Viernes, 09 de junio de 2006
los cientos de piezas epigráficas halladas en el yacimiento de Iruña Veleia van a propiciar que, incluso por delante de cambiar la Historia del cristianismo y el euskera, se quiebren muchos tópicos en torno al asentamiento de la lengua vasca en Álava. Por mucho que a algunos les duela, sobre todo a aquellos que ostentan determinados puestos de responsabilidad, el euskera es parte del patrimonio de esta tierra, más aún ahora que, gracias a la excelente labor de los arqueólogos que trabajan en Veleia, resulta que no existe constancia de que nadie lo plasmara en papel antes de que se hiciera en esa extinta urbe romana que se ubicaba muy cerca de donde ahora descansa la cárcel de Nanclares. Ahora toca que todas esas personas que se muestran reticentes a la hora de respaldar una faceta tan importante de la cultura como es la lengua, quizá porque han entendido que venía de fuera , de las zonas montañosas , entiendan que aquí, en la Llanada, hace 1.700 años, los ancestros de los miles de personas que ahora sufren con el Alavés, disfrutan de los triunfos del TAU y comen caracoles en San Prudencio, se comunicaban en euskera con naturalidad, y con la aquiescencia de los romanos. De cualquier modo, lejos de ahondar en críticas a los ataques que sufre el euskera, es momento de paladear los trascendentales descubrimientos logrados por Eliseo Gil y su equipo, quienes, pese a las reservas, son conscientes de que las excavaciones que han venido realizando durante la última década pueden haberles granjeado un espacio en la historia de la Historia. Álava, hasta que se encuentre otro Calvario y otro texto en euskera más antiguos, también tiene su pequeño hueco.