Euskera, franquismo, libro negro del euskera
In El libro negro del euskera on Julio 30, 2010 at 9:05 am
Seguramente más por inercia de costumbre que con el ánimo de mantener sentimientos ciertamente desaparecidos para siempre y que solo eran alentados por una audez minoría que ha sido vencida y ha huido de la España Nacional, todavía algunas Sociedades Cooperativas de las Provincias Vascongadas mantienen sus títulos sociales o permiten circular sus estatutos o Reglamentos redactos en el lenguaje vasco, si bien casi siempre figura unida su traducción al castellano.
Y siendo absolutamente necesario que el sentimiento Nacional y españolista se manifiesta sin dudas ni vacilaciones de género en los actos de las entidades relacionadas con el Estado, hecho éste que no pugna con el respeto que puede merecer el uso de dialectos en las relaciones familiares privadas, previo informe del Ministerio de Interior, he dispuesto lo siguiente:
1º Queda terminantemente prohibido el uso de otro idioma que no sea el castellano en los títulos, razones sociales, Estatutos o Reglamentos y en la convocatoria y celebración de Asambleas o Juntas de las entidades que dependan de este ministerio.
2º Las entidades a que afecta esta disposición procederçan a efectuar las modificaciones oportunas de los referidos nombres.
Reglamentos o Estatutos, dando cuenta de haberlo realizado al Servicio de que dependan de este Departamento, en el plazo máximo de treinta días, a contar desde la inserción de esta Orden en el “Boletín Oficial del Estado”.
Orden del Ministerio de Organización y Acción Sindical, 21 de mayo de 1938.
Fuente: El libro negro del euskera. Joan Mari Torrealdai (Ttartalo)
nombres en euskera, nombres vascos
In El libro negro del euskera on Julio 28, 2010 at 7:20 am
Debe señalarse también como origen de anomalías registrales la morbosa exacerbación de algunas provincias del sentimiento regionalista, que llevó a determinados registros buen número de nombres, que no solamente están expresados en idioma distinto al oficial castellano, sino que entrañan una significación contraria a la unidad de la patria.
Tal ocurre en las Vascongadas, por ejemplo, con los nombres de Iñaki, Kepa, Koldobika y otros que denuncian indiscutible significación separatista; debiendo consignarse, no obstante, que hay nombres que sólo en vascuence o en catalán o en otra lengua tienen expresión genuina y adecuada, como Aránzazu, Iciar, Monserrat, Begoña, etc. y que puede y deben admitirse como nombres netamente españoles, y en nada reñidos con el amor a la Patria única que es España.
La España de Franco no puede tolerar agresiones contra la unidad de su idioma ni la intromisión de nombres que pugnan con su nueva constitución política y con la doctrina del artículo 34 del mencionado Reglamento. Es preciso, por lo tanto volver al sentido tradicional en la imposición de nombres a los recién nacidos con oportunas variantes (…)
En su virtud dispongo:
Art 1º: “…En todo caso, tratándose de españoles, los nombres deberían consignarse en castellano”
Orden del Ministerio de Justicia, 18 de mayo de 1938
franquismo, nombres en euskera, nombres vascos
In El libro negro del euskera on Julio 25, 2010 at 6:18 am
No suele ser demostración de demasiado respeto el nombrar a las gentes con deformaciones semejantes pero el uso lo ha hecho, en ciertos casos, tolerable, sobre todo cuando existe una gran familiaridad, pero aún siendo así, no tengo noticia de que jamás un gitano se acercase a sitio alguno con la pretensión de que uno de sus retoños se le llamara Curro o Perico y puede afirmarse que si tal cosa hubiera ocurrido lo motivaría únicamente la ignorancia, por lo que el sacerdote velando por la devoción que se debe a los Santos y por el respeto que todos estamos obligados a tributarles hubiera convencido al gitano de la necesidad de que su hijo se llamara Francisco o Pedro aunque en la intimidad del hogar le llamaran como tuvieran por conveniente.
En el País Vascongado no sucedió así. Aquí se toleró, posiblemente en algunos casos con verdadera complacencia el que a los nuevo catecúmenos se les pusieran motes en lugar de nombres y el Peru y el Pachi, y el Chomin, y el Andima no constituyen excepciones aisladas. Puede decirse que eran casi frecuentes en Vizcaya y decimos que eran u no son porque es seguro que todos éstos alevines de víboras andan ahora dispersos por la otra vertiente del Pirineo y probablemente haciendo prsélitos entre los vascongados del sudoeste francés, lo que dudo mucho que llegue un día en que tenga que agradecérselo Francia.
(…)
Luis Antonio de Vega, “Cuando Marichu sea Mariachu”, Domingo, 24 de abril de 1938.