (1322-1328).
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“Sepan cuantos esta presente carta vieren e oyeran como nos, Eustaquio de Beaumarchais, gobernador de Navarra, fuimos enviado por el noble señor rey de Francia por gobernador de Navarra en vez e en nombre de doña Juana [I], noble reina de Navarra, la cual tienen en comanda el señor rey de Francia antedicho e como nos trabajamos en gobernar el dicho reino de Navarra, queriéndolo mantener en paz e en justicia, a nuestro leal poder, los ricos omes de Navarra mandaronnos que nos fuesemos de la tierra e quisieronnos echar del reino e nos, viendo que por esta carrera la dicha reina podría perder el reino de Navarra, hubimos a ensayar e a rogar a los burgueses e a los omes buenos del Burgo de Sant Cernin e de la Población de San Nicolás de Pamplona que nos ayudasen y nos defendiesen [... ], por la cual guerra nos hubimos a encerrar en el dicho Burgo e Población en los cuales lugares nos tubieron cercado los dichos ricos omes e los omes de la Navarrería con iures poderes combatiéndonos de ingenios e de fuegohasta que nuestro señor el rey de Francia nos envió socorro [... ]“. Guerra de la Navarrería de las gentes navarras contra el dominio francés del reino, 1276.
La diferenciación de los espacios políticos de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya
Los territorios históricos de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa entraron tardíamente en la Historia medieval. Las primeras noticias sobre los dos primeros pertenecen al siglo IX, mencionados en la Crónica de Alfonso III, donde se relatan las andanzas de Alfonso I (739-757). Guipúzcoa tuvo que esperar hasta el siglo XI para ser citada por primera vez en los documentos; concretamente en la donación del monasterio de San Salvador de Olazábal a la abadía aragonesa de San Juan de la Peña en 1025. La evolución inicial de sus respectivas personalidades político-territoriales se enmarca en el proceso de formación de las diversas monarquías cristianas de los comienzos de la Reconquista: la astur-leonesa al Oeste, la pamplonesa al Este y la de Castilla al Suroeste. En los siglos IX y X los condes alaveses se encontraban vinculados a los reyes astur-leoneses. En el siglo XI, en tiempos del monarca Sancho III el Mayor, Álava, Guipúzcoa y Vizcaya permanecían incorporados en el reino de Pamplona. Tras el regicido de Peñalén (1076), los referidos territorios vascos, junto con el Duranguesado, pasaron a vincularse a la órbita política de la Castilla de Alfonso VI, abandonando la de Pamplona. En 1134 se produjo la restauración del reino de Pamplona con García Ramírez. Tanto él, como su hijo Sancho VI el Sabio, consiguieron recuperar los territorios vascos perdidos tras los acontecimientos de Peñalén, con excepción de las Encartaciones. En 1200 Alfonso VIII incorporaba definitivamente los territorios de Álava (excepto Laguardia y su tierra), Guipúzcoa y Duranguesado a la Corona de Castilla. Vizcaya había abandonado la órbita política navarra por la castellana unos años antes, en 1180. El Duranguesado se incorporaba a Vizcaya en 1212, como consecuencia de su donación al señor Diego López de Haro II por el monarca Alfonso VIII. En el caso de las Encartaciones el proceso fue más gradual, prolongánose a lo largo de varios siglos: en el XI Santurce y Gordejuela; en el XII Somorrostro y Carranza; a fines del XIII la villa de Lanestosa; y en la siguiente centuria, Valmaseda.
El primer conde alavés conocido fue Elyo (868); el primer señor de Guipúzcoa documentado fue García Acenariz (1025) y el primer conde de Vizcaya conocido fue Momo (920). En 1040 surgió al frente del condado de Vizcaya la dinastía de los López de Haro.
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“Por aquel tiempo se pueblan Primorias, Liébana, Trasmiera, Sopuerta, Carranza, las Vardulias, que ahora se llaman Castilla, y la parte marítima de Galicia; pues Álava, Vizcaya, Alaone (¿Ayala?) y Orduña está comprobado que siempre estubieron en poder de sus habitantes, como Deyo y Berrueza”. Crónica de Alfonso III.
“Al mismo tiempo, los sitiados de Vitoria, fatigados por las luchas y trabajos y extenuados por la falta de víveres, vinieron a situación de tener que entregarse. El venerable García, obispo de Pamplona, cuidando generosamente de su libertad, como correspondiese el peligro del hambre, se fue apresuradamente al rey Sancho [VII el Fuerte] en tierra de los árabes, con uno de los sitiados, y expuesta la realidad de las cosas, obtuvo del rey que se entregase Vitoria al [rey] de Castilla. Volvió en el tiempo marcado con aquel caballero que habían enviado los sitiados de Vitoria y expuso la orden de Sancho de que se entregase la ciudad y el castillo. Obtuvo de este modo el noble rey Alfonso [VIII de Castilla], Vitoria, Ibida, Álava, Guipúzcoa con sus plazas y castillos, excepto Treviño (castillo), que en trueque de Inzura le fue después dado. Dio también del mismo modo Miranda (de Arga) por Portilla. Adquirió San Sebastián, Fuenterrabía, Beloaga (valle de Oyarzun), Zaitegui, Aizcorroz (Arlabán), Arlucea, Arzorocia, Vitoria la Vieja (Vitoriano), Marañón, Ausa (Elosua), Ataún, Irurita y San Vicente (de Arana). Ciertamente, el rey de Navarra volvió cargado de regalos del Agareno, pero despojado de todo lo dicho y del honor”. Rodrigo Jiménez de Rada, Historia de los hechos de España.
Del ducado de Vasconia a la formación de los vizcondados en el País Vasco continental
Aunque los condes gascones mantenían una dependencia feudal con relación a la monarquía francesa, sin embargo, y debido probablemente a la proximidad geográfica y a las similitudes en sus usos y costumbres, tuvieron estrechas relaciones dinásticas con gobernantes del otro lado de los Pirineos: el conde Guillermo Sánchez de Gascuña contrajo matrimonio con Urraca, hija del rey pamplonés García Sánchez I (925-970); del matrimonio nació Sancho Guillermo de Gascuña (1009-1032), quien frecuentó la corte pamplonesa de su sobrino Sancho III el Mayor. Hacia 1063 el ducado de Aquitania y el condado de Gascuña quedaron en manos de un mismo titular, Guillermo VIII. La debilidad de los Capetos en el trono francés facilitó que la dinastía ducal aquitana incidiera en su tradicional sentimiento independentista. Por otra parte, es ahora cuando Gascuña aparece reorganizada en distintos vizcondados (Labourd o Soule), al frente de los cuales se impusieron familias de la aristocracia local, unidas a los duques de Aquitania por vínculos feudo-vasalláticos.
A la muerte del duque Guillermo X de Aquitania (1134) tuvo lugar el enlace de su hija Leonor con Luis VII de Francia; que fue disuelto ante la inexistencia de descendencia, por lo que pudo contraer nuevo matrimonio con Enrique Plantagenet (1152), futuro Enrique II de Inglaterra (1154). De este modo Aquitania y Gascuña pasaron a ser una dependencia feudal de la monarquía inglesa, heredadas por el primogénito Ricardo Corazón de León. Su política centralizadora y represiva frente a las actitudes centrífugas quedó puesta de manifiesto en el vizcondado de Labourd y Soule. La dinastía vizcondal de Labourd fue iniciada Lupo Sancho, que entroncaba con la casa real pamplonesa, ya que su abuelo era Ramiro García, segundo hijo de García Sánchez II (994-1004) y hermano de Sancho II el Abarca (970-994). Los miembros de la familia vizcondal fueron agraciados con tenencias y honores en los territorios bajo dominio de la monarquía pamplonesa e incluso participarían junto a ella en la Reconquista del valle del Ebro. Ricardo Corazón de León lanzó una campaña militar para controlar el vizcondado, finalizada con la toma de Bayona (1177). El príncipe inglés remplazaría al último vizconde, Guillermo Raymond, por un funcionario real: el baile. Igualmente separó administrativamente el vizcondado en dos partes diferenciadas (1190): la tierra de Labourd, gobernada por el baile, y la ciudad de Bayona, gobernada por un preboste. Es ahora, bajo dominio inglés, cuando se produjo el despegue demográfico y económico, por un lado, y la autonomía administrativa de la ciudad portuaria de Bayona, por otro, gracias a la importante relación comercial con Inglaterra y al fuero municipal renovado por Juan sin Tierra en 1215. Por lo que respecta al País de Soule, ciertamente es poco lo que se sabe con anterioridad al siglo XI, momento de su constitución como vizcondado feudal incluido en el condado de Gascuña. La principal amenaza para consolidar su independencia fue la constante presión ejercida por los vizcondes del Bearne, que pretendían su anexión, que quedaba paliada mediante la protección del reino navarro. Pero la boda de Leonor de Aquitania con Enrique II de Plantagenet (1152) supuso la conversión del ducado de Aquitania y condado de Gascuña en una dependencia feudal inglesa, incluido el vizcondado de Soule. Los vizcondes de Soule no aceptaron de buen grado el dominio de Inglaterra; así, Auger III se enfrentó militarmente contra Eduardo III de Inglaterra. Sin embargo, su derrota se consumó en 1261, quedando desposeído del vizcondado. En compensación por la pérdida el monarca franco-navarro le hizo entrega del señorío de Rada y del título de alférez real de Navarra.
A finales del reinado de Sancho VI el Sabio comenzaría la influencia navarra sobre Ultrapuertos, futura Baja Navarra, reconocida en el acuerdo matrimonial alcanzado entre el referido monarca y Leonor de Aquitania para casar a sus respectivos hijos, Berenguela y Ricardo Corazón de León en 1191. Hacia 1194 el rey navarro instalaba un castellano en San Juan de Pie de Puerto, cuya autoridad se extendía por los valles de Baigorry, Ossès, el país de Cisa, la tierra de Arberoue,… Pero el dominio e incorporación de las tierras de Ultrapuertos a la Corona navarra quedaría consolidado por la vía de las relaciones feudo-vasalláticas. Entre los años 1194 y 1228 diversos señores de la zona, el vizconde de Tartas y de Dax, el señor de Agramont o el señor de Luxa, realizarían homenajes de vasallaje al monarca Sancho el Fuerte, renovados con los monarcas posteriores.
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“Tras la Navidad del año 1177, (Ricardo) puso en sitio a la ciudad de Dax, que Pedro, vizconde de Dax, y el conde de Bigorra habían fortificado contra él, y al cabo de diez días se amparó de ella. Seguidamente asedió la ciudad de Bayona, que Arnaldo Bertrand, vizconde de Bayona, había fortificado contra él, e igualmente al cabo de diez días se amparó de ella: hizo seguidamente avanzar a su armada hasta el puerto de Cize, llamado ahora puerta de España, puso cerco al castillo de Saint-Pierre, lo tomó y lo demolió. Obligó además por la fuerza a vascos y navarros a jurar que en adelante y por siempre guardarían la paz con los extranjeros y entre sí [... ]“. Roger Hoveden, Annalium pars.
Instituciones forales y locales
Fueros territoriales
Los fueros territoriales de Navarra y Vizcaya remiten a normas no formuladas de carácter consuetudinario (uso y costumbre) e inmemorial, asumidas por la sociedad y que regulan cuestiones relativas al ámbito del derecho civil (relaciones privadas entre los individuos), penal y procesal. En un momento concreto y datable esos usos y costumbres se plasmaron por escrito y se reconocieron como ley, produciéndose la institucionalización de la tradición normativa: en Navarra a través del Fuero Antiguo (base del General) en el siglo XIII y en Vizcaya a través del Cuaderno Penal de Juan Núñez de Lara en la primera mitad del siglo XIV.
A la muerte de Sancho VII el Fuerte la Corona navarra quedó en manos de una dinastía extranjera (francesa), la casa de Champaña. Sus métodos de gobierno y administración del reino desde una perspectiva centralista concitó la oposición de la nobleza y la jerarquía eclesiástica. Para remediar esta situación se nombró una comisión compuesta por barones, caballeros, clero, el obispo de Pamplona y el propio rey. Esa comisión elaboró el primer texto jurídico escrito de Navarra y en él se recogía el ordenamiento consuetudinario del reino y se reconocían las bases consuetudinarias del reparto del poder entre la monarquía y los grupos sociales dominantes, limitando el acceso al mismo a los extranjeros. Así surgió el Fuero Antiguo, al que se irían añadiendo los diversos amejoramientos en los siglos XIV y XV, conformando todos ellos el denominado Fuero General de Navarra, que regulaba todas las facetas de la vida cotidiana de los navarros. En resumen, este Fuero regulaba las relaciones sociales, las actividades económicas, la fiscalidad, la herencia, los casamientos, el sistema procesal y penal, etc.; pero también, y lo que es más importante, establecía un régimen pactista para la monarquía, según el cual, el rey no podría gobernar sin el consenso y consejo de los doce linajes principales de Navarra: Aibar, Almoravid, Baztán, Cascante, Guevara, Lehet, Mauleón, Monteagudo, Rada, Subiza, Urroz y Vidaurre.
