Revista divulgativa sobre cultura vasca

Archivos de la categoría ‘El libro blanco del euskera (extractos)’

Aislamiento e influencias de la lengua vasca

In El libro blanco del euskera (extractos) on Noviembre 16, 2009 at 9:44 am

Por Koldo Mitxelena

La lengua vasca es, según reza el lugar común, una lengua aislada o, más precisamente, genéticamente aislada, ya que el concepto de parentesco genético, con sus métodos de prueba, es algo que todos los especialistas aceptan en la práctica, por más reparos que alguno oponga a la teoría. Porque es evidente que siempre hay contacto entre lenguas y nunca ha existido un aislamiento estricto, entendido en sentido absoluto.

A mayor abundamiento, la nuestra, hablada en una zona que es antes un pasillo que un bastión inaccesible, ha sido tan permeable como cualquier otra a lo largo de por lo menos dos milenios. De ello da buen testimonio, aun sin mencionar huellas más difíciles de identificar, la influencia latino-románica, manifiesta en todos los aspectos, desde el léxico o la pronunciación hasta la construcción de las frases. La influencia, claro está, no ha tenido por qué ejercerse siempre en la misma dirección: así, según una opinión extendida que cuenta con patrocinadores muy autorizados, el factor vasco ha podido pesar en la evolución fonética del castellano y del gascón, en lo que tiene de peculiar dentro de la familia de las lenguas románicas.

Este aislamiento genético nada tiene de excepcional si se toma en cuenta la totalidad de las lenguas conocidas, antiguas y modernas, pero sí es un hecho único en la Europa moderna, hasta el Cáucaso y los Urales, así como en el norte de América. No valdría la pena de volver sobre esto, a no ser por las consecuencias históricas que ha tenido. Muchas veces no se tienen debidamente en cuenta los aspectos prácticos del parentesco lingüístico: así proceden, por no buscar ejemplos menos familiares, quienes ponen en duda el germanismo del inglés actual. Read the rest of this entry »

La suerte histórica y administrativa del euskara

In El libro blanco del euskera (extractos) on Agosto 30, 2009 at 6:48 am

Por Koldo Mitxelena

(Traducción de la Biblia al euskera de Leizarraga patrocinada por Juana de Albret, XVI)

Sin centros administrativos o culturales de prestigio, faltos de una política que -hasta en el terreno de las ideas- fuera más allá de dejar vivir -o morir- a una lengua carente de fuertes incentivos económicos, los vascos pudieron encontrar un cierto apoyo en la religión, desde que se cristianizaron plena y radicalmente. Ahora bien, una liturgia en lengua nacional era impensable en Occidente en siglos tempranos, del mismo modo que lo ha seguido siendo hasta el Concilio Vaticano, al contrario de lo que ocurría en la Iglesia oriental, Una posibilidad en este sentido se había de presentar en el siglo XVI, con la Reforma protestante. Efectivamente, no han faltado voces en estos años de postguerra que, tornando pie en la obra de Leizarraga y colaboradores, inspirada y movida por Juana de Albret, han especulado sobre las ventajas que se hubieran seguido para nuestra lengua de una sólida implantación protestante: el galés moderno, comparado con el irlandés, ofrece una imagen bastante precisa de lo que pudo haber sido y no fue.

asmoz186_05(Juana de Albret, XVI)

Pero, por desgracia, este género de razonamientos que toman corno antecedentes condicionales irreales (es decir, que parten del supuesto de que algo que sabernos falso fuera verdadero) no sirven para gran cosa, si no es para ejercitar el ingenio y exhibir erudición. Creo que todos estarán de acuerdo en que el éxito de la religión reformada entre nosotros, sobre todo en los dominios de Felipe, era todavía más improbable que el feliz advenimiento de una república socialista popular en ese mismo territorio ante los ojos de los Estados Unidos y aliados, no más tolerantes con los descarríos de los pequeños que el hijo del Emperador. Read the rest of this entry »

El largo y difícil camino del euskara

In El libro blanco del euskera (extractos) on Agosto 30, 2009 at 6:41 am

Por Koldo Mitxelena

Se me han pedido, para encabezar esta obra colectiva, unas pocas páginas que fueran una especie de presentación de su objeto, que es, de una forma u otra, la lengua vasca. No se me ocultaba lo que la empresa tiene de peligroso, aparte de que pueda parecer innecesaria: no es fácil elegir con acierto los aspectos que pudieran ser apropiados para la ocasión, y menos aún tratarlos de manera que se evite la reiteración de cosas ya repetidas hasta la saciedad.

