Revista divulgativa sobre cultura vasca

El peligro de un Obispo de habla vasca (1861)

In El libro negro del euskera on Diciembre 26, 2009 at 6:25 am

“Memoria o consideraciones sobre la reunión de las tres provincias vascongadas en un solo Obispado, con la silla episcopal en Vitoria” que envía el abad electo de Santo Domingo de la Calzada –Justo Barbagero- al Ministro de Gracia y Justicia, con fecha 5 de agosto de 1861.

Teniendo los vascongados Obispo de su habla, Cabildo y párroco de su habla, se aferrarán más y más en ella, tratarán de extenderla por los límites de las tres provincias, ganando el terreno perdido, y haciendo de ella una lengua nacional, y si a esto se agrega la mayor afición que cobrarán a sus costumbres, tradiciones, fueros, que en cierto modo se autorizan y sancionan, se habrá contribuido a formar en España una nacionalidad distinta, y una base de separación política para los demás adelante quisieran invocar el principio de las nacionalidades.

Por todas estas consideraciones, que el gobierno de S. Majestad sabrá apreciar como corresponde, no era para aconsejarse la creación de una silla episcopal en Vitoria, ni en ningún otro punto de las provincias de donde pueda originarse el título del Obispo Vascongado. Pero una vez que se ha convenido con Su Santidad en la erección de aquella silla y obispado por fines y motivos puramente espirituales, para atender al mejor servicio y cuidado de aquellas almas, todavía quedan medios al Gobierno para conciliar los intereses políticos con los religiosos, al tratar de la demarcación de límites. Lejos de señalarse al nuevo obispado de las tres provincias vascongadas, debería conservarse a las diócesis actuales de Pamplona, Calahorra y Burgos todo el territorio posible: lo 1. por respeto a sus derechos y categorías; lo 2. para no incurrir en inconsecuencia con la formación de diócesis tan vasta; y lo 3. por las razones políticas indicadas que aconsejan más bien que la unión, el fraccionamiento de las tres provincias.

Conservando a Pamplona, San Sebastián y Tolosa, que distan menos de ella que de Vitoria; a Santander y Burgos su territorio actual en Vizcaya y Álava; y a Calahorra y la Calzada por ser la que más pierda, la mayor parte posible de esta última provincia, quedando todavía un territorio suficiente para la formación de la nueva diócesis, con más de cuatrocientas pilas, buenas poblaciones y un número crecido de almas, se habrán hermanado la conveniencia y el derecho, los intereses de la Religión y del Estado.

Fuente: El libro negro del euskera. Joan Mari Torrealdai. Ttartalo (1998)


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