Para Vizcaya se disponen de noticias sobre la existencia de normas no formuladas de carácter consetudinario para cada uno de sus agregados territoriales: Tierra Llana, Encartaciones y Duranguesado. La primera manifestación escrita se plasmaría en el denominado Cuaderno Penal de Juna Núñez de Lara de 1342. Se trata de un texto que recopila los usos y costumbres de la Tierra Llana a la hora de administrar justicia penal, además de ciertas disposiciones alusivas a los derechos del Señor de Vizcaya e hidalgos respecto del aprovechamiento de los montes. Este Cuaderno surge por el interés del señor consorte de Vizcaya, Juan Núñez de Lara, casado con María Díaz de Haro II, por conocer el derecho vizcaíno, para lo que convocó una Junta General en Guernica.
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“E si por ventura viniese cosa que fuese Rey hombre de otra tierra, o de extraño lugar o de extraño lenguaje, que no les diese en esa tierra más de V en bailía, ni en servicio de Rey hombres extraños de otra tierra. E que Rey ninguno que hubiese poder de hacer Corte sin consejo de los ricos hombres naturales del Reino, ni con otro Rey o Reina, guerra ni paz, ni tregua no haga, ni otro granado hecho o embargamiento de Reino, sin consejo de XII ricos hombres o XII de los mas ancianos sabios de la tierra”. Fuero General de Navarra (tít. 1, cap. I).
Fueros locales de francos o municipales
A finales del siglo XI, la tradicional sociedad rural medieval de Vasconia quedó trastocada con la aparición del mundo urbano. El monarca Sancho Ramírez impulsó el surgimiento de ciertos enclaves dotados de un entramado jurídico-institucional totalmente nuevo, con objeto de posibilitar el desarrollo de la economía comercial y artesanal, aprovechando la coyuntura favorable del Camino de Santiago y el importante tránsito de peregrinos provenientes de tierras galas. Comenzó por Jaca (c. 1063) y extendió su modelo a Estella (1090). Su inciativa fue seguida por Alfonso VI de Castilla en Logroño (1095). El instrumento elegido para esta política fueron los denominados fueros de francos o municipales o cartas pueblas. Este nuevo marco legal revolucionó la estructura social y económica de la época: 1) al ampliar el espectro social con la introducción de un nuevo orden, más libre y privilegiado, que se adaptaba parcialmente el estatuto tradicional de los hidalgos e infanzones: el burgués; y 2) al posibilitar nuevas actividades productivas (artesanía y comercio) y al organizar y regular el mercado semanal como centralizador y distribuidor de la producción de su entorno rural.
Los primeros núcleos urbanos obedecieron, por tanto, a un móvil económico y se encontraban jalonando los hitos más importantes de la ruta jacobea a su paso por tierras navarras. En 1094 se concede fuero de francos a Sangüesa, en 1122 a Puente la Reina, en 1129 al burgo de San Cernín de Pamplona, en 1149 a Monreal, escala menor de la ruta entre Sangüesa y Puente la Reina,… El monarca Sancho VI el Sabio también recurrió a este sistema, pero ahora el móvil económico cedió paso al militar ante la coyuntura política de enfrentamiento con Castilla. Con las nuevas fundaciones se buscaba ante todo fortalecer el flanco Suroeste del reino: Laguardia (1164), San Vicente de la Sonsierra (1172), Los Arcos (1175), Vitoria (1181), Antoñana y Bernedo (1182), Treviño (antes de 1191), La Puebla de Arganzón (1191) y Labraza (1196). Tras los acontecimientos de 1200 (pérdida de Álava y Guipúzcoa) le correspondió a Castilla defender su nueva frontera con Navarra y el monarca Alfonso X el Sabio actuó en consecuencia, fundando, de Sur a Norte, las villas de Peñacerrada, Santa Cruz de Campezo, Corres, Contrasta, Segura, Villafranca de Ordicia y Tolosa (1256).
El interés por la economía comercial ligada al tráfico marítimo fue inaugurado por Sancho VI el Sabio a partir de la fundación de San Sebastián (1180) y potenciado por Castilla, al urbanizar buena parte del litoral guipuzcoano en el siglo XIII: Fuenterrabía (1203), Motrico y Guetaria (1209) y Zarauz (1237). A partir de mediados de esa centuria se profundizaría aún más en la política fundacional de villas, pero ahora con la intención de establecer pasillos entre el interior y los puertos de embarque de las mercancías, consolidando una nueva ruta comercial, la Sur-Norte, diferente a la tradicional del Camino de Santiago de orientación Este-Oeste. En este sentido el monarca Alfonso X el Sabio desarrollaría una actividad sin precedentes, al inaugurar tres rutas que partían desde Vitoria a la costa: a través del valle del Deva, con las villas de Mondragón (1260) y Vergara (1268); a través de Salvatierra (1256), túnel de San Adrián y el valle del Oria, con las fundaciones ya mencionadas de Segura, Villafranca de Ordicia y Tolosa; y a través de Arceniega (1272), por el puerto seco de Altube, hacia Ladero y Castro Urdiales.
El Señorío de Vizcaya llevaba un retraso considerable en el proceso urbanizador en comparación con el resto de territorios vascos. Con anterioridad a 1290, momento de la fundación de Durango y Ermua, tan sólo contaba con cinco villas, mientras que Guipúzcoa duplicaba ese número y Álava y Navarra lo triplicaba. Esas cinco villas eran esencialmente accesos al Señorío desde Burgos, por las Encartaciones (Valmaseda, 1199, y Lanestosa, 1287) y por Orduña (1229), y desde Vitoria por Ochandiano (1254). Únicamente Bermeo (1236) abría la costa vizcaína al comercio marítimo. Las cosas cambiarían radicalmente con Diego López de Haro el Intruso, ya que comprendió las potencialidades económicas del nuevo eje comercial Sur-Norte para Vizcaya y para su propia hacienda señorial. Por ello fundó las villas de Durango y Ermua en el interior, y encarriló definitivamente a Vizcaya por la senda del comercio marítimo con Plencia (1299) y Bilbao (1300).
En Tierras de Ultrapuertos, a fines del siglo XII, Sancho VI erigía San Juan de Pie de Puerto a orillas del Nive, con su castillo, para potenciar la presencia navarra en la zona.
Documentos
“[... ] Yo, Sancho, por la gracia de Dios, rey de Navarra, hago este documento de confirmación y corroboración para todos vosotros, mis pobladores de la nueva Vitoria, tanto presentes como futuros.
Me place benévola y razonablemente poblaros de dicha villa, a la que puse nuevo nombre, a saber, Vitoria, que anteriormente se llamaba Gasteiz. Y os dono y concedo el que en todos vuestros juicios, asuntos y negocios tengáis y conservéis siempre el mismo Fuero que tienen y disfrutan los burgueses de Logroño.
[... ] También, que tengáis libres y francas las heredades de vuestro patrimonio que ahora tenéis, o desde ahora podáis adquirir o habéis comprado, y no paguéis nunca por ellas la mortura ni ningún otro impuesto, sino haced de ellas totalmente vuestra voluntad.
[... ] Tened siempre alcalde elegido de entre vuestros vecinos y si no fuere bueno y fiel, cambiadle cuando queráis, y no reciba de vosotros los impuestos de novena ni arenazgo, pero el que reciba el impuesto de homicidio o caloña, pagará al alcalde y al sayón.
[... ] Y el que haga un molino o un horno en su propia heredad, téngalo libre y franco y no pague por él una parte al rey; pero si lo construyera en aguas o heredad del rey, que el rey no reciba su parte durante el primer año, pasado éste, ponga la mitad a interés y reciba la mitad del rédito.
No tengáis fuero de pesquisa, ni de mañería, ni de sayonicio, ni salgáis en hueste, si no fuere a batalla campal.
Y el que venga a vuestra villa con mercancía, no pague el impuesto de lezda, sino en día de mercado.
[... ] Y todos los años, en la fiesta de san Miguel, me pagaréis a mí y a mis sucesores dos sueldos por cada casa; y a no ser de vuestra buena voluntad, no me hagáis ningún otro servicio. [... ]“. Fuero de Vitoria otorgado por Sancho VI el Sabio de Navarra en 1181.
Instancias del poder
Corona. El monarca es en primer lugar un caudillo militar y fuente de justicia. Se encuentra en el vértice superior de la pirámide socio-política. En el siglo XIII, coincidiendo con el advenimiento al trono navarro de la dinastía de “extraño lugar y extraño lenguaje”, la casa francesa de Champaña, surgiría un pensamiento político innovador, según el cual, la monarquía sería el fruto de un pacto entre el reino y el rey. Este carácter contractual de la monarquía se especificaba en el reparto de poder entre los grupos sociales privilegiados y el rey a la hora de administrar política y judicialmente el territorio. Con este pacto se pretendía, por un lado, limitar las prerrogativas reales, al mismo tiempo que se reafirmaban las nobiliares; y, por otro, asegurarse el reino que la administración permanecería en manos navarras frente a los funcionarios extranjeros venidos con la nueva dinastía. En la teoría pactista se establecía un ceremonial a la hora de entronizar a los reyes basado en un doble juramento. En primer lugar, el futuro rey juraba guardar los fueros, leyes, ordenanzas, libertades, costumbres y privilegios de todo el reino; repartir los cargos públicos entre los barones, caballeros y omes buenos de las villas naturales de la tierra; y no juzgar, ni gobernar, ni comenzar guerra alguna o establecer paz sin el consejo de los doce barones de Navarra. En segundo lugar, y como contrapartida a ese compromiso, el reino juraba guardar fidelidad al nuevo monarca, lo que se rubricaba con su alzamiento sobre un escudo sostenido por los barones y proclamando tres veces la palabra “real”.
Curia regia. Su misión consistía en aconsejar al monarca en las tareas de gobierno y en la administración de justicia. Formaban parte de ella los miembros de la familia real, los barones del reino, eclesiásticos, escribanos y otras personas de menor rango. Entre los barones se encontraba el alférez (portador de la insignea real y conductor de los ejércitos en ausencia del rey), el mayordomo (administrador de la casa real), el canciller (secretario encargado del sello real) y el merino mayor (oficial de la justicia), entre otros. En el siglo XIII las funciones de la curia regia se disociaron en dos instituciones: el consejo real, que asumiría las tareas consultivas, y el tribunal de cort, que haría lo propio con las judiciales, dirimiendo las causas entre ricos omes e infanzones.
Tenencias y merindades. El rey encomendaba parte de sus funciones y la administración de diversos distritos o demarcaciones del territorio (tenencias: uno de los tipos de honores o beneficios otorgados por el monarca) a miembros de los principales linajes nobiliarios del reino. Las primeras tenencias se detectan ya en el siglo X. El magnate colocado al frente de ellas desempeñaba funciones, en representación del monarca, de carácter político, militar, jurisdiccional, económico y fiscal. Las dimensiones de las tenencias variaban; podían ser una o varias villas, un valle o una pequeña comarca y se distribuían por el espacio navarro, alavés y guipuzcoano. La entrega de la tenencia se efectuaba mediante un ritual de vasallaje típico del feudalismo. A cambio de este “beneficio” u honor el tenente pasaba a ser vasallo del rey y debía corresponderle con auxilio militar y consejo. El tenente percibía la mitad de las rentas señoriales y públicas que percibía el monarca en el distrito de la tenencia. En el siglo XIII con la llegada de la dinastía francesa de Champaña se sustituyó el modelo de las tenencias por el de las merindades. Al frente de las mismas se emplazó a un funcionario, el merino, retribuido directamente por el tesoro real y que no pertenecía a la alta nobleza, sino a los caballeros o a los francos. El territorio navarro quedó estructurado en las siguientes merindades: Tudela, Estella, Montaña, Sangüesa y una demarcación análoga, aunque sin la denominación de merindad, para las Tierras de Ultrapuertos; en 1407 se crearía la merindad de Olite.