De aquí una cierta resistencia interior que se ha traducido en desgana y retrasos. Para vencerla, he acabado por figurarme que quienes han planeado el volumen se han dejado arrastrar de un cierto prurito de arquitecto que no se resigna a dejar, ya en la misma fachada, un nicho sin su imagen correspondiente, aunque su calidad no la recomiende. Si se intenta describir la lengua vasca, el euskara, no hay más remedio que recurrir una vez más a venerables lugares comunes. Se trata, en primer lugar, de una lengua pequeña, es decir, empleada en un pequeño territorio por un número no crecido de hablantes: ya lo era, según todos los indicios, desde el momento en que acertamos a descubrir sus primeros testimonios. Este territorio, por otra parte, ha ido reduciéndose, aunque con algunas alternativas, en el curso de la historia.

Diversidad del habla

“Cartes des Sept Provincies Basques montrat la délimitation actuelle de l’Euskara et sa division en dialectes, sous-dialectes et varietés” (1866, Louis Lucien Bonaparte)

Es también sabido que en los últimos siglos no ha habido una lengua única, sino que el área de habla vasca aparece dividida en zonas dialectales: para muchos, la imagen de ese territorio es la que se refleja en las dos versiones del mapa dialectal, reproducido o esquematizado en obras muy divulgadas. que hace algo más de un siglo preparó el príncipe Luis Luciano Bonaparte. Esta diversidad nada tiene de particular, ya que constituye la regla antes que la excepción en cualquier dominio lingüístico.

(Louis Lucian Bonaparte, 1813-1891)

Lo que sí hay que subrayar aquí es que no ha existido hasta nuestros mismos días una forma común de la lengua reservada para ciertos usos. O, por mejor decir, lo que no ha habido es una lengua común, aunque sí ha habido -y hasta acaso hayan sobrado- koiné de base en general regional, hecho que ahora se suele olvidar con demasiada facilidad, que han influido a menudo fuera de su propio territorio. Esto se manifiesta, ante todo, en la lengua escrita, ya que, como salta a la vista sólo a través del documento escrito podemos hacernos al menos una idea, siempre aproximada, de lo que podía ser la lengua hablada en tal o cual lugar y, casi hasta nuestros días, en éste o en aquel momento. Pero sin mayor temor de equivocarse se puede afirmar que algo parecido tenía que ocurrir por ejemplo, en la predicación o en ciertos géneros de literatura de base oral: refranes y sentencias, verso, narraciones tradicionales, etc.

Esta carencia no deja de tener relación, evidentemente, con el hecho de que la lengua vasca nunca haya sido oficial, excepto en el corto período comprendido dentro de los años 1936-37, en que fue empleada como tal por el Gobierno autónomo vasco. Pero, aun sin tomar en cuenta la brevedad del plazo, cae de su peso que las circunstancias no eran demasiado favorables para el establecimiento real de la cooficialidad, como no lo fueron tampoco, por ejemplo, para el funcionamiento normal de la Facultad de Medicina de Bilbao.

La diversidad lingüística tiene correspondencia precisa en la división político-administrativa del País Vasco, a la que se suman la eclesiástica y otras, hecho histórico constante, si se prescinde de lo que ocurría o podía ocurrir en los momentos de mayor expansión del reino de Navarra o en tiempos todavía anteriores. Pero del mismo modo que esta división nunca consiguió borrar por entero la conciencia -latente o patente- de una unidad superior, la diversidad dialectal tampoco ha llevado a dudar de la unidad de la lengua, manifiesta a todos los niveles: gramática, léxico, pronunciación.

