- En la votación han faltado los representantes de los ciudadanos serbios
- Serbia rechaza la secesión y promete ayudas a sus civiles para permanecer en la región
- Estados Unidos y Europa reconocen el nuevo país, pero Serbia y Rusia se oponen
PRISTINA.- El sueño -o pesadilla- de la ‘Gran Serbia‘ ha perdido la sexta provincia de la antigua Yugoslavia, Kosovo. Dos años después de la muerte del líder serbio Slobodan Milosevic, apenas queda nada de aquel país, pues esta provincia ha seguido el camino que ya recorriesen desde 1991 Eslovenia, Croacia, Macedonia, Bosnia y Montenegro.
El Parlamento de Kosovo ha proclamado la independencia de esta provincia de forma unilateral de la República Democrática de Kosovo. La barbarie vivida por albano-kosovares y serbios en la región ha acabado con la escisión de Belgrado. Las negociaciones con Serbia sobre el estatus de Kosovo “han terminado”, dijo primer ministro albano-kosovar, Hashim Thaci, para recordar que nunca hubo un atisbo de entendimiento.
“Sabemos que Kosovo es un caso especial y que no sienta ningun precedente, ya que sufrió años de conflicto y violencia, que tocó la conciencia de los paises civilizados”, expuso Thaci a los representantes de los albanokosovares, pues los serbios no acudieron a la votación.
Las celebraciones por este hito han recorrido toda la región, donde miles miles de ciudadanos albano-kosovares han tomados las calles de ciudades como Pristina, Prizren o Djakovica, entre otras, y a los que se han sumado los habitantes de países vecinos como Albania.
Sin embargo, la felicidad no ha sido completa. En el nuevo país viven algo menos de 120.000 serbios, muchos menos que en 1999, año a partir del cual se exiliaron unos 200.000 por el acoso de los extremistas albaneses, quienes vengaban en la espiral de violencia balcánica las operaciones de limpieza étnica de Milosevic.
El ministro primer ministro serbio, Vojislav Kostunica, ha calificado la separación kosovar como la “proclamación de un Estado falso” que viola el derecho internacional. Una opinión que comparte su gran aliada, Rusia. El presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, ha criticado la doble vara de medir de la Unión Europea y comparó el caso balcánico con el español con el fin de llevar el debate sobre los nacionalismos a su campo, Osetia del Sur y Georgia, esferas de influencia rusas.
Varias delegaciones de Belgrado han viajado a los núcleos de serbios en Kosovo para pedirles que permanezcan en sus hogares. A cambio, les han prometido futuras inversiones y nuevos puestos de trabajo para “confirmar así una presencia aún más intensa de Serbia en la provincia”.
El Gobierno serbio ha declarado nulos e ilegales, por si acaso, cualquier proclamación de independencia albanokosovar.
Mediación ante posibles enfrentamientos
Para evitar enfrentamientos entre las distintas comunidades kosovares, EEUU y la Unión Europea han reforzado la vigilancia de los 16.000 militares que tiene allí desplegados la OTAN. Además, el ‘viejo continente’ mandará una misión civil (Eulex Kosovo) a la zona en los próximos meses que contará con unos 2.000 expertos, entre policías, jueces y otros funcionarios, que ayudarán al Gobierno kosovar a construir un Estado de Derecho.
El objetivo de esta operación es luchar contra el crimen organizado y la corrupción, así como garantizar el funcionamiento de la Justicia, las aduanas y el mantenimiento del orden público.
Rusia, sin embargo, se opone a esta misión “ilegal” porque considera que debería contar con el apoyo de una nueva resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. La “acción común” en la que se basa el mandato de la misión precisa que las autoridades de Kosovo son “las creadas sobre la base de la resolución 1.244 del Consejo de Seguridad de la ONU”, sin ninguna referencia a un estado independiente.