Cort General. En el siglo XIII surgiría la curia generalis o cort general, compuesta por magnates, caballeros e infanzones, más el clero, y paulatinamente se irían incorporando las buenas villas. Fue el antecedente directo de las Cortes bajomedievales navarras. Su misión era de tipo consultivo, para tratar cuestiones de interés general: elección de cónyuges para los monarcas, jura de nuevos reyes, autorización para la circulación de moneda y otros asuntos de trascendencia para la vida del reino. Esta institución comenzó su singladura como consecuencia de los difíciles días que se cernían sobre Navarra a raíz de la sucesión al trono tras la desaparición de la dinastía de Champaña y la entrada de la Capeta, inaugurada con la guerra de la Navarrería. Las Cortes con su distribución estamental, reglamento y competencias quedarían estructuradas a partir del siglo XIV, con la dinastía de Evreux.
Cofradía de Arriaga. Entre finales del siglo XII y 1332 el territorio alavés se encontraba compartimentado entre el espacio ocupado por las villas de realengo y el de la Cofradía de Arriaga. Esta última, cuya existencia se documenta por primera vez en 1258, era un señorío jurisdiccional (territorio sobre el que se ejerce un dominio con autoridad para gobernar, administrar justicia, cobrar impuestos, etc. ), como podía ser el de Vizcaya o el de Oñate. Su extensión geográfica venía a coincidir con el conjunto de propiedades y solares pertenecientes a los miembros de la Cofradía y equivalía a casi la mitad del actual territorio histórico de Álava. Se diferenciaba de esos otros señoríos por el carácter electivo del señor de la Cofradía de Arriaga. Las Juntas Generales de los cofrades se celebraban en el campo de Arriaga, próximo a la villa de Vitoria, y en ellas se elegía al señor de la Cofradía, se impartía justicia y se trataban los problemas que les concernían como grupo. Las prerrogativas del señor de la Cofradía se agrupaban en tres grandes apartados: administrar justicia, cobro de las cargas impositivas o fiscalidad y dirección de las huestes para la defensa del territorio. La fiscalidad recaía sobre las personas dependientes, collazos y labradores, y consistía en el pecho forero: pago de un buey por marzo y de medio modio de cereal.
Señorío de Vizcaya. El Señorío se encontraba compartimentado en cuatro agregados institucionales: la Tierra Llana, las Encartaciones, el Duranguesado y las villas. Las entidades menores de la Tierra Llana eran las anteiglesias, agrupadas a su vez en merindades. En Vizcaya existió un régimen pactista de carácter consuetudinario similar al navarro. El nuevo Señor debía jurar guardar los privilegios, usos, costumbres, franquezas, libertades y fueros de los vizcaíanos ante el roble de Guernica. En caso de no hacerlo, no sería reconocido como Señor, ni sus cartas y mandatos obedecidos, ni aceptados sus recaudadores. Una vez efectuado el juramento, los vizcaínos expresaban su fidelidad hacia el nuevo Señor mediante la ceremonia del besamanos. Para las actuaciones de gobierno, como la erección de nuevas villas, la modificación de los fueros, etc., el Señor debía contar con el parecer de los vizcaínos, convocados a consulta mediante las “cinco bocinas” en Guernica, bajo el roble.
Concejos. El poder político de los núcleos urbanos recaía directamente en la asamblea concejil. A ellas acudían todos los vecinos, por eso se denominaban concejos abiertos. Entre sus atribuciones se encontraban las de carácter legislativo, económico (reglamentar la vida económica interna, caso del mercado, por ejemplo), fiscal (establecer los repartos impositivos),…, y político (designar a los funcionarios o magistrados concejiles). La principal magistratura correspondía al alcalde y entre sus cometidos se encontraban la aplicación de justicia (civil y criminal), el mando militar, el desarrollo de las políticas económicas y fiscales acordadas,… Inmediatamente por debajo se encontraban los jurados (equivalente a los actuales concejales), que atendían las funciones necesarias para la buena marcha de la vida municipal y representaban a los habitantes en las asambleas concejiles de carácter restringido. También algunas villas y ciudades contaban con representantes o delegados directos del monarca, que se ocupaban de hacer cumplir las leyes y velaban por sus intereses. Según los lugares recibían diversos nombres: justicia en Tudela, almirante en los barrios de francos pamploneses de San Nicolás y San Cernín, preboste, etc.
Documentos
“Sepan cuantos esta carta vieren como nosotros los cofrades de Álava. Siendo juntados en el Campo Arriaga a junta pregonada así como uso e costumbre es. Y siendo allí don Juan Alfonso de Haro, señor de la Cofradía, por nuestro señor el rey don Sancho. Todos a una voz acordaron en uno, viendo que es servicio del rey e pro e guarda de nosotros todos comunalmente e honra de vosotros, el concejo de Vitoria, por muchas riñas e enemistades que hay entre nosotros, hacemos e ponemos postura con vosotros, el concejo de Vitoria, por los que ahora somos e seremos en adelante”. Acuerdo entre la Cofradía de Arriaga y el concejo de Vitoria sobre desafíos entre sus integrantes y vecinos, año 1291.
Evolución demográfica
En la Alta y Plena Edad Media (ss. V al XIII), ante la falta absoluta de datos numéricos y de testimonios documentales adecuados, sólo cabe hacer una aproximación sintomática a la evolución de la demografía. Durante los primeros siglos de la Edad Media la densidad de población no fue muy alta, concentrándose principalmente en los lugares más fértiles. La población vizcaína y guipuzcoana, así como de la Navarra húmeda, Ultrapuertos y País de Soule, con una economía fundamentalmente pastoril y una deficiente agricultura, fue bastante escasa durante la Alta Edad Media, siendo mucho más elevada en las tierras alavesas, en la Cuenca de Pamplona y en el valle del Ebro, en consonancia con unas mayores posibilidades agrícolas.
Superados los desajustes producidos por la invasión musulmana a partir del siglo VIII, la población seguiría un lento proceso de crecimiento, que en algunas zonas al llegar el siglo XI, como puede ser el caso alavés o la región de Pamplona, pueden presentar una situación de superpoblación relativa, en relación con el desarrollo de la actividad económica y la organización social, lo que produjo algunos movimientos migratorios hacia las riberas del Ebro (espacio riojano). La configuración de un paisaje renovado, en el que son bien visibles numerosos pequeños núcleos de población o aldeas, como aparece bien documentado en el caso alavés a través del documento conocido como la “reja de San Millán”, fechado hacia 1025, es la expresión de un proceso expansivo de la población, que a partir de la segunda mitad del siglo XI alcanza su manifestación más elocuente con la aparición en Navarra de las primeras villas, con vocación fundamentalmente comercial, como es el caso de Estella, que aparece ya documentada como burgo en 1076 y que recibió el fuero de Jaca en 1090. Muchas de ellas se pueblan con gentes extranjeras provenientes del otro lado de los Pirineos, denominadas genéricamente francos y que poseían un estatuto jurídco libre gracias al fuero fundacional de la villa. El nacimiento de estos nuevos burgos de francos que se generaliza en toda Vasconia refleja el crecimiento demográfico sostenido durante los siglos XI al XIII, al mismo tiempo que hizo posible la aparición de una nueva clase social: la burguesía.
Panorámica general de la economía
Durante los primeros siglos medievales, la práctica totalidad de la población de Vasconia se dedicó a la actividad agropecuaria, excepción hecha de una exigua minoría dedicada a la práctica militar, la administración o la vida religiosa. Con el paso del tiempo se iría produciendo una diversificación, cobrando cada vez más importancia algunas actividades industriales, frecuentemente relacionadas con la producción minera, extracción de hierro y sal (este último producto se obtiene principalmente en Salinas de Añana, uno de los centros productores más importantes del Norte de España, en Salinillas de Buradón y en Salinas de Léniz); así como también comerciales, que tienen en los núcleos urbanos, tanto del interior como de la costa, sus sedes principales.
A partir del siglo IX y hasta fines del XII, en el caso de Alava, nos encontramos con una agricultura más diversificada, en la que tiene gran importancia el cultivo de los cereales, que se complementa con la explotación del bosque y la cría de ganado. Igualmente, el referido documento de la “reja de San Millán”, revela la importancia de la explotación del hierro en el territorio alavés. Para los territorios costeros, Vizcaya y Guipúzcoa, el predominio de la actividad ganadero-forestal es absoluto, como parece desprenderse de los falsos “Votos de San Millán”, elaborados hacia 1143. El bosque y la cría de ganado domina el paisaje, sólo interrumpido por las manchas de prados y de pomaradas, al igual que en Ultrapuertos y País de Soule.
En el territorio de Navarra cabe distinguir tres zonas bien diferenciadas. En el Norte, los valles pirenaicos, predomina la actividad ganadera y forestal. En el centro, la Cuenca de Pamplona, los cultivos cerealísticos (trigo y cebada) dominan el espacio agrícola. En el Sur, La Ribera de Navarra, la agricultura está más diversificada y alcanzó un gran desarrollo, alternando los cereales con el viñedo y los frutales y, en las zonas de regadío, los cultivos hortícolas.
A partir del siglo XI, tras el hundimiento del Califato cordobés, el reino de Navarra conoció un fortalecimiento político de la mano de Sancho el Mayor (1004-1035) y de sus sucesores, así como un notable desarrollo de la actividad económica, estimulada por el paso de mercaderes y peregrinos que cruzan los Pirineos por los pasos de Roncesvalles o de Canfranc y atraviesan el territorio navarro. De la época de Sancho Ramírez (1076-1094), aunque cabe la posibilidad de que sea anterior, tenemos noticia de un arancel de aduanas cobrado en Jaca, gracias al cual sabemos que llegaban de los países del Norte pieles, tejidos flamencos o franceses, metales y armas, mientras que de la España islámica provenían especias, tejidos de seda u otros tejidos de lujo, monedas de oro e incluso cautivos. Aparte del puesto aduanero de Jaca era también muy importante el de Pamplona, al que se añaden los de Ostabat, San Juan de Pie del Puerto y San Miguel el Viejo.
Durante el último tercio del siglo XII y el reinado de Sancho VII el Fuerte (1194-1234), Navarra vivió una época de gran prosperidad económica, que tuvo su reflejo en el impulso dado a nuevas construcciones, especialmente de carácter religioso, y en el aumento de la población urbana, gracias a la afluencia de nuevos pobladores extranjeros o francos y a la creación de nuevos burgos o villas.
A partir de 1200, tras la entrada definitiva de Álava, Guipúzcoa y el Duranguesado en la órbita castellana, el resto de Vizcaya ya lo estaba a través de la vinculación vasallática de su señor, estos teritorios pudieron beneficiarse de unas nuevas posibilidades expansivas en su desarrollo económico, especialmente a través de su despegue comercial y marítimo. En Álava el declive de la producción ferrona, que entrará su ocaso definitivo en el siglo XIV, pudo ser compensado por el espectacular desarrollo de Vitoria en el siglo XIII y, en menor medida, de otras villas, como Salvatierra o Laguardia. De alguna forma, el relevo en la producción de hierro fue recogido por las ferrerías de Vizcaya y de Guipúzcoa, territorios que también vieron ampliar la superficie dedicada al cultivo de cereales, al mismo tiempo que los puertos de la costa hicieron de la pesca, fundamentalmente de bajura y ballenera, un componente esencial de su actividad económica. Eran especialmente apreciados el besugo y la sardina, pero también eran capturadas otras especies como lubina, dorada, mero, merluza, chicharro, congrio,…, y, por supuesto, la ballena. Los principales puertos de donde parten o a los que arriban los balleneros eran Fuenterrabía, Bermeo, Motrico, Lequeitio, Mundaca y, en la costa de la Vasconia continental, Biarritz. Los puertos costeros fueron desde la segunda mitad del XIII centros muy activos de comercio, por los que se exportaban materias primas, especialmente hierro vizcaíno y lana castellana, y a donde llegaban diversas manufacturas, como tejidos, joyas, piezas suntuarias y otros productos elaborados en Flandes, Inglaterra o Norte de Francia, que se distribuían posteriormente por toda la Corona de Castilla y el reino de Navarra.
Para la defensa de este comercio de la competencia de otros países y la resolución de los conflictos derivados de la práctica del mismo, las villas costeras crearon el 4 de mayo de 1296, durante el reinado de Fernando IV (1295-1312), la llamada Hermandad de la Marina de Castilla o Hermandad de las Marismas, que, en principio, estuvo constituida por las villas de Santander, Laredo, Castro Urdiales, Bermeo, Guetaria, San Sebastián y Fuenterrabía, más Vitoria, la única villa del interior, lo que viene a poner de relieve su importante desarrollo comercial en estos momentos, igualmente acreditado por la existencia en la misma de una aduana o puerto seco. Posteriormente, fue aumentando el número de miembros de la Hermandad hasta constituir una poderosa asociación mercantil, integrada por una larga serie de puertos cantábricos que comprendía desde la Bayona gallega a la Bayona labortana. A escala local hay que reseñar otra asociación mercantil, la llamada “Societas Navium Baionensium”, bien expresiva del desarrollo económico de Bayona, que recibió nuevo fuero del rey Juan sin Tierra (1215).
En relación con la actividad pesquera y comercial hay que poner el importante desarrollo de la construcción naval. Una de las más notables aportaciones de la industria naval vasca es el timón de codaste, que caracterizará a las embarcaciones construidas a partir de mediados del siglo XIII.
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“[... ] Enciso, Arnedillo, Ocon con sus villas, Peñalba, Erze, Préjano, Quel, Autol, Bea, Calahorra, Andosilla, Carcar, Lerin, Zaharra, El Monesterio y Funes con sus villas pertenecientes a su alfoz y otras que están situadas a la orilla del río Arga: éstas, ya dichas, por cada casa, una media de vino para la oblación y un pan para la ofrenda.
Y Resa, por cada casa, una arenzada de anguilas.
[... ] Álava, con sus villas pertenecientes a sus alfoces, esto es, de Losa y Buradón hasta Eznate, hierro: por cada villa, entre diez casas, una reja.
Del río de Galarraga hasta el río Deva, esto es, toda Vizcaya y del Deva hasta San Sebastián de Hernani, esto es, toda Guipúzcoa desde los confines de Álava hasta la orilla del mar, todo lo que está dentro de cada alfoz, un buey.
Pero puesto que el número de regiones, lugares y villas es grande y no han sido nombradas una a una por nos, prescribimos que, tanto las no escritas, como las escritas, tomen parte en este digno voto, y, según su poder y cualidad, mandamos que den con las demás el censo al venerable cenobio de San Millán”. Falsos votos de San Millán de la Cogolla (c. 1143).
“A nombre de Dios e de santa María. Sepan cuantos esta carta vieren como nosotros los concejos de Santander e de Ladero e de Castro Urdiales e de Vitoria e de Bermeo e de Guetaria e de San Sebastián e de Fuenterrabía, a servicio de Dios, e de nuestro señor el rey don Fernando, hacemos hermandad en uno [... ]. Otrosí, que guardemos los buenos fueros, e los buenos usos que tuvimos en tiempo del rey on Alfonso [... ]. Otrosí acordamos, que ningún hombre de estas villas sobre dichas que no envíen ni lleven ninguna mercancía, ni otra cosa ninguna fuera de la su villa por tierra mientras que nuestro señor el rey no hiciera esta demanda que ahora hace [... ]. Otrosí, si los de Guetaria tuvieran querella con los de San Sebastián, o ellos de aquellos, que vayan a Fuenterrabía aquellos que el pleito tuvieran, e que demanden dos hombres buenos de la villa con placer de las partes para que libren luego el pleito [... ]. Otrosí acordamos, que cuando calquiera de estos concejos hubiera pesto sus alcaldes en cada villa, que haya con ellos sesenta hmbres de los mejores que en la villa hubiera, e que les hagan jurar sobre el libro [Evangelios], e sobre la cruz, que guarden, e tengan, e amparen tods estos nuestros buenos fueros, e usos, e costumbres, e franquezas, e libertades según que hoy día los habemos, e que guarden, e tengan, e amparen todas cuantes cosas en este cuaderno dice”. Carta de la Hermandad de las marismas de Castilla (1296).
Hacia la sociedad feudal
Durante la Alta y Plena Edad Media la sociedad vasca vivió un intenso proceso de cristianización y feudalización, estructurándose esencialmente a través de dos grupos sociales, señores y campesinos, integrantes de la población rural, a los que a partir del siglo XII hay que añadir un componente nuevo y muy dinámico, constituido por la población urbana o burguesa. A este sustrato social fundamental hay que sumar otros pequeños grupos minoritarios, como pueden ser los judíos y mudéjares, diferenciados principalmente por sus perfiles étnico-religiosos, o los definidos como marginados.
Las fuentes informativas para los primeros siglos medievales son escasas y poco claras. Las crónicas francas distinguen a pamploneses y navarros, refiriéndose con este último nombre a los habitantes de la zona media de la actual Navarra. Los cronistas árabes llaman a los de Pamplona “baskunis” y dicen que era “tierra poco favorecida; sus habitantes son pobres, no comen lo suficiente y se dedican al bandidaje; la mayor parte hablan el vasco, lo que les hace incomprensibles”.
En estos primeros siglos medievales, cuando la agricultura y ganadería era la única riqueza (“abere” = animal doméstico; “aberatza” = riqueza, medida en la posesión de ganado), el grupo dominante estaba constituído por los señores (“seniores”) o nobles, que tienen libertad absoluta y poder y son dueños mayoritariamente de la tierra y se benefician de las rentas derivadas de la misma, que les son proporcionadas por campesinos dependientes, en menor o mayor grado.
La clase nobiliar está lejos de formar un conjunto homogéneo, si bien comparte una misma función social que es la de la defensa del territorio. Hay que distinguir una alta nobleza, cuyos miembros, en el caso de Navarra, desde el siglo XII, se les reconoce con el título de “ricos hombres”, y en cuyas filas podemos situar a los Almoravid, Baztán, Rada, Subiza o Vidaurre. En el caso de Vizcaya el linaje principal está constituido por los titulares del señorío, los López de Haro. Mientras en Guipúzcoa y Álava, los Guevara, Mendoza, Velasco o Ayala constituyen en el siglo XIII linajes emergentes que alcanzarán todo su esplendor en las dos centurias siguientes.
Un segundo escalón nobiliar está formado por los infanzones o hidalgos, cuyo número irá poco a poco en aumento, pues llega a englobar a los habitantes de la Tierra Llana vizcaína, de las villas guipuzcoanas o algunas comunidades rurales navarras. El nivel económico y prestigio social de este grupo es bastante menor que el de la alta nobleza, aunque como ésta también está exento del pago de cualquier tributo, tanto personal como por los bienes poseídos. En Vizcaya muchos de estos hidalgos se ven obligados a trabajar personalmente sus tierras. En Álava buena parte de los hidalgos rurales integran la llamada Cofradía de Álava o de Arriaga.
Tampoco el campesinado forma un conjunto homogéneo, y nos podemos encontrar con situaciones muy variadas en función de su relación con respecto a la propiedad de la tierra y con el grado de libertad personal. Así podemos hablar de campesinos libres, sin ninguna dependencia personal, y que son propietarios de sus tierras. Un segundo grupo estaría constituido por los llamados labradores o abarqueros, que son campesinos instalados en un solar ajeno. Por último, podemos distinguir a los collazos, subordinados a sus señores por razón de su persona y que podían ser objeto de compra-venta junto con las tierras que ocupaban, y cuya situación recuerda de alguna forma la de los antiguos siervos rurales.
A partir de mediados del siglo XII, sobre esta sociedad feudalizada eminentemente rural van a ir abriéndose paso los habitantes de las villas, las clases burguesas o población urbana, cuya emergencia constituye toda una revolución social. Aunque no todos los núcleos urbanos o villas alcanzaron un desarrollo similar, como se desprende de la simple comparación entre Vitoria y Labraza, pues mientras la primera a finales del siglo XIII lidera el desarrollo comercial vasco, la segunda no pasa de ser una simple aldea agrícola amurallada durante toda la etapa medieval. Sin embargo, no es menos cierto que la suma de todo ese verdadero mosaico de villas jugó un papel decisivo en la transformación de la sociedad medieval vasca.
Como en el resto de Europa, el nacimiento de las villas fue posible gracias al incremento demográfico y al desarrollo de las fuerzas productivas y de los intercambios comerciales. La concesión de un fuero de francos a Jaca en 1063 por Sancho Ramírez, en cuyas sienes estuvieron unidas las coronas de Aragón y de Pamplona a partir de 1076, marca el inicio de un proceso de urbanización muy amplio, que se extenderá posteriormente por todo el territorio de Vasconia. Hay que significar que el “derecho de francos” recogido en el fuero jaqués, bien directamente o a través de las formulaciones posteriores del fuero de Estella (1090), el primer burgo navarro, o del de Logroño (1095) y de sus derivados, como Vitoria, sirvió de alguna forma para definir el perfil jurídico-institucional de las villas vascas y los derechos y obligaciones de sus vecinos y moradores.
En las villas o burgos nos encontramos con una población muy heterogénea. No faltan nobles y campesinos que se instalan tras sus murallas buscando seguridad o nuevas fuentes de rentas propiciadas por los negocios urbanos. Pero lo que da tono a la población urbana es la existencia en la misma de un porcentaje mayoritario de personas que son jurídicamente libres, sin ningún tipo de dependencia hacia ningún señor, y que se emplean fundamentalmente en actividades de tipo artesanal, en el comercio o en el sector de los servicios, como letrados, escribanos, notarios, médicos, etc.; es decir, sin ningún tipo de vinculación con la agricultura. Hacia 1111 había arraigado ya en Estella el uso del término “burgensis” (burgueses) para denominar a la población de la villa y cuya utilización como indicador social terminará generalizándose. En el caso de muchas villas navarras y alavesas, vinculadas principalmente a las rutas de peregrinación, una parte de la población urbana podía estar constituida por “francos”; es decir, gentes libres y privilegiadas de procedencia extranjera, sobre todo francesa, que se dedicaban primordialmente al comercio y la artesanía. Muchos de estos francos se aferraron al uso de su lengua occitana, que utilizaron en sus transacciones con otros francos de la ruta de Jaca a Estella y también en sus relaciones comerciales con los mercaderes del Languedoc.
A este panorama sobre la organización social hay que añadir el estamento clerical. La difusión del cristianismo tuvo una enorme importancia en la estructuración de la sociedad, en la que los clérigos (“oratores”) se consideran como el primer estamento de la misma, por delante de nobles (“bellatores”) y campesinos (“laboratores”). Pero los eclesiásticos, ya pertenezcan al clero secular (obispos, presbíteros, diáconos) o al regular (monjes), no forman un grupo homogéneo.
Las diferencias entre los titulares de las distintas sedes episcopales (Pamplona, Bayona,… ) o los abades de los grandes monasterios (Leire, Irache, Fitero, La Oliva,… ) con el resto del clero, especialmente el que atiende a las feligresías parroquiales, ya se trate de villas o aldeas, son muy sustanciales, tanto en su formación intelectual como en su capacidad económica, muy superiores en el minoritario primer segmento. Pero no podemos olvidar que, en conjunto, se trata de un estamento privilegiado, fiscalmente exento y que tiene su propia jurisdicción, pues los clérigos eran juzgados exclusivamente por los tribunales eclesiásticos.
Para finalizar el esquema general de la realidad social medieval resta referirnos a aquellas gentes que quedaron al margen del mismo. En algunas villas nos encontramos con la presencia de población judía o musulmana. Esta última es particulamente importante en Tudela y en otras poblaciones del valle del Ebro, pero se encontraba también distribuida en pequeñas aldeas y núcleos de población, pues los monarcas procuraron conservarla para el trabajo de los campos, o bien se emplearon en oficios relacionados con la construcción.
En cuanto a los judíos hay que registrar su presencia, especialmente, en las villas que alcanzaron un mayor desarrollo económico, como Vitoria, Valmaseda, Laguardia, Tudela, Estella, Pamplona, Olite, Viana, Tafalla, Sangüesa o Bayona. Los judíos formaban una comunidad netamente diferenciada de la cristiana, tanto desde el punto de vista étnico-religioso como político-institucional. Tenían sus propias instituciones de gobierno y no participaban para nada en los cargos de la administración del concejo que, por el contrario, sí publicaba diferentes ordenanzas, regulando determinados aspectos de la vida cotidiana de los judíos, a través de las cuales se pone de manifiesto la discriminación de que eran objeto por parte de las autoridades cristianas. Pero como regla general, hasta el siglo XIV la convimencia entre ambas comunidades fue aceptable.
Además de los marginados por la práctica de una religión distinta de la cristiana, también existe un variado elenco de desheradados de toda laya, bandidos, criminales, leprosos, prostitutas, etc. sin cuya referencia el paisaje social no estaría completamente definido.
