Viernes, 09 de junio de 2006
Eliseo gil, arqueólogo y director de iruña veleia
nanclares. Lleva casi doce años al frente de Iruña Veleia y aún conserva esa sonrisa propia de la ambición, el misterio y la satisfacción de quien afronta un secreto, oculto entre la historia y la tierra, a punto de desvelarse. Eliseo Gil Zubillaga (Vitoria, 44 años) presentó ayer el mayor descubrimiento de este yacimiento romano: sus orígenes, rutinas, anécdotas y primeros pasos en el cristianismo. Así se ha abierto no sólo una nueva etapa en la arqueología de Euskadi, sino además “una ventana en el tiempo”, apunta Gil.
Este arqueólogo alavés, enfundado en unos pantalones de camuflaje, camiseta negra, gafas de sol y visera con el símbolo de Veleia, no parece muy dado a las palabras poéticas, pero ya ha acuñado una expresión propia, la de que “Veleia es un proyecto vivo”. Es decir, que las sorpresas no acaban aquí.
Durante el pasado verano de 2005, su equipo halló las primeras piezas guardadas en el ‘paedagogium’. ¿Cómo recuerda aquel momento clave?
Diría que fue algo absolutamente banal, porque se reaccionó como marca el protocolo de trabajo del yacimiento. Excavamos en la habitación, retiramos los escombros de la cubierta y nos topamos con una concentración llamativa de material. Y, durante la retirada física de los elementos, vimos que muchos de esos fragmentos iban acompañados de inscripciones o dibujos.
¿Al equipo de Iruña Veleia se le había pasado por la cabeza, en algún momento, encontrarse algo así en ese “nivel sellado”?
No. Nosotros fuimos los primeros sorprendidos. Ese derrumbe de la cubierta garantizaba que, lo que reposaba debajo, habría permanecido inalterado, fuese lo que fuese. Porque podía no haber nada. Por eso no podíamos intuir que íbamos a tropezarnos con un descubrimiento de estas implicaciones históricas. Se trata de un acontecimiento inusual en cualquier yacimiento. Un compañero afirmaba que es de ese tipo de hallazgos que se producen una vez cada dos generaciones, o más.
Además, el hallazgo arroja luz sobre el nivel cultural de una ciudad que no estaba precisamente a la cabeza del Imperio…
Ya disponíamos de evidencias de que en Veleia se usaba la escritura. Habíamos encontrado accesorios vinculados con el correo oficial, la bisagra de un díptico de tablillas enceradas… Pero, en estas coordenadas geográficas, no se conservan elementos como la madera, salvo que se haya carbonizado. Con lo cual, la esperanza de encontrar restos en tablilla era prácticamente imposible. Porque aquí no hay la suficiente humedad: suelen hallarse en contextos inundados, en el norte de Europa… Por eso ni siquiera soñábamos con encontrar piezas así.
Lo más curioso es que, ahora, unos apuntes de clase se han convertido en un relato histórico de gran valor.
Los descubrimientos en esa habitación no sólo son una puerta a una biblioteca, que también, sino una puerta a las costumbres de aquella época. Demuestra cosas que, de tanto repetirlas, parece que no tenían sentido, como es la capacidad de la arqueología para reconstruir la vida cotidiana. En ninguna otra fuente se podía haber encontrado algo así.
El equipo de Iruña Veleia, de hecho, no ha tenido miedo de afirmar que este paso lo sitúa al nivel de Vindolanda, Pompeya o incluso la propia Roma. ¿Cree que la sociedad alavesa va a saber reconocer la singularidad de esta investigación?
En esa empresa estamos embarcados, a partes iguales, tanto los arqueólogos como los medios de comunicación. Los investigadores debemos hacer ese esfuerzo de comunicar a la sociedad una composición de lugar de lo que hemos hallado.
¿Cuántos años de interpretación de estas tablillas quedan por delante?
No estamos ante una noticia de prensa que se consume en un día. No es sólo un titular. La explotación científica y social de este conjunto no termina con una presentación, sino que los estudios que se harán en cada una de las temáticas representadas generarán, durante años, más repercusión.