Revista divulgativa sobre cultura vasca

Aislamiento e influencias de la lengua vasca

In El libro blanco del euskera (extractos) on Noviembre 16, 2009 at 9:44 am


Por Koldo Mitxelena

La lengua vasca es, según reza el lugar común, una lengua aislada o, más precisamente, genéticamente aislada, ya que el concepto de parentesco genético, con sus métodos de prueba, es algo que todos los especialistas aceptan en la práctica, por más reparos que alguno oponga a la teoría. Porque es evidente que siempre hay contacto entre lenguas y nunca ha existido un aislamiento estricto, entendido en sentido absoluto.

A mayor abundamiento, la nuestra, hablada en una zona que es antes un pasillo que un bastión inaccesible, ha sido tan permeable como cualquier otra a lo largo de por lo menos dos milenios. De ello da buen testimonio, aun sin mencionar huellas más difíciles de identificar, la influencia latino-románica, manifiesta en todos los aspectos, desde el léxico o la pronunciación hasta la construcción de las frases. La influencia, claro está, no ha tenido por qué ejercerse siempre en la misma dirección: así, según una opinión extendida que cuenta con patrocinadores muy autorizados, el factor vasco ha podido pesar en la evolución fonética del castellano y del gascón, en lo que tiene de peculiar dentro de la familia de las lenguas románicas.

Este aislamiento genético nada tiene de excepcional si se toma en cuenta la totalidad de las lenguas conocidas, antiguas y modernas, pero sí es un hecho único en la Europa moderna, hasta el Cáucaso y los Urales, así como en el norte de América. No valdría la pena de volver sobre esto, a no ser por las consecuencias históricas que ha tenido. Muchas veces no se tienen debidamente en cuenta los aspectos prácticos del parentesco lingüístico: así proceden, por no buscar ejemplos menos familiares, quienes ponen en duda el germanismo del inglés actual.Otras, por el contrario, tal vez se tienda a sobrevalorar este factor. Siempre me ha sorprendido la frecuencia con que se alude en la conversación ordinaria de especialistas, a “nuestras lenguas indoeuropeas”, no para referirse a una comunidad de origen, sino a un conjunto de características básicas (diferentes, si no opuestas, a las de otras lenguas:“como ocurre por lo menos en nuestras lenguas indoeuropeas”, etc.) que se siguen compartiendo, por grande que sea la diversidad superficial.

De todos modos, aun para el juicio más prudente, la historia de la lengua vasca parece demostrar que este elemento, comunidad o aislamiento genético, ofrece un interés que no se reduce al estrecho marco del comparatista, En principio, todo puede ser traducido o adaptado de una lengua a otra, pero traducción y adaptación son más fáciles en unos casos (pueden llegar a hacerse, por decirlo así, mecánicamente) y más trabajosas en otros.

Por lo que se refiere a nosotros, el aislamiento ha venido jugando a la vez en favor y en contra de la lengua. Su marcada diferenciación, su carácter “extraño” en relación con las vecinas, ha sido, sin duda, y así lo han señalado prácticamente todos los que se han ocupado de esta cuestión, un factor favorable a su conservación. Sólo podía perderse por abandono puro y simple (es inevitable un período de bilingüismo, más o menos largo), y no confundirse con otras variedades, a medida que se iba despojando de rasgos propios y admitía ajenos.

Le ha sido muy desfavorable, por el contrario, en cuanto que ha hecho difícil su empleo como lengua escrita, primero, y ha entorpecido después su cultivo, por falta de apoyo exterior. Su caso no es comparable al de las lenguas románicas, por ejemplo, que siempre han contado y cuentan con modelos, extranjeros pero no extraños, con cuya ayuda han podido incluso recuperar el terreno perdido en épocas de desidia. Por otra parte, y esto es decisivo, sobre todo en nuestros días, mientras los romances peninsulares son fáciles de comprender, al menos en su forma escrita, para cualquiera que sepa castellano, el vasco, hasta el vasco escrito, necesita una iniciación especial, sin la cual no es comprensible ni para romanistas o indoeuropeístas profesionales.

Vale la pena hacer aquí una salvedad, más pertinente desde el punto de vista teórico que desde el práctico. Hablar del carácter extraño de la lengua vasca sólo tiene sentido en relación con las lenguas que la rodean en posición dominante, tornada en sí, no es otra cosa que un sistema, ni más corriente ni más extraordinario que otros, entre los millares de sistemas, conocidos y desconocidos, en que ha tornado forma la facultad humana del lenguaje. Si hoy se nos aparece solitaria, es probablemente porque sobresale como testigo de un paisaje lingüístico que ha sido después radicalmente modificado. La última fase de esa alteración, conocida por ser la más reciente, es la indoeuropeización de estas partes de Europa, indoeuropeización completada por la romanización.