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“En nombre de nuestro señor Jesucristo, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, majestad trina y divinidad una. Ésta es la carta que hemos redactado para la villa llamada Apardues, yo Sancho Garcés rey, con mi esposa Urraca hija de Fernando, el año 1029 de Cristo. Hemos donado la mencionada villa de Apardues, para el reposo del alma de mi hermano Ramiro Garcés al monasterio San Salvador, a las vírgenes santas Nulio y Elodia y a las reliquias que allí se encuentran a fin de que intercedan ante Dios todopoderoso. Amén. Y hemos confirmado la donación de la mencionada villa en presencia del abad don Eximinus con toda la comunidad de Monjes.
Poseen al mismo tiempo un convenio referente a la viña de Tavares que deben podar, bibar y rebiñar. (Deben también) vendimiar, encubar el vino y nadie debe eludir el trabajo a no ser la dama Santia de Cillequieta.
Cristianización y organización eclesiástica
La cristianización
El proceso de cristianización de Vasconia sigue un recorrido de Sur a Norte, de tal forma que el área meridional (territorio alavés al Sur de los valles cantábricos y navarro a partir de la cuenca de Pamplona), la más romanizada, fue la primera en conocer el mensaje evangélico en la época Bajo Imperial, entre los siglos III y IV. Las vías de penetración siguieron, obviamente, el recorrido de las principales calzadas romanas que hollaban el territorio: La Burdeos-Astorga (coincidente, en buena medida, con la actual Nacional 1 desde Álava a la frontera francesa) y la Tarragona-Zaragoza-Pamplona-Oyarzun.
Calzada romana
Es lógico que aprovecharan estas vías, pues el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano a partir del siglo V y, en consecuencia, la cristianización fue un sintomá más de la romanización. Entre los primeros testimonios de cristianización del territorio en su área meridional se encuentran el martirio de los soldados Emeterio y Celedón en Calahorra (304), como consecuencia de las persecuciones del emperador Diocleciano; la obra Peristefanon del procónsul Aurelio Prudencio (348-405), donde se asegura que los vascones de la ribera del Ebro estaban cristianizados y que el paganismo era cosa del pasado; la defensa del obispo de Calahorra ante el Papa efectuada por los miembros de las clases sociales más importantes (“honorati et possesores”) del área de Briviesca, Cascante y Tarazona (465); y el conjunto eremítico alavés, constituido por unas 87 cuevas artificiales, con la función de vivienda templo y sepulcro de estructura antropomorfa, datable entre los siglos IV y VIII.
Por el contrario, en el área septentrional (provincias costeras de Vizcaya y Guipúzcoa, valles cantábrico-alaveses y montaña navarra) la difusión del cristianismo y la sustituación de la cultura pagana ancestral se realiza de forma más lenta, debido, entre otros factores, a la menor incidencia de la romanización, a la orografía especialmente montañosa y a una ocupación del espacio dispersa. Por todo ello, hasta los siglos IX y X el cristianismo no se extendió y consolidó por todo el territorio de Vasconia. Sobre el mantenimiento del paganismo, especialmente en el área septentrional, se han aducido diversos testimonios, algunos ciertos y otros no tanto o cuando menos no adecuadamente interpretados. 1) La carta del obispo Tajón de Zaragoza al obispo Quirico de Barcelona en el siglo VII refiere los dramáticos sucesos vividos por la ciudad cesaraugustana durante la rebelión de Froya contra el monarca visigodo Recesvinto. Froya consiguió el apoyo de los vascones y en el transcurso de la rebelión destruyeron altares y mataron a clérigos. Sin embargo, el contenido de esta carta ha de ser interpretado en el contexto de una cruenta contienda militar, sin que por ello signifique necesariamente pervivencia alguna del paganismo. 2) También al siglo VII pertenece la pretendida evangelización de la Vasconia continental realizada por San Amando, obispo de gran ascendente en la corte franca, y recogida en su Vita Amandi. La crítica actual ha demostrado que alude a acontecimientos apócrifos. 3) El cronista Ibn Hayyan al referir las campañas de los árabes contra el señor de Pamplona, Velasco, en el año 816, indica que entre las montañas de Aitzgorri y Gorbea se encontraban los “machus” o adoradores del fuego; es decir, paganos. 4) A lo largo de la Edad Media, incluido el período de transición a la Edad Moderna, han pervivido ciertos elementos de la cultura ancestral, que se han mezclado con la cultura cristiana. De hecho, buena parte de las primeras iglesias se erigieron en los lugares donde existía un culto pagano, caso de Urquiola, por ejemplo. Entre esos elementos de cultura ancestral se encontraría la creencia en Mari: la dama del Amboto que domina los fenómenos atmosféricos.
Documento
“[... ] ¿Crees ya, bárbara gentilidad de los vascones de otro tiempo, cuan sagrada sangre derramó el error cruel? ¿Crees que los espíritus de las víctimas fueron llevados de nuevo a Dios? [... ]. El mismo Salvador nos concedió este bien para que gocemos de él cuando destinó los cuerpos de los mártires a nuestra ciudad [Emeterio y Celedonio a Calahorra], que ahora protegen a los habitantes que baña el Ebro”. Prudencio, Peristephanon: (I. Himno en honor de los santos mártires calagurritanos Emeterio y Celedonio).
“[... ] Por su maldad, los fieros vascones, habiendo bajado de los Pirineos, asolando la tierra de Iberia con diversas irrupciones la devastan. ¡Oh dolor!, la magnitud de la desgracia hace desfallecer el propósito de contarla. Pero hay que llegar hasta lo que da miedo contar. Se derrama sangre inocente de muchos cristianos; unos son degollados, otros mueren heridos por lanzas y otras diversas armas; son cogidos una gran cantidad de prisioneros y se consiguen grandes botines. [... ]. La guerra llega hasta los templos de Dios y son destruidos altares ya consagrados; a muchos clérigos los matan a espada y sus cuerpos sin enterrar se ofrecen a los perros y aves: así se cumple el salmo 78″. Carta del obispo Tajón de Zaragoza al obispo Quirico de Barcelona.
Reforma y diversificación de la vida religiosa.
En 840 San Eulogio de Córdoba efectuó una visita a diversos monasterios de los valles pirenaicos de Navarra y Aragón (San Pedro de Usún, Igal, Santa María de la Fuenfría y Urdaspal), constatando el buen nivel cultural y espiritual que irradiaban. En la siguiente centuria, con la reconquista del área riojana, se animaría especialmente la vida monástica. Concretamente Sancho Garcés I (905-925) procedió a restaurar la jerarquía eclesiástica en los territorios riojanos reconquistados, tarea de la que se encargaría Galindo, obispo de Pamplona. En esos territorios había subsistido la vieja organización parroquial y monástica, e incluso una activa vida eremítica, de tradición visigoda, practicada en cuevas, como puede verse en San Millán, Nájera y en los valles del Iregua y Leza. Sancho Garcés I fundó el monasterio de San Martín de Albelda, que a mediados del siglo X tenía cerca de doscientos monjes y disponía de un activo escritorio, en el que se copiaban las más diversas obras. Otros monasterios que destacan ya en esa centuria son San Cosme y San Damián, junto a Viguera, Santa Agueda y Santas Nunilo y Alodia en Nájera, San Andrés de Cirueña y, sobre todo, San Millán de la Cogolla, situado en la frontera de Castilla, y también poderoso centro cultural, como se acredita a través del famoso Códice Emilianense, escrito en 992 y en el que se registran los primeros testimonios escritos en romance castellano y en euskera. Este monacato riojano, impulsado por la monarquía de Pamplona, tuvo una gran transcendencia político-cultural para la consolidación de este incipiente reino, y hundía sus raíces en la tradición y rito visigótico-mozárabe.
En el último cuarto del siglo XI se produjo el abandono del rito visigótico-mozárabe por el romano ante las acusaciones de herejía por parte de los papas Alejandro II y Gregorio VII. El monarca de Pamplona y Aragón Sancho Ramírez pasó a la obediencia de Roma en 1076 y Castilla dos años después. Esta nueva situación introdujo reformas y cambios en el calendario litúrgico, en el santoral, en la sustitución de la letra visigótica por la carolina,…. Para llevar adelante los principios de esta política reformadora los monarcas navarros trajeron religiosos franceses, especialmente cluniacenses. Leire e Irache se convertirían en centros irradiadores de la reforma importada a través de los monjes benedictinos de Cluny.
Durante los siglos XII y XIII se produjo una diversificación de la vida religiosa con la aparición de nuevas órdenes monásticas. La primera en llegar fue la orden cisterciense de San Bernardo de Claraval. Su orden reformaba el mundo monástico cluniacense hacia una observancia más estricta de la regla benedictina. La difusión del cister comenzó en Fitero (1140) y continuó a través de La Oliva (1149-50) e Iranzun (1176).
En Álava, Guipúzcoa y Vizcaya no contamos con grandes centros monásticos aunque sí existen pequeños monasterios o decanías dependientes de monasterios situados fuera de estos territorios, como son los de Oña, Nájera, San Millán de la Cogolla, Leire o San Juan de la Peña, que durante los siglos X, XI y XII extienden su influencia por las mencionadas tierras.
A principios del siglo XIII hicieron acto de presencia las órdenes mendicantes franciscana y dominica. Estas órdenes se asentaban en los núcleos urbanos que mostraban cierto dinamismo demográfico y económico, ya que San Francisco incidió en el camino de la pobreza voluntaria como medio combatir el espíritu materialista burgués y Santo Domingo, por su parte, lo hizo sobre la formación intelectual, para combatir a los movimientos heréticos que surgían en ellos. Se instalaron franciscanos en Vitoria, Pamplona, Bermeo, Estella, Olite, Sangüesa, Tudela y Bayona; y dominicos en Vitoria, Pamplona, Estella, Sangüesa y Tudela.
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“Conocida cosa sea a todos quantos esta carta vieren, como yo Diego Pérez de Valladolid, Alcalde del Rey, porque nuestro señor el Rey me mendó que yo diese al convento de la orden de los frailes menores de Victoria de aquellas heredades que son cerca, e lugar que tomaron para el monasterio, que comenzaron a hacer en el mercado las que hubiesen menester para asentarle [... ]“. Concesión de terrenos en Vitoria, fechada en 1270, para la construcción del monasterio franciscano (J. J. de Landazuri, Historia civil, eclesiástica, política y legislativa de la M. N. y M. L. ciudad de Victoria…, Madrid, 1780 (facsímil 1975).
Jurisdicción territorial de los obispados de Vasconia
Las primeras noticias sobre una organización de la iglesia en Vasconia se remontan al siglo VI. Concretamente en el año 589 se documenta por primera vez la existencia de una sede episcopal en Pamplona, cuyo titular asiste a los concilios de Toledo. Igualmente el territorio de la Vasconia continental contaba con diversos obispados: Oloron, Auch, Bazas o Dax.
En el siglo XII es cuando se estructura definitivamente el mapa medieval de las diócesis de Vasconia en base a siete obispados:
1) la diócesis de Burgos incluye a la parte occidental de Vizcaya (Encartaciones) y de Álava (vicaría de Valdegovía).
2) la diócesis de Calahorra y la Calzada incluye al resto de Vizcaya y Álava, más el valle guipuzcoano del Deva y la zona navarra de Viana. Este obispado sustituyó en 1088 al de Álava, con sede en Armentia, tras la muerte del obispo Fortunio, y cuyos orígenes acaso puedan remontarse a finales del siglo IX.
3) y 4) la diócesis de Pamplona incluye el resto de Navarra y Guipúzcoa, con excepción del valle del Baztán, Lerín, Cinco Villas y cuencas de los ríos Oyarzun y Bidasoa (Oyarzun, Rentería, Lezo, Pasajes, Fuenterrabía e Irún), integrados en la diócesis de Bayona, a la que también pertenece la provincia de Labourd y la casi totalidad de Baja Navarra.
5) la diócesis de Dax incluye la franja más oriental de Baja Navarra (Mixa-Ostabarets) y la parte Nordeste del País de Soule.
6) la diócesis de Olorón incluye el resto del País de Soule.
7) la diócesis de Tarazona incluye la comarca de Tudela.
La complejidad del mapa eclesiástico vasco fue fuente de numerosos conflictos entre las sedes, especialmente durante los siglos XI y XII, por causa de la delimitación de los respectivos territorios jurisdiccionales. Otro de los problemas graves planteados era la dificultad que tenían los obispos para hacer llegar las normas de gobierno y disciplina religiosa a los confines de sus diócesis, como fue especialmente evidente en el caso de Vizcaya, donde clérigos y laicos se negaron a aceptar la autoridad del obispo de Calahorra, al que prohibieron la entrada en el territorio.
Desde el punto de vista de la organización eclesiástica las distintas diócesis estaban divididas en arciprestazgos y éstos, a su vez, en arcedianatos. Pero en la práctica son las parroquias las que están en más íntimo contacto con los feligreses y tienen la mayor influencia en la sociedad. A través del sistema parroquial, las autoridades eclesiásticas hacen llegar hasta los más apartados lugares los mensajes evangelizadores, organizan la práctica del culto y la vida de piedad y obtienen numerosos ingresos, por medio de diezmos, primicias, ofrendas y donaciones de los fieles. A veces surgen conflictos entre las parroquias, que se disputan los fieles o parroquianos, pues los ingresos de las mismas están en función de su número. En algunos casos las parroquias tenían un acuerdo o hermandad para el reparto de las rentas, como sucedía entre las cuatro parroquias antiguas de Vitoria, hermandad que fue ampliada en 1257 al incluirse en la misma la nueva parroquia de San Ildefonso, creada por Alfonso X el año anterior.
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“[... ] E porque dudaban que muchos de sus parroquianos se venían a la iglesia de San Ildefonso que yo [Alfonso X el Sabio] mandé fundar e edificar en honor de Dios e de San Ildefonso en la puebla nueva, pidieronme merced por sí e por los clérigos del cabildo de Vitoria, sus compañeros, que así como las iglesias antiguas de Vitoria han su avenencia e su hermandad en uno que me rogaron que aquella iglesia que yo mandara hacer que hubiese su avanencia e su hermandad con las otras iglesias antiguas de Vitoria e que aquel o aquellos clérigos que yo presentaria por razon del patronazgo que yo allí he, que tomasen su ración en las otras antiguas iglesias de Vitoria así como cada uno de los otros compañeros tomaren. E otrosí, que los conpaññeros de las antiguas iglesias que tomasen su parte en las raciones de la iglesia de san Ildefonso”. Hermanamiento de la iglesia de San ildefonso con el resto de parroquias de Vitoria, 1270 (C. González Mínguez).
Manifestaciones artístico-culturales
La lingua vasconica o lingua navarrorum
El habla vasca poseía variedades dialectales, coincidentes, grosso modo, con los antiguos espacios geográficos ocupados por los diversos pueblos pre-romanos autrigón, caristio, várdulo o vascón. El dialecto vizcaíno alcanzaba la cuenca del río Deva, frontera natural de los caristios; el guipuzcoano se extendía hasta el valle de Oyarzun, territorio de los várdulos, desde donde comenzaba el espacio de los vascones, alcanzando su influencia cultural, lingüística incluida, al área más occidental de Aragón y la zona Nordeste de La Rioja.
Desde finales del siglo XI comenzaría a perder terreno la lingua navarrorum debido a la presión ejercida por otras lenguas. 1) La occitana, traida por los francos que se asentaban en la nuevas localidades surgidas a lo largo del camino de Santiago. 2) El gascón, idioma de las gentes de la mar y el comercio de la zona costera de la Vasconia continental, que se extiende por el Nordeste de Guipúzcoa debido a las relaciones entre ambos espacios y a la difusión del fuero de San Sebastián, que incorporaba costumbres gasconas con objeto de atraer a estas poblaciones. 3) Las lenguas neolatinas o romances (castellano, romance navarro-aragonés y francés) que se fueron imponiendo poco a poco como vehículo de expresión de la administración y del poder político. Precisamente en el espacio geográfico integrado, entre otras tierras, por las pertenecientes al antiguo pueblo vasco de los autrigones, surgiría el castellano; y el romance navarro entre las cuencas del Ega y del Aragón. La introducción del francés vendría de la manao de las dinastías de Champaña y Capeta reinantes en Navarra a lo largo de los siglos XIII y XIV oriundas del territorio galo. No obstante, el euskera ejercía un dominio absoluto en el mundo rural, dándose una situación de claro monolingüismo; mientras que, por el contrario, en el incipiente mundo urbano de los siglos XI y XII ese dominio correspondía al occitano y a las lenguas romances, y ya para la centuria decimitercera se incluiría el euskera, merced a los asentamientos de poblaciones rurales del entorno, atraídas por los nuevos fueros fundacionales de las villas, especialmente en Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, y autorizadas por los monarcas, en el caso de los navarros.
El Códice Emilianense, procedente de la biblioteca del monasterio de San Millán de la Cogolla, es un texto latino destinado al culto que incluye intercaladas, a modo de glosas marginales, pequeñas frases en romance castellano y en euskera, que son las primeras manifestaciones escritas conocidas en ambas lenguas.
Sobre la personalidad de la lengua vasca se han manifestado diversos autores de época. Entre ellos se encuentra el cronista musulmán al-Himyari, relator de la campaña de Abd al-Rahman III (924) contra los bashkunis, como él los denomina, quien aludía a lo incomprensible que resultaba para ellos el vasco. Pero la referencia que más ha llamado la atención de los estudiosos corresponde a Aymeric Picaud, capellán de Vézelay y autor de una guía para los peregrinos que realizaban la ruta jacobea en el siglo XII. En ella describe y valora a los diversos pueblos por los que pasaba la referida ruta, entre ellos a los vascos y navarros. Afirma que su lengua es bárbara y semejante a los ladridos de los perros. Para demostrar sus afirmaciones recoge un pequeño vocabulario compuesto por dieciocho palabras. Ahora bien, sus opiniones denigrantes han de ser interpretadas en el siguiente contexto: para Picaud la civilización urbana occitano-francesa, a la que él pertenecía, era superior a la vasco-navarra, esencialmente rural, y donde los pocos islotes urbanos se encontraban poblados por francos originarios de zonas como Toulouse.
No hay que olvidar que las minorías judía y musulmana, especialmente presentes en Álava y Navarra, se expresan en hebreo y árabe respectivamente.
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“Y oyéndoles hablar, te recuerdan los ladridos de los perros, por lo bárbaro de su lengua. A Dios le llaman urcia; a la Madre de Dios, andrea Maria; al pan, orgui; al vino, ardum; a la carne, aragui; al pescado, araign; a la casa, echea; al dueño de la casa, iaona; a la señora, andrea; a la iglesia, elicera; al sacerdote, belaterra, que significa bella tierra; al trigo, gari; al agua uric; al rey, erreguia; y a Santiago, iaona domne iacue”. Aymeric Picaud en su Liber peregrinationis.
La cultura monacal
A comienzos de la Edad Media, tras la caída del Imperio Romana de Occidente, los monasterios se convirtieron en custodios y trasmisores del legado cultural de la antigüedad greco-latina. Así, por ejemplo, en 848, el obsipo Eulogio de Córdoba recorrió ciertos monasterios del Pirineo occidental (Igal, Siresa, Urdaspal, Leire,… ) y quedó gratamente sorprendido por su potencial cultural, ya que en sus bibliotecas pudo encontrar obras de San Agustín, Virgilio, Juvenal, Horacio o Porfirio. Un siglo más tarde serían los monasterios del espacio riojano, vinculado políticamente a la corona de Pamplona (dominios najerenses), los que tomarían el relevo: San Martín de Albelda y San Millán de la Cogolla. En ellos se confeccionarían magníficos códices miniados, como el Vigilano o Albendense (976). Esta obra del monje Vigila incluye una breve crónica del reino de Pamplona y diversos códigos legales, así como otros textos. Desde estos monasterios se proporcionó las bases intelectuales de la naciente monarquía pamplonesa.
Vasconia conoció un evidente retraso respecto a otros espacios políticos vecinos en la posesión de estudios generales o universitarios: Castilla contó con las universidades de Palencia y Salamanca, y Francia con las de París, Aviñón, Toulouse y Montpellier. Como medio de sortear esta carencia, los obispos de Pamplona y los monarcas navarros enviaban a formarse a los clérigos más aptos a Francia, principalmente. El recurso exterior no frenó las iniciativas por establecer un estudio general en el propio territorio. Teobaldo II eligió Tudela en 1259 como sede de uno, contando con el apoyo papal; pero desgraciadamente su vida fue muy breve. Los abades de La Oliba, Miguel Arteriz, y de Iranzun crearon un estudio general cisterciense en Estella, que permanecería activo desde 1289 a 1335. Allí acudían a formase los monjes cistercienses de los referidos monasterios, pero también de Leire y de otros cenobios castellanos y aragoneses.
La finalidad apostólica y misional desarrolladas por las órdenes mendicantes en el mundo urbano exigía que dispusieran de una buena preparación, lo que explica que sus centros contaran con estudios donde formar a los miembros de su comunidad en materias como teología, filosofía o latín. Están documentados desde mediados del siglo XIII los estudios franciscanos de Pamplona o los dominicos de Pamplona, Estella y Vitoria.
En el apartado formativo hay que añadir las escuelas catedralicias, obligadas a contar con un maestro de teología y otro de derecho canónico. Precisamente en la de Pamplona trabajó durante los años cuarenta y cincuenta del siglo XII el traductor inglés Roberto de Chester o de Ketton. A él se debe la primera traducción del Corán, por encargo del abad de Cluny Pedro el Venerable; tradujo igualmente otras obras árabes de álgebra, alquimia y astronomía.
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“[... ] recorriendo con creciente devoción los cenobios de otros de esas mismas regiones se endulzó con la amistad de muchos padres, cuyo trato en la carta, que envió estando en la cárcel al obispo de Pamplona, expuso en sus coordenadas nominales y tópicas. Allí disfrutó de la conversación con el beato Odoario [abad del monasterio de Siresa], bajo el que militaban ciento cincuenta monjes regulares. De allí el libro de La ciudad del beatísimo Agustín, y la Eneida de Virgilio, y los libros en verso de Juvenal, y los poemas satíricos de Flacco, y los opúsculos miniados de Porfirio, o las obras de epigramas de Adhelelmo, y también las fábulas en verso de Avieno, y los brillantes cánticos de los himnos católicos [... ]“. Vita Eulogiii de Álvaro de Córdoba.
El Camino de Santiago
Origen. A comienzos del siglo IX fue descubierta la tumba del apóstol Santiago en un castro cercano a Iria Flavia, actual Padrón. Cuenta la tradición que los discípulos del apóstol (los siete varones) colocaron su cuerpo sobre una embarcación que atravesó el Mediterráneo y la costa atlántica de la Península Ibérica hasta recalar en la costa gallega, donde quedó enterrado. Había muerto martirizado por orden del rey Herodes Agripa hacia el año 44. El obispo Teodomiro comunicó al monarca astur Alfonso II el Casto (791-842) el descubrimiento, quien ordenó la erección de una modesta basílica. Alfonso III el Magno (866-910), por su parte, ordenó erigir un templo de mayor entidad en honor al santo. Alfonso II era hijo de la alavesa doña Munia, y en las tierras de su madre encontró refugio mientras su tío Mauregato ocupaba el reino astur. El hallazgo de la tumba del apóstol Santiago actuó a modo de catalizador para llevar adelante la ideología neogótica y de reconquista entre las filas de los cristianas frente el Islam. En 859 tuvo lugar la batalla de Clavijo (Rioja), donde se enfrentaron Ordoño I de Asturias, y probablemente también García Iñíguez de Pamplona, contra el banu qasi Muza ben Muza, y en la que según la leyenda el apóstol Santiago se puso al frente de las tropas cristianas.
Inmediatamente comenzaron a proliferar las peregrinaciones a la tumba del apóstol, que durante los siglos IX y X tuvieron un carácter esencialmente localista, pero que a partir del siglo XI se consolidó como uno de los centros de peregrinación más importantes de la cristiandad, junto con Roma y Jerusalén. Parece ser que el primer peregrino internacional del que se tiene noticia fue Gotescalco, obispo de Le Puy-en-Velay, en 950, haciendo escala en la entonces sede monástica pamplonesa de San Martín de Albelda.
Rutas. Hasta alcanzar los Pirineos en su flanco occidental, cuatro eran las principales rutas que tomaban los peregrinos europeos en su caminar hacia Santiago de Compostela. Estas rutas son mencionadas por el monje Aymeric Picaud en su guía.
- La vía Turonensis: partía de París y tenía en Tours, Poitiers y Burdeos sus principales hitos. Entraba en tierras de Vasconia continental a través de Dax, continuaba por Ostabat y San Juan de Pie de Puerto, atravesando los Pirineos por Valcarlos y Roncesvalles.
- La vía Lemovicensis: partía de Vezelay y tenía en Limoges y Perigueux sus princiaples hitos y en Ostabat se unía con la vía Turonensis.
- La vía Podensis: partía de Le Puy y tenía en Conques, Moissac y Ortez sus principales hitos del camino. También atravesaba los Pirineos por Roncesvalles.
- La vía Tolosana: partía de Arles y tenía a Montpellier, Toulouse, Auch, Lescar y Oloron como principales etapas; atravesaba los Pirineos por Somport (Aragón), continuaba por Jaca y alcanzaba Navarra en Yesa, recorriendo a continuación las etapas de Sangüesa, Monreal, Eunate y Obanos, para llegar finalmente a Puente la Reina, donde se unía a las tres vían anteriores.
En tierras navarras y del País Vasco el camino de Santiago o ruta Jacobea fue consolidándose a lo largo de los años, hasta quedar fijado un ramal principal, denominado camino francés, además de otros dos ramales secundarios.
Los monarcas que sentaron las bases del denominado camino francés fueron Sancho III el Mayor y Sancho Ramírez. Especialmente este segundo, con la fundación de nuevos núcleos de población, a los que otorgó un fuero de francos. Con esta política pretendía promover el asentamiento de los peregrinos europeos y que renovaran con sus actividades comerciales y artesanales las bases tradicionales de la economía de esta tierra, centrada en la agricultura, ganadería y explotación forestal. Jaca y Estella recibieron los primeros fueros de francos. Las escalas del camino francés a su paso por Navarra eran las siguientes: Roncesvalles, Pamplona, Puente la Reina, Estella (confluencia de todas las vías), Los Arcos y Viana.
A partir del siglo XIII comenzaría su andadura una nueva ruta jacobea, relacionada en buena medida con una nueva ruta comercial impulsada por el monarca de castilla Alfonso X el Sabio a través de Álava y Guipúzcoa: desde Bayona los peregrinos se dirigían a Tolosa, Villafranca de Ordicia, Segura, atravesaban el túnel de San Adrián (límite entre Guipúzcoa y Álava), continuaba por Salvatierra, Vitoria, La Puebla de Arganzón y Armiñón.
Por último, otro ramal, aunque transitado en menor medida, era el que bordeaba la costa cantábrica desde Gascuña a Asturias, cuyos principales hitos por tierras vascas eran San Sebastián, Guetaria, Marquina, Bilbao y Valmaseda. A finales del siglo XV efectuó este recorrido el obispo armenio Mártir.
Atención al peregrino. El camino hasta Compostela era largo, duro y no exento de peligros, comenzando por el riesgo de ser asaltado. Para auxiliar material y espiritualmente a los peregrinos surgieron hospederías, monasterios, hospitales o simples albergues. Estos centros fueron impulsados por: a) las órdenes militares de San Juan de Jerusalén y del Temple (Baliarrain y Cegama); b) por las órdenes monásticas, caso de los agustinos en Roncesvalles y en Urdax, los benedictinos en Estíbaliz, los franciscanos en Vitoria, o la colegiata de Cenarruza; c) por monarcas como García el de Nájera (Irache y Nájera) y Sancho Ramírez (Jaca y Pamplona); o d) por las autoridades municipales. Estos lugares eran reconocidos por los peregrinos porque se encontraban señalados con símbolos propios de la iconografía jacobea, tales como una venera, una cruz de Santiago, etc. En estos fondeaderos el peregrino encontraba alimento y un lecho donde descansar, compartido con otros viajeros las más de las veces; cuidados médicos, buscando sobre todo paliar lesiones y llagas en los pies; asistencia espiritual; y en caso de fallecimiento, un funeral y una sepultura.
Repercusión del camino de Santiago. Las peregrinaciones fueron un fenómeno mucho más complejo que el simple trasiego de fieles por los caminos a la búsqueda de la paz espiritual y congraciarse con Dios. En efecto, además de una manifestación religiosa, las peregrinaciones a Santiago de Compostela estimularon en tierras de Vasconia el desarrollo de la actividad comercial y artesanal, la difusión de la cultura, la introducción de nuevas claves interpretativas del arte, como el románico, y la revolución urbana ligada a la concesión de fueros de francos, que introdujeron un nuevo grupo social, el burgués, dentro de la estructura trinitaria de la sociedad medieval (señores, clero y campesinado)
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“[... ] es pues, que en el año de mil doscientos y setenta, último del Rey Don Teobaldo Segundo, y primero del Rey Don Enrique de Navarra, un arzobispo de la iglesia de Patrás (cuyo nombre propio se ignora) resolvió peregrinar a Compostela, y visitar el sepulcro del Apóstol Santiago, y para ofrecer en su templo algún don precioso, que manifestase su religiosa piedad, consintiendo los Canónigos de la iglesia de Patrás tomó una espalda de San Andrés Apóstol, que auna con la cabeza, y otra porción de sus reliquias [que] se conservaba en aquella iglesia, donde fue martirizado, y los testimonios auténticos, que certificasen la verdad de la reliquia, y acomodando la espalda en una caja de madera emprendió su larga jornada, y entrando en el reino desde la Francia llegó de tránsito a Estella (que está en el camino real de Santiago) donde no sin providencia especial del Cielo enfermó gravemente hospedado en el hospital de San Nicolás, que había entonces, próximo a la iglesia parroquial de San Pedro de la rúa; venía el Santo Arzobispo por mayor mortificación a pie con pobre traje ocultando su dignidad; agravose su enfermedad, y murió sin declarar el tesoro, que junto al pecho encubría con el vestido, y sin hacerse reparo, como un pobre peregrino, fue enterrado vestido en el cementerio de la iglesia de San Pedro, quedando con el Arzobispo peregrino sepultado el rico tesoro de la Espalda, no quiso el Cielo, que éste quedase oculto, y así la noche siguiente se cercó la sepultura del Arzobispo de claridad, y resplandor; violo el sacristán de la iglesia no con poca admiración suya; pero temiendo que fuese ilusión, o imaginación propia, calló por entonces; a la noche inmediata vio la misma claridad, y pareciéndole, como lo era, cosa celestial dio cuenta a la clerecía de la parroquia, y acudiendo todos a verificar el milagro, hallaron ser verdad, viendo con sus ojos los resplandores, y luces, y con este motivo tan divino cavaron, y descubrieron la sepultura del peregrino, y desnudaron le hallaron la Santa Reliquia con los testimonios auténticos, que de ella llevaba acomodada en el Relicario, o caja de madera, y en ella algunas otras reliquias; alborozose la gente con el suceso, y dando a Dios, y al Santo Apóstol San Andrés las gracias de tan singular beneficio, colocaron en la iglesia de San Pedro la Reliquia de la Espalda, exponiéndola al culto público, y volvieron a enterrar el cadáver del Santo Arzobispo en el mismo sepulcro, en el que pusieron una lápida con su faja, insignia de prelado [... ]“. Baltasar Lazaun y Andia, cronista de Estella, año de 1698.
Manifestaciones artísticas (ss. V al XIII)
Prerrománico. Estilo artístico y arquitectónico que se desarrolla entre los siglos VII al X. Se caracteriza por incluir técnicas y motivos decorativos de origen paleocristiano, fusionado con tradiciones artísticas de origen germano (visigodo), como son los ventanales de los ábsides (monolíticos, con arcos de herradura concéntricos,… ). Existen poquísimos testimonios en Vasconia: la iglesia de San Andrés de Motrico (barrio de Astigarribia), la ermita de San Pedro de Abrisqueta (Arrigorriaga) o la ermita de San Julián de Astrea (Zalduendo).
Románico. Estilo artístico y arquitectónico que se desarrolla entre los siglos XI y XII. Se características por los siguientes elementos: arco de medio punto, bóvedas de cañón semicirculares, planta basilical de una a tres naves, cabecera de uno o tres ábsides semiciculares, decoración escultórica en capiteles, arcos y portadas, y pintórica en muros y bóvedas. Los factores que explican su rápida difusión por Vasconia son: fundación de casas filiales de la orden cluniacense (irradiadora del románico); introducción de la refomorma gregoriana por monjes cluniacenses a lo largo del siglo XI; e implantación de los ramales principal (camino francés) y secundarios de la ruta de peregrinación a Santiago de Compostela (difusión de modelos culturales y estéticos europeos) por Vasconia. El románico se desarrolla esencialmente en Navarra, en menor medida en Álava y resulta residual en Vizcaya y Guipúzcoa. La razón radica en que el territorio navarro acoge al ramal principal de la ruta jacobea y a las principales abadías cluniacenses, pero también a que en el siglo XI, durante el apogeo del románico, Navarra se convirtió, gracias a la política de Sancho III el Mayor, en el principal reino cristiano de la Península Ibérica. En Álava encontramos otro ramal importante del camino de Santiago, además en esta época presenta un nivel político y socio-económico más evolucionado que Vizcaya y Guipúzcoa, cuyo dinamismo comenzará más tardiamente, en la Baja Edad Media.
Dentro del primer románico, entre finales del siglo X y el tercer cuarto del XI, cabe destacar a San Salvador de Leyre y San Miguel de Excelsis en Aralar en Navarra.
Dentro del apogeo del románico, a partir del tercer cuarto del siglo XI hasta mediados del XII, cabe destacar a Santa María de Ujué (Navarra), al monasterio de Irache (Navarra), a la catedral románica de Pamplona, comenzada bajo el mandato del obispo Pedro de Roda, reformador que estuvo en Cluny en el año 1100, y que contó con la presencia del maestro Esteban, procedente de la catedral de Santiago.
Desde mediados del siglo XII a principios del XIII se desarrolla el románico tardío, con ejemplos como Santa María de Sangüesa (Navarra), Santa María de Eunate (Navarra), San Pedro de la Rúa de Estella (Navarra), la basílica de Armentia (Álava), Santa María de Estíbaliz (Álava) o Andra Mari de Galdácano (Vizcaya).
A partir de comienzos del siglo XIII se inicia el Protogótico, período de transición del románico al gótico. Se caracteriza por apuntamiento de los arcos, bóvedas de ojivas, pilares con dobles columnas, ábside de planta poligonal,… Son ejemplos de esta estética Nuestra Señora de Tuesta (Álava), la colegiata de Roncesvalles (Navarra),…
Vida cotidiana y mentalidades colectivas
La vida en Vasconia tras la caída del Imperio Romano de Occidente (476) se ruralizó por completo. Los antiguos núcleos urbanos del período anterior, catalizadores de cierto dinamismo económico y cultural, habían sido abandonados en unos caso, como ocurrió con Iruña de Oca (Veleia, Álava), o simplemente languidecían, como Pamplona. Por tanto, la práctica totalidad de la población de Vasconia pasó a vivir directamente de la tierra (explotación agro-forestal) en un régimen de autarquía económica; o lo que es lo mismo, pasaron a ser autosuficientes en la producción de alimientos, vestidos, herramientas de trabajo, etc. Cada uno debía bastarse con sus propios recursos sin recurrir a un mercado urbano que había desaparecido.
Según el esquema trinitario de la sociedad medieval los campesinos, que podían ser libres o bien dependientes de un señor (siervos, collazos,… ), trabajaban la tierra para alimentarse ellos mismos y al resto de miembros de la sociedad: nobleza y clero. El campesino dependiente recibía una porción de tierra del señor a cambio de la cual pagaba una renta (pecha); pero también estaba obligado a trabajar las tierras que poseía directamente el señor, realizando todo tipo de labores. Todos los campesinos, tanto libres como dependientes, debían entregar la décima parte de su cosecha (diezmo) a la Iglesia para el sostenimiento del culto, el clero y la fábrica de las iglesias.
La jornada laboral del campesino se prolongaba de sol a sol. En invierno suponía unas nueve horas y en verano incluso doce. Las campanadas marcaban el ritmo del tiempo diario: anunciaban el amanecer, la hora del ángelus al mediodía y el toque de queda al anochecer. El descanso semanal se iniciaba el sábado con la puesta del sol y finalizaba el domingo después de vísperas. Los días festivos del calendario litúrgico se celebraban con un oficio religioso por la mañana y con diversas actividades de carácter lúdico, como bailes, encierros o juegos, incluídos los naipes, tablas o los perniciosos dados. El rey mantenía en Tudela una casa de juego (tafurería), por la que percibía importantes rentas; sin embargo, en otras localidades estaban prohibidas por considerarlas perniciosas para la moral y el orden público.
Las herramientas de trabajo del campesinado eran sumamente rudimentarias, basadas esencialmente en el arado romano (reja de madera) y tirado por tracción humana o animal. Con este tipo de arado era imposible efectuar surcos profundos en la tierra, lo que a la postre se traducía en cosechas pobres, que si las condiciones climáticas resultaban adversas podían perderse y poner en peligro la porpia supervivencia de los individuos. A partir del siglo XI se generalizó en la Europa occidental el arado de vertedera (una hoja añadida a cada lado de la reja), capaz de abrir surcos más profundos y voltear la tierra (oxigenarla). De este modo los rendimientos por unidad se simiente fueron superiores, incrementándose las cosechas, al punto de surgir excedentes, lo que abrió el camino a los intercambios y a la división del trabajo.
Otra de las novedades que surgieron en el siglo XI fue el despertar del mundo urbano, aunque tímidamente y ligado al Camino de Santiago a su paso por tierras de Vasconia. Las nuevas villas, que a lo largo de los siglos XII y XIII fundarían los reyes navarros, castellanos y los señores de Vizcaya, introdujeron un modo de vida radicalmente opuesto al campesino, predominante hasta la fecha. Ahora las villas se poblaron de comerciantes y artesanos, y semanalmente celebraban un mercado o feria, en la que se establecían todo tipo de intercambios y a donde afluían los excedentes campesinos. En Vasconia, sobre todo a partir del siglo XIII, se había operado una transformación social de especial relevancia, al extenderse el fenómeno urbano por todas parte y su geografía estar atravesada por dos rutas comerciales: la clásica del Camino de Santiago y una nueva que ponía en comunicación a Castilla con el Norte de Europa a través de los puertos vascos. Pero a pesar de todo, seguía predominando el mundo rural, ya que las villas albergaban a menos del 20% de la población total, que contibuaba en aldeas y explotando campos y bosques.
Las villas se encontraban rodeadas de una muralla, especialmente por motivos defensivos. Las calles eran estrechas, inferiores a cuatro metros de ancho, mal ventiladas, sin empedrar, por ellas circulaban libremente los animales, especialmente los cerdos que disponían los vecinos para su alimentación, y a ellas se arrojaban todo tipo de desperdicios, incluidas las “aguas mayores y menores” de los vecinos desde las ventanas, aunque previo aviso, y los restos de las reses muertas por los caniceros, que servían de comida a perros y ratas. En definitiva, las calles constituían un serio peligro para la salud pública, un caldo de cultivo adecuado para la propagación de cualquier epidemia, comenzando por la peste.
Las viviendas urbanas de este período presentan una planta rectangular, de unos 40 ó 50 m2, construidas esencialmente en madera, lo que facilitaba la proliferación y propagación de incendios, con tejados a dos aguas de lajas finas o paja, y muros medianiles que compartían las viviendas adosadas. El espacio interior se encontraba dividido en dos estancias: la que daba a la calle, destinada a cocina, y la más retirada, donde se encontraba el dormitorio, con un par de camas para compartir todos los miembros de la unidad familiar y algún arcón donde guardar la ropa. La trasera de la casa se empleada como huerto, establo o granero y pozo ciego o excusado. Las viviendas de los artesanos incluían en la delantera la parte de tienda. No era infrecuente que en altura tuvieran una estancia o sobrado para almacen, pero no será hasta los siglos XIV y XV cuando los edificios dispongan de dos o incluso tres alturas El suministro de agua debía conseguirse a través de las pocas fuentes públicas que se encontraban en las plazas de las villas.
Las viviendas rurales ofrecían una menor regularidad que las del mundo urbano. Se encontraban separadas unas de otras y disponían de edificios anejos destinados a las actividades típicas de las explotaciones agropecuarias: pajares, corrales, establos o graneros. Los caseríos y caserías son un tipo de viviendas y explotaciones campesinas que se generalizarán a partir de los siglos XIV y XV.
La base de la alimentación para el campesinado era el pan, pudiendo añadir a su dieta algunas verduras y legumbres, pero también huevos, leche y queso. La carne era un lujo que se circunscribía a la crianza de algún cerdo o al sacrificio de ovejas, aves de corral o vacas viejas que formaran parte de la explotación agropecuaria. Obviamente, las dietas más pobres podían encontrar en las castañas, nueces y avellanas un aporte nutricional. La bebida espirituosa se circunscribía en exclusividad al vino y a la sidra. El primero se producía en La Ribera y la segunda en los territorios costeros de Guipúzcoa y Vizcaya, al igual que en las tierras de Ultrapuertos. La mesa de los burgueses, gracias a las tiendas, mercados y ferias que albergaban sus villas y ciudades, se encontraban mejor surtidas que las de los campesinos. Cuestión aparte es la mesa de los nobles, grandes monasterios y monarcas, gracias al cobro de las pechas en especie y de los diezmos de las cosechas. Por otra parte, se podían permitir productos de lujo, tales como las especias (pimienta), y animales provenientes de la caza mayor (jabalíes, ciervos,.. ), actividad reservada al estamento social privilegiado. El régimen de las comidas se encontraba sometido al calendario litúrgico, debiéndose observar, en consecuencia, ayuno y vigilia los días de precepto, como por ejemplo durante la Cuaresma y todos los viernes del año. En esas ocasiones la carne era sustituida por el pescado.
El menaje de cocina se circunscribía a recipientes cerámicos o de cobre, en el caso de las ollas, o de madera, en el de las escudillas, cuencos y vasos, al igual que las cucharas, utensilio comodín, pues el tenedor aún no se había generalizado. De la olla comían directamente todos los miembros de la familia con sus cucharas y sentados en bancos corridos. El menaje de la mesa real y nobiliar era más rico y variado, incluyendo utensilios de metal y vidrio.
La indumentaria conoce una lenta evolución a lo largo de esta primera etapa medieval. Hasta el siglo X se mantuvo en cierta medida la vestimenta heredada de la época bajo imperial; es decir, la túnica y el tubruco (especie de pantalón). Pero a partir de los siglos XI, XII y XIII se produjo una tímida innovación, generalizándose entre personas de cierto rango el empleo de las túnicas talares (brial) y entre las de condición social inferior un vestido corto hasta la rodilla (saya). En lugar de tubrucos ahora se extiende el uso de pantalones que se adactan a la forma de las piernas (calzas). Los varones llevaban la cabeza descubierta, pelo largo y barba. Las tocas de las mujeres son de diversos tipos: cofia, bonete sujeto a la barbilla, tocados troncocónicos o de forma cilíndrica cubiertos con bandas de tela.
Durante los siglos XI al XIII, período de apogeo de las peregrinaciones a Santiago de Compostela, el tipo de vestimenta que se observa con harta frecuencia era el de los pregrinos que recorrían la ruta jacobea a su paso por tierras de Vasconia. Se les reconocía porque llevaba una esportilla (saquito de piel) para guardar las limosnas, los salvoconductos, etc.; un bordón (bastón) para ayudarse en el camino y cuya altura sobrepasaba la del propio peregrino; una calabaza atada al bastón, a modo de recipiente para agua o vino; y una concha (venera) cosida a la capa o sombrero, como símbolo que identificaba al romero.
El ciclo vital durante estos siglos medievales era muy corto, ya que la esperanza de vida a penas superaba los 40 años. Las muchachas eran casadas nada más iniciarse su período fertil, para proporcionar el mayor número posible de hijos a la familia. Estas muchachas debían llegar vírgenes al matrimonio, especialmente las pertenecientes al estamento nobiliar, y si existía alguna sombra de duda sobre la cuestión, el Fuero General de Navarra otorgaba al varón la posibilidad de comprobar la real doncellez de su futura mujer. Hasta el siglo XIII el matrimonio fue esencialmente un contrato civil entre dos familias que buscaban cerrar un trato satisfactorio para sus propias estrategias sociales y económica. Este contrato se realizaba sin tener en cuenta los deseos de los contrayentes y sin la intervención de la Iglesia, bendiciendo la unión mediante el sacramento del matrimonio, algo que se impondría en los siglos XIV y XV.
Entre las causas que hacían que la esperanza de vida fuera tan breve se encontraban: una alimentación deficiente, enfermedades para las que la medicina no disponía de remedio, la abundancia de guerras, un ritmo de trabajo en condiciones extremas, etc. En estas condiciones la muerte era un acontecimiento omnipresente y cotidiano. Para atender a los enfermos y los muertos se crearon cofradías, como la de San Saturnino (1229). Los cofrades se encargaban del velatorio, los funerales, el entierro y de las plegarias pro anima, y finalizado el sepelio se efectuaba una comida de hermandad a la que se invitaban a quince pobres.
Entre los siglos XII y XIII comenzaría a generalizarse el testamento como instrumento para disponer y ordenar la herencia y los asuntos del alma. Esto último con vistas a la salvación eterna, mediante los legados piadosos que se dispusieran y las misas pro anima que se encargaran, con objeto de permanecer el menor tiempo posible en el Purgatorio.
La Iglesia se valía de diversos recursos catequéticos para prevenir a los fieles que debían estar preparados ante la incierta hora de la muerte, teniendo todos los asuntos del alma bien ordenadas. Un ejemplo de esos recursos es la leyenda del aparecido Sancho de Estella en 1112. Éste, que no hacía mucho que había fallecido, se presentó ante su amo, Pedro Engelberto, para rogarle que el dinero que le adeudaba por su trabajo como criado lo empleara en atender a los pobres en remisión de su alma y purgar de este modo las faltas que había cometido en vida, porque en caso contrario le ocurriría lo mismo que a otro vecino de Estella, Bernerio, también fallecido, que se consumía en el fuego eterno del infierno, porque “sentenció muchas veces injustamente, movido por el dinero o la amistad”. Otros medios empleados por la Iglesia para llevar adelante sus enseñanzas al respecto fueron las pinturas y esculturas presentes en buena parte del arte eclesial románico y gótico de la geografía de Vasconia, donde se representaba el Juicio Final, con la pesada de las almas por el arcángel San Miguel: las de los malos irían al infierno, a las calderas de Pedro Botero, y las de los buenos al seno de Abraham (Cielo). Las más importantes representaciones de estas escenas se encuentran en el claustro de la catedral de Bayona, las pinturas de Gaceo o las portadas de San Miguel de Vitoria, del Juicio Final de la catedral de Tudela o la iglesia del Santo Sepulcro de Estella.
Documentos
“Pasado este valle, viene la tierra de los navarros, rica en pan, vino, leche y ganados. Navarros y vascos tienen características semejantes en las comidas, el vestido y la lengua, pero los vascos son de rostro más blanco que los navarros. Los navarros se visten con ropas negras y cortas hasta las rodillas como los escoceses y usan un tipo de calzado que llaman abarcas, hechas de cuero con pelo sin curtir, atadas al pie con correas y que sólo envuelven las plantas de los pies, dejando al descubierto el resto. Gastan, en cambio, unos mantos negros de lana que les llegan hasta los codos, con orla, parecidos a un capote, y a los que llaman sayas. Como se ve, visten mal, lo mismo que comen y beben también mal, pues en cada casa de un navarro se tiene la costumbre de comer toda la familia, lo mismo el criado que el amo, la sirvienta que la señora, mezclando todos los platos en una sóla cazuela, y nada de cucharas, sino con las propias manos; y beben todos del mismo jarro. Cuando los ve uno comer, le parecen perros o cerdos. [... ].
Son un pueblo bárbaro, diferente de todos los demás en sus costumbres y naturaleza, colmado de maldades, de color negro, de aspecto innoble, malvados, perversos, pérfidos, desleales, lujuriosos, borrachos, agresivos, feroces y salvajes, desalmados y réprobos, impíos y rudos, crueles y pendencieros, desprovistos de cualquier virtud y enseñados a todos los vicios e iniquidades, parejos en maldad a los Getas y a los sarracenos, y enemigos frontales de nuestra nación gala. Por una miserable moneda, un navarro o un vasco liquida, como pueda, a un francés. En algunas de sus comarcas, en Vizcaya o Álava por ejemplo, los navarros, mientras se calientan, se enseñan sus partes, el hombre a la mujer, y la mujer al hombre. Además, los navarros fornican incestuosamente al ganado. Y cuentan también que el navarro coloca en las ancas de su mula o de su yegua una protección, para que no las pueda acceder más que él. Además, da lujuriosos besos a la vulva de su mujer y de su mula. Por todo ello, las personas con formación no pueden por menos de reprobar a los navarros.
Sin embargo, se les considera valientes en el campo de batalla, esforzados en el asalto, cumplidores en el pago de los diezmos, perseverantes en sus ofrendas al altar. El navarro, cada vez que va a la iglesia, ofrece a Dios pan, vino, trigo, o cualquier otra ofrenda. Dondequiera que vaya un navarro o un vasco se cuelga del cuello un cuerno como un cazador, y acostumbra a llevar dos o tres jabalinas, que ellos llaman auconas. Y cuando entra o vuelve a casa silva como un milano. Y cuando emboscado para asaltar una presa, quiere llamar sigilosamente a sus compañeros, canta como el buho o aúlla como un lobo. [... ]“. Aymeric Picaud, Liber peregrinationis.