Aproximadamente entre un 40-50% de la producción literaria euscara se concentra en un período de tiempo que duró unos 60 años y que se ha venido a denominar Euzko/Eusko Pizkundea o Renacimiento Vasco. No se puede afirmar que las características de los escritores de esta etapa sean comunes a todos, los géneros, el estilo, así como sus inclinaciones o motivaciones eran distintas. Pero no resulta difícil agruparlos alrededor de distintas revistas o periódicos: Uscal Herrico Gaseta (1848), Eskualduna (1887), Euskalzale (1897), Ibaizabal (1902), Eguna (1937), Aberriya, Euskalduna (1898), Antzerti (1932), Aranzazu (1921), Argia (1921), etc.

"Don Telesforo Aranzadi, Don Resurrección Maria de Azcue y el padre Donosti. 1930; Vergara, Durante el Congreso de Estudios Vascos; Don Telesforo Aranzadi, Don Resurrección Maria de Azkue y Padre Donosti"
Este resurgir de la literatura no se limitaría solo a la prensa (llegando a publicarse el primer periódico exclusivamente en euskera), alcanzaría a campos tan dispares como el bertsolarismo improvisado (koplarien gudak) o los bertso-paperak (literatura de cordel), los juegos florales y la poesía romántica, la novela costumbrista y/o moralizante, etc. Sin duda entre los factores que potenciaron este renacimiento se encuentran las Guerras Carlistas y su consecuente perdida de la foralidad en la península, el enfrentamiento entre xuriak y gorriak (cléricales y republicanos) en el país vasco francés, el surgimiento del nacionalismo vasco (Chaho y Campión); su articulación (Sabino Arana) e institucionalización (Ramón de la Sota), etc.
En otra ocasión nos extenderemos más sobre el Renacimiento Vasco y sus frutos, pero pasemos a analizar el período inmediatamente posterior a este: la literatura en euskera bajo el franquismo (1937-1975). Desmentíamos la vez anterior al periodista Jesus Laínz que afirmó:
Las ediciones de literatura en vascuence se cuentas por miles, y desde fechas tan tempranas como 1941.
Quedó claro que en la península hasta 1949 no se publicó en euskera y la obra que se “permitió” publicar fue Aranzazuko Poema del franciscano Salbatore Mitxelena en una pequeña revista religiosa (sin difusión alguna por aquel entonces) del citado santuario. Es una primera señal que apuntará al papel decisivo que los franciscanos tendrán que jugar dentro de pocos años y que convertirá a un alejado monasterio de las montañas en la capital y centro de operaciones de la cultura vasca con la Escuela de Arantzazu (Gandiaga, Torrealdai, Azurmendi, etc.) y sus publicaciones (Aranzazu, Jakin, Egutegia, etc.) a la cabeza
Pero hasta el fin del franquismo solo se publicaran en total 84 obras literarias en, 50 en Francia, 4 en la Diáspora (Argentina, Venezuela, México, Guatemala, etc.) y 30 en España. La mayoría de ellas (exceptuando aquellas que fueron publicadas en pequeñas revistas y al abrigo y protección de la Iglesia) saldrán a la luz gracias la Editorial Icharopena (fueron de las pocas empresas a las que se les permitió conservar su denominación, aunque sustituyendo la TX por CH) y a lo que Unzurrunzaga (director de la editorial) llamó el “milagro”.
Corría el año 47, 9 de septiembre, en Zarauz se estaba celebrando la ‘Euskal Jaia” (por aquel entonces solo esta tenía permiso para celebrar este tipo de fiestas) y en la villa se encontraba el señor Pedro Rocamora, director general de prensa y propaganda del franquismo. Aquel día Patxi Unzurrunzaga, a sabiendas de que aquel mandatario de madrid no podría ser aun peor que los censores de la tierra, se acercó junto con Joxe Artetxe a Rocamora para solicitarle directamente la licencia de publicación para ” algunos poemas religiosos y folclóricos”. Contra todo pronóstico este los escuchó, comprendió y concedió la licencia. Artetxe y Unzurrunzaga se fundieron en un abrazo antes de salir a la calle.
Era el día de la Virgen de Aránzazu.
Esta anécdota abrirá la posibilidad de publicar al fin en euskera, luego vendrá la censura, el secuestro de las ediciones, las multas, embargos y otros problemas. De las 30 obras que se publicarán 10 serán libretos de obras de teatro de Labayen que no se podrán llevar a escena, 10 de poesía (predominantemente mística o religiosa), 4 cuentos para niños y 6 de narrativa (de corte moralizante y/o costumbrista). Siete autores concentrarán toda la producción de la época, la mayoría religiosos (sacerdotes, misioneros, franciscanos, benedictinos, etc.) y las consecuencias de ellos serán visibles en las generaciones posteriores.
Pocos autores (no-religiosos) seguirían los pasos de estos, la escasa (o nula) difusión de algunas de estas obras será también determinante cuando las nuevas generaciones decidan retrotraerse hasta la Edad de Oro de las Letras Vascas en vez de seguir el camino de sus predecesores.
¿Miles de ediciones? no llegaron ni a la centena, apenas unas treintena, de temática religiosa u obras de teatro que no se llevaron a escena. No. No fue el mejor período que vivió la literatura en euskera.
Jean Etxepare Miriku