No se ha arbitrado todavía, que yo sepa, una medida razonable de la diferenciación entre variedades de una misma continuidad lingüística, puesto que, como se sabe, la posibilidad de comprensión mutua entre hablantes de distintos dialectos está lejos de ser un criterio seguro. Por decirlo de la manera más breve posible. lo que parece ininteligible de buenas a primeras resulta a menudo perfectamente comprensible cuando el contacto se prolonga. Pero la dificultad, más que la incomprensibilidad, basta para que muchas veces -cosa que algunos se empeñan en ignorar- los hablantes recurran a otra lengua. unificada y normalizada que poseen en común.

Desde luego, para un comparatista, valga lo que valga este criterio, los dialectos vascos son, podría decirse, desesperantemente uniformes:

“El vasco común, el origen común de los dialectos actuales, no debía de ser muy diferente de lo que estos dialectos son en nuestros días”

Escribía Hans Vogt en 1955 y es dificil no estar de acuerdo con su afirmación. Ese vasco común o protovasco, sin embargo, es una construcción teórica que se justifica-o no se justifica- por su fuerza explicativa. Su base real puede estar no sólo en una antigüedad más o menos remota, sino también en fenómenos de convergencia, ya que, además de los arcaísmos conservados, son comunes a todo o a gran parte del territorio muchas innovaciones, sobre todo fonéticas, con diferencias tan sólo de detalle.

De cualquier manera, y esto es lo que conviene subrayar aquí, dentro del período histórico de la lengua, como ocurre siempre que se trata de desarrollos espontáneos y no dirigidos, las divergencias son cada vez menores, sin que por ello lleguen a anularse, a medida que remontamos el curso del tiempo. Hay que suponer que, en nuestro caso, las cosas ocurrieron del mismo modo que han ocurrido en otras partes: la diversidad dejó paso alguna vez a la unidad -y la unidad lingüística siempre se impone por razones esencialmente extralingüísticas-, para que después esta unidad, siempre relativa, fuera diversificándose cada vez mas.

Biografía de un libro

In El libro blanco del euskera (extractos) on Agosto 30, 2009 at 6:39 am

Por Koldo Mitxelena

Se dice comúnmente que un libro es Blanco cuando está constituido por diferentes documentos destinados a tomar una posición razonada y combativa a la vez ante un conflicto.

Nuestro pueblo ha pasado durante milenios por situaciones de existencia muy difíciles y, sin embargo, ha logrado llegar hasta aquí consciente de su identidad cultural. El rasgo más saliente y más definido de esta terca vocación de vida de la cultura vasca es su lengua, una lengua que con sus raíces de la Edad de Piedra aún vivas en sus voces ha llegado con alientos dejuventud hasta la Era Atómica; pero si es milagrosa esta larga supervivencia, más milagroso seria que sobreviviese mucho más en este tiempo imprevisible todavía de la nueva revolución de la comunicación social si se le mantiene en las condiciones de desamparo institucional, administrativo y político en que está malviviendo durante estos últimos decenios.

Este Libro Blanco del Euskara quiere venir a remediar aquí una angustiosa necesidad del momento.

Pretende dotar a las nuevas instituciones democráticas que van a nacer en esta hora en que, por fin, va a ser viable la normalización del euskara en su pueblo, de un marco mínimo de conocimiento que sea sólido. Se trata de ofrecer unos elementos de comprensión de lo que es el euskara mediante unos trabajos que son diversos desde los rumbos de cada especialización hasta la actitud personal de su autor frente al problema, pero que por la manera en que ha llegado a la elaboración final de la obra constituye el fruto de un trabajo en equipo; y es, precisamente, esta peculiar manera de hacer la que nos mueve a explicar ahora al lector la motivación, las intenciones y los caminos que hemos andado para llegar hasta aquí, la meta de este Libro Blanco